Un disco puede irse infiltrando hasta convertirse en una obsesión, y más cuando se utiliza a la música para convocar a una rebelión pacífica, a una revuelta mental que nos ponga en alerta acerca de lo que la tecnología hace a nuestras vidas…  y este es el llamado que hace la colombiana Ela Minus desde Brooklyn, que se perfila hacia liberar la mente, dar prioridad a los sentimientos y a las expresiones humanas antes que a los condicionamientos impuestos por los grandes corporativos.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

No son pocos los elementos más que interesantes que irradia Acts of rebellion (Domino, 2020); de entrada, por tratarse de composiciones que se acercan al deep house y al techno que han sido confeccionadas sin utilizar una sola computadora; esta joven instrumentista, compositora y productora prefiere crear sus propias máquinas, alterar sintetizadores existentes y dejar de lado a los ordenadores.

Cada acción, cada gesto en Ela Minus se muestra como un manifiesto, un pronunciamiento al respecto de su ética de trabajo y la manera en la que expresa su entendimiento del mundo. Y lo hace desde una demarcación que es uno de los núcleos creativos más importantes del mundo; Brooklyn sigue siendo un hervidero musical y radicar ahí le permite conocer las entrañas del sistema capitalista para luego realizar una crítica bien calculada y sumamente política.

Ella busca señalar distintos comportamientos y para ello se alimenta de las ideas de un teórico del cyber punk como lo es Douglas Rushkoff; tras escuchar varias veces Acts of Rebellion, uno puede coincidir con este ensayista y novelista de gran calado: “Hemos llegado a un nuevo presente pero, en vez de dar la bienvenida a este nuevo `ahora´, tendemos a sentirnos desorientados. En vez de utilizar la tecnología digital para adaptar nuestros horarios a nuestras preferencias y deseos, respondemos a los toques insistentes de nuestros artilugios digitales, como si fueran mensajes de emergencia enviados por controladores aéreos. Perseguimos el momento que nos ofrecen y olvidamos que nosotros somos los que estamos en el tiempo real y que los aparatos (y las corporaciones que están detrás de ellos) son los que nos están persiguiendo”.

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El flujo de las ideas de Rushkoff pasó de una de sus frases a titular “Let them have the internet”, muy relacionada con el documental El dilema de las redes sociales (Dir. Jeff Orlowski,2020), en el que participa el académico; Lo curioso es que en conversación con el periodista Jordi Bardají el vínculo aparece, pero con un giro: “Yo no lo he visto (ríe). Mi relación con internet ha sido una relación de amor y odio. Me fascina la tecnología y la he estudiado mucho, y precisamente llegué a este teórico porque leo mucho al respecto. Desde hace mucho tiempo, probablemente desde que empezó Facebook, empecé a sentir una desconfianza muy profunda hacia las redes sociales. Inmediatamente sentí que internet no es lo que creíamos que iba a ser. Al principio de internet todo el mundo pensaba que iba a ser una utopía donde todas las personas iban a ser iguales, y a mí eso nunca me ha parecido verdad desde que vi que Facebook se beneficia del uso que hace la gente de la plataforma, como empresa”.

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Pero que no se piense que Acts or Rebellion es un disco al que se sea complejo acceder, todo lo contrario; como ya dijimos, se basa en un sonido deep house que asimila al pop -sobre todo en sus partes vocales- y que alterna español e inglés en sus letras. De tal suerte, que esta parte del idioma también forma parte de una expresión política; no deja de ser una emigrante latinoamericana trabajando desde la ciudad que encarna al status quo.

Cierto, son muchas las ideas, pero también está la inmediatez de la música de baile, una voz gélida de mujer y la parte intimista del asunto. Y es que “El cielo no es de nadie” es de esos hits incontestables que le da una pátina de misterio a la parte pasional: “Tengo miedo de perderme… en tus ojos y no verte”.

Se trata de una pieza que sacude al cuerpo y se filtrando progresivamente en el cerebro de la escucha; su contundencia está muy ligada a otras dos canciones: “They told us it was hard, but they were wrong” y “Megapunk”, juntas abogan por la construcción de un sonido propio y de alguna manera reflejan el sonido del 2020 en la electrónica; no podrían ser más actuales.

Gabriela Jimeno, como Ela Minus, debuta con uno de los mejores álbumes del año y hace patente que sus conceptos son claros y firmes; por eso mismo dejó el famoso Berklee College of Music, donde distorsionan la música hacia una competitividad feroz, exagerado virtuosismo y egolatría. Una vez que se adentró en la escena de clubes se vinculó con Terri Lyne Carrington, quien tocará el batería con Herbie Hancock, quien la enseñó la importancia de encontrar una voz propia, más allá de la técnica.

En Acts of Rebellion hay ecos de Kraftwerk, techno y electroclash, que conviven con cierta nostalgia que se plasmó en “Tony”, en la que canta: “No seas tan moderno, bailemos como mis abuelos”. Toma distancia de un pasado emo con la banda Ratón Pérez y en “Dominique” proyecta el pulso del momento: “No he visto a nadie en dos días, me temo que he olvidado cómo hablar con alguien que no sea yo”.

Ela Minus estrena nuevo adelanto de su disco debut con “el cielo no es de nadie”