Acéptenlo, lugar donde se paren (reunión, comida, unas chelas) son cuestionados: ¿Por quién van a votar? (encuentra tu casilla más cercana)

En estas elecciones el voto dejó de ser secreto para convertirse en tema de plática, debate o discusión. Lejos de afectar la frágil democracia mexicana, la favorece.

Contrastar ideas y diversidad de opiniones nos ayuda a decidir a qué presidenciable elegiremos y a qué partido queremos apoyar. Antes esa conversación nos resultaba tabú. Decirlo era peor que hablar de las posiciones sexuales que más nos prenden…

En un país (el de nosotros, no divaguen) donde los indecisos representan un 30 por ciento, la discusión es más que indispensable. Aplaudo a los que preguntan, a aquellos que contestan con seguridad quién es su gallo y a quienes contrastan por qué su candidato es mejor que el del otro.

Es tiempo de elegir con base en las propuestas de los candidatos, no tomar una decisión por frases de Beto el Boticario (‘cuhci-cuchi’), caras de telenovela (incluida esposa de telenovela), parecidos con el Güiri-Güiri o el menos peor.

Mientras el voto siga siendo libre, por mi, ¡está de lujo que ya no sea secreto!

Hoy es el último día de campañas, ¡que aquel nos agarre confesados! Los espero en Twitter: @RodolfoZapata

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