Desde que Liam y Noel Gallagher actuaron en el Palacio de los Deportes en 1998, dejando un rastro de rasguños y mordeduras a su paso, México no había vuelto a ver a unos dragones tan feroces como los que los artífices del Britpop interpretan arriba del escenario. El par de presentaciones, que se celebraron el fin de semana pasado en el Estadio GNP Seguros, estuvo protagonizado por una mezcla de energía pura, dramatismo y una conexión visceral de la audiencia con la banda. La energía provenía de la multitud que cantaba cada palabra, y de la histórica tensión que determinó la relación entre la voz y el cerebro de Oasis. La fricción que los separó es la misma que ahora los une.
TXT:: Carlos Priego
Las actuaciones de Oasis fueron una experiencia con una dinámica cuidadosamente planificada. El show incluyó momentos de calma y baladas, con canciones como “Fade Away” y “Talk Tonight”, perfectas para que el público descansara y cantara a viva voz. El núcleo del concierto se basó en los himnos rock de medio a alto tempo como “Morning Glory” y “Rock ‘n’ Roll Star”, que mantuvieron una energía constante. Para el gran final, la banda optó por una explosión de energía con los temas más icónicos, incluyendo “Wonderwall”, “Don’t Look Back in Anger” y, para culminar, la épica “Champagne Supernova”. En resumen, el setlist fue una montaña rusa de emociones que llevó a la audiencia desde la introspección hasta el éxtasis total.

Durante sus primeros 25 minutos, el concierto fue simplemente increíble. El show arrancó con “Fuckin’ in the Bushes”, estableciendo una base rítmica contundente, para dar paso al verdadero acelerón con la primera canción, “Hello”, que subió la energía de golpe para que el público entrara de lleno. Ya en “Cigarettes & Alcohol”, los hermanos se dirigieron a los fans:
—Liam: Sé que saben hacer el Poznan, los he visto. Los quiero ver otra vez.
—Noel: ¡Hola, México! El hombre que está aquí no pide mucho. No pide el Okey Dokey. Ni nada de esa mierda. O la Macarena. Para la siguiente canción nos gustaría que todos se dieran la vuelta, el mundo los está viendo.
Su número en el escenario, “Cigarettes & Alcohol”, establece la conexión visceral de Liam con la audiencia, a la vez que hace un guiño directo, con su llamado a los fans a celebrar como los aficionados del Manchester City, al público más fiel de la banda. El desempeño, lleno de su energía cruda y la de su hermano, es tan abrumadoramente potente que la mitad de la letra se perdió entre los gritos, una cantidad industrial de cerveza volando por los aires y el canto de la multitud.

Un viaje musical
Aunque es más conocido por su talento con la guitarra —explotado en brillantes canciones como “Supersonic”, “Live Forever” o “D’You Know What I Mean?”—, Noel es un músico completo y polifacético, que aportó un toque emotivo a los momentos más intensos producidos por la energía frenética de Liam. De hecho, uno de los segmentos de la noche es precisamente esa pausa íntima y emotiva que se dio cuando él tomó el centro del escenario solo con su guitarra para interpretar “Talk Tonight”, “Half the World Away” y “Little by Little”. A menudo los temas son bien recibidos, y por lo tanto una especie de momento esperado por el público. A las 9:45 comenzó un espacio de intensa conexión entre el músico y los asistentes. Destacado por las luces del escenario, las enormes pantallas mostraron a Noel. No fue tanto lo que sucedió en el escenario, sino la explosión de emoción. Se escuchó un grito masivo y poderoso que inundó el espacio, un rugido que llegó de miles de gargantas al unísono. Y Noel se dejó querer.
—Hola…
—Esta canción se llama “Talk Tonight.”
Noel Gallagher es simplemente brillante. Digo “simplemente” con conocimiento de causa, ya que se necesita mucha destreza y dedicación para brillar con luz propia al lado de un frontman tan arrollador como Liam. Afortunadamente su set fue perfecto para que la gente descansara y cantara a viva voz. “Talk Tonight” fue un momento verdaderamente mágico del concierto. El estadio se transformó en un mar de luces. Miles de celulares encendidos iluminaron el lugar desde las gradas hasta el campo, creando un impresionante cielo estrellado artificial que se extendió hasta donde alcanzó la vista.
El ingenio en el discurso de Noel es uno de sus sellos distintivos, una parte fundamental de su personalidad que se convierte en un elemento clave en los conciertos. Su humor no es grandilocuente, sino mordaz, sarcástico y directo. En medio de una pausa, con las luces enfocándolo en el centro del escenario, un ejemplo de su ingenio y su conexión con el público se hizo evidente:
—Esta próxima canción es para todos los que han venido de todas partes del mundo para ver este concierto esta noche. De un pedacito de Perú, de Argentina, de Venezuela, del jodido Canadá… no sé qué hacen aquí. De Inglaterra, de Irlanda, de Argentina… Ya lo dije. Esta se llama “Half the World Away”.

Mientras los acordes de “Little by Little” llenaron la noche, miles de almas se alzaron en un coro al unísono. La música actuó como una corriente que barrió el estadio, y la voz de cada persona se convirtió en una ola, creciendo y rompiendo en un mismo ritmo. A medida que la multitud cantó cada vez más fuerte, el estribillo se sintió como una promesa colectiva: “Little by Little, you have to give it all in all your life” (Poco a poco tienes que darlo todo en toda tu vida). Poco a poco la multitud cantó cada vez más fuerte, como si la canción no fuera solo un sonido, sino un latido compartido que los unió a todos. Este momento, y las otras canciones que lo acompañaron en el pequeño set, demostraron una progresión de energía muy intencional, un claro ejemplo de cómo el ritmo se usa para llevar a la audiencia en un viaje inolvidable.
Un humor fantástico
La historia de Oasis es el arquetipo de la rivalidad fraternal llevada al extremo, donde la envidia y el conflicto terminaron de forma destructiva. En el caso de la banda de Mánchester, la relación conflictiva terminó por “matar” al grupo. Sin embargo, lo que acapara la mayor parte de la atención hasta ahora no es una historia de muerte y rivalidad, sino una de milagro y reconciliación que desafía el relato de Caín y Abel. El Segundo Advenimiento de los hermanos Gallagher a los escenarios no es solo la continuación de su música, sino un acto que revierte la historia familiar que todos conocíamos, evitando una separación que muchos pensaban que sería eterna. Su unión es el “elixir” que cura una herida profunda y que les permitió renacer en el escenario. En este épico acto “bíblico”, Noel Gallagher cedió el frente del escenario a su hermano, cuya voz icónica se convirtió en el faro que guio este nuevo comienzo para todos los fans.
Se respiró una energía increíble, y Liam Gallagher pareció estar de un humor fantástico. Al final de la poderosa “D’You Know What I Mean?”, la banda hizo una pausa. Liam se acercó al micrófono, con una sonrisa en el rostro y mirando a la multitud:
—¡Todo bien, gente hermosa en México! ¡Manténganlo real, pacífico! Escucho que tienen montones de pajaritos ruidosos por aquí. ¿Ven a esos pajaritos?
—(Gritando y agitando los brazos como una gaviota) ¡A mí me gustan los putos pájaros grandes! Esta se llama “Stand by Me”.

Ver a Noel sonreírle a Liam o a Liam hacer un comentario afectuoso sobre su hermano es un alivio y una gran sorpresa. Este momento no solo emociona a los fans por la nostalgia, sino que también funciona como un tipo de alivio que orienta al público hacia una experiencia más positiva.
Aunque el humor de Liam y sus ocurrencias son una parte importante de su carisma, la gira ‘Live ’25’ es mucho más que eso. La segunda mitad del concierto llevó al público por una montaña rusa emocional, comenzando con el ritmo lento y épico de “D’You Know What I Mean?” y acelerando la euforia con “Stand by Me”, “Slide Away” y “Whatever” (con un fragmento de “Octopus’ Garden” de The Beatles). El setlist está cuidadosamente diseñado para crear un viaje musical dinámico, alternando entre himnos de alta energía y momentos más emotivos y melódicos. Todo culminó en un final explosivo con “Rock ‘n’ Roll Star”, dejando a la audiencia en un estado de euforia pura y con una impresión duradera de la experiencia.
La producción del espectáculo, con su atractivo toque físico, se ha convertido en un punto central y destacado de la gira. Las pantallas gigantes, que son mucho más grandes que en sus conciertos anteriores como el de Knebworth en 1996, van más allá de solo mostrar a los miembros de la banda; ahora son un verdadero espectáculo visual que asegura que incluso las personas más alejadas del escenario puedan ver claramente a los músicos y las imágenes. El show visual se centró en una estética general abstracta y psicodélica que complementa el sonido del rock and roll de Oasis. En canciones como “Rock ‘n’ Roll Star“, por ejemplo, las pantallas proyectaron una hipnótica mezcla de imágenes caleidoscópicas que se repitieron y se expandieron con llamativos colores como el amarillo neón y el rosa fuerte. Además, la tipografía utilizada parece cortada y pegada de diferentes fuentes, dándole ese aspecto crudo y de bricolaje tan característico de la estética punk… ¿hacen recordar la portada del Never Mind the Bollocks de los Sex Pistols?

El escenario se convirtió en el lienzo perfecto para el drama vocal que Liam Gallagher desató con su voz inconfundible. Su interpretación, siempre cargada de una energía cruda y conmovedora, se complementó a la perfección con la inesperada precisión de su hermano Noel, quien logró inyectar sorpresas en la lectura de sus líneas de una manera que solo él supo hacer. Cada verso, cada nota, no fueron un simple acto de interpretación, sino el resultado de una imaginación impregnada de cristales de Swarovski, una fuerza creativa tan brillante y afilada como un diamante. Su actuación no fue solo música; fue un espectáculo de resplandor y tensión, donde el conflicto fraterno se manifestó como una energía eléctrica que pulió las asperezas de su talento en facetas deslumbrantes, convirtiendo cada tema en un evento tan caótico como fascinante.
Resplandor de un momento
La gira Oasis Live ’25 demostró que, aunque han mejorado y modernizado sus presentaciones, la magia de Oasis siempre ha estado en la autenticidad y el caos, y eso es lo que el público sigue amando. El encore del concierto está diseñado como una espiral de sentimientos que suben y bajan, con una velocidad que inició con “The Masterplan” y “Don’t Look Back in Anger” y se elevó progresivamente de hacia el clímax de “Wonderwall” para después descender en el grandioso y épico cierre con “Champagne Supernova”. La oportunidad de ver a dos genios del britpop enfrentarse durante un par de horas justifica con creces el esfuerzo.
El final de “Champagne Supernova” se desvaneció en el aire y una melancolía se elevó sobre la multitud. En ese momento, las luces del escenario dejaron de ser solo focos; se convirtieron en ríos de energía que se dispararon hacia la oscuridad, trazos de luz que dibujaron la última respiración de la canción. Y en ese clímax, llegó la catarsis visual. El cielo estalló. Una explosión de fuegos artificiales, un torrente de estrellas fugaces y polvo de oro que no solo iluminó, sino que le dio un rostro a la supernova de la que habla la melodía. La gira Oasis Live ’25 no es la continuación de un mito, sino la reafirmación de su esencia. Es la simple magia de la autenticidad y es el caos de los hermanos lo que el público sigue amando, y eso es lo que se llevan consigo mucho después de que la explosión estelar se apaga.








