Mucho se ha dicho ya sobre el menoscabo contra el cómic y su posterior resurgimiento como forma de arte y lenguaje que ha llamado la atención de distintos grupos o sectores: académicos, publicistas, artistas, autodidactas, entre otros. Este texto abona un poco a esta tendencia optimista respecto al lenguaje del cómic, apuntando una posibilidad más en cuanto a sus formas de creación y el sentido de las narrativas que lo conforman. Nos referimos al uso del cómic como herramienta para la investigación…

TXT:: Israel Morales Nava

Habrá que diferenciar al cómic como objeto de investigación (se lee una o varias obras con el fin de identificar algunas categorías para nuestra indagación), del lector de cómic como sujeto de investigación (preguntarnos qué interpretan los receptores a partir de ciertas historietas), y del cómic como instrumento para suscitar la información que nos ayudará a avanzar en nuestra exploración (similar al uso de entrevistas, encuestas, pruebas, grupos focales, etc.).

Quizá este último aspecto sea el menos analizado y en el que nos centraremos en esta ocasión. Para ello, echaremos mano de un ejemplo concreto que nos ayude en nuestras reflexiones:

Del 2014 al 2016, hice una investigación atravesada por distintos cuestionamientos en torno al género como constructo social. Tras algunos quebraderos de cabeza, la pregunta que terminó por orientar totalmente esta pesquisa se resume así: “¿de qué forma(s), podemos apropiarnos de las técnicas, estéticas y convenciones del cómic, para contravenir algunas representaciones de género más dominantes o hegemónicas? (para que suene con elegancia)”.

Lo primero que se logró con este planteamiento, fue complicar demasiado el asunto, pero el recorrido se tornó sumamente interesante, sobre todo al momento de echar a andar una serie de procesos de creación de cómics con las personas que colaboraron en este trabajo, quienes en su mayoría sólo estaban familiarizadas con este tipo de narrativas como lectores esporádicos y, con el paso del tiempo, se transformaron en productores/creadores de narrativas comicográficas de aportaciones muy sugestivas para los hallazgos que íbamos exponiendo y dialogando en todo el proceso.

La producción de historietas en todo este proceso fue vasta, muy dinámica e interactiva, dando como resultado un cúmulo significativo de narrativas, dibujos, estilos y significados muy variados. El siguiente paso sería resolver cómo organizar y (re)construir un sentido que fuese lo más fiel posible a las intenciones de cada autor y que nos guiara en la conformación de un texto más formal y que permitiera elaborar conclusiones pertinentes.

Por supuesto, cada una de las fases de investigación era compleja en sí misma y no es la intención enumerarlas aquí. Pero si existe la curiosidad suficiente, sólo hay que visitar la versión digital de la investigación para conocerla más a fondo o, al menos, para apreciar las imágenes y narrativas en los cómics creados durante aquel tiempo.

el-comic-como-vehiculo-de-construccion-del-conocimiento

Otro detalle a resolver fue cómo transmitir todo lo creado, analizado y reflexionado sin traicionar la importancia del lenguaje del cómic que pretendía resaltar. En la mayoría investigaciones, se decide por traducir todo a un lenguaje plenamente literario, y si acaso se incluyen imágenes, son para ilustrar lo que las letras ya resuelven de forma magistral. Así pues, decidí desarrollar algunas reflexiones en lenguaje comicográfico, haciendo necesario leer tanto las partes literarias como las historietas para acceder de forma integral a la información de ese gran relato investigativo.

El resultado podría interpretarse como un logro interesante, como un rompecabezas que no termina de embonar, como una serie de narrativas interconectadas entre sí, como una forma distinta de cuestionarse acerca de cómo nos constituimos como sujetos (de género, en este caso), un mero desvarío que no lleva a ninguna respuesta, o todo eso a la vez.

El punto es que todo este proceso permitió integrar esta estrategia de creación/descubrimiento para la construcción de conocimientos en otros procesos formativos, en temporadas y localizaciones distintas, con estudiantes de temas en ciencias, tecnología y sociedad, tanto para, por ejemplo, fortalecer los procesos de enseñanza-aprendizaje en tópicos de tecnologías digitales, o para dinamizar reflexiones en torno a la importancia del posicionamiento ético y afectivo en cualquier tipo de incidencia social.

Quizá, al colocar a la persona (estudiante, participante, etc,) en un papel activo de creación-investigación-aprendizaje, se ve en la necesidad de ponerse en juego a sí mismo en su propio proceso de descubrimiento y construcción del conocimiento. Sus formas de leer los textos, sus formas de narrar y trazar dibujos, sus maneras de reorganizar la información y delinearla con sus propias manos, le ubica en una posición dinámica que incluso, en sus palabras, es gratificante y emocionante a la vez.

De esta forma, el cómic (autoproducido) se presenta como un vehículo de exploración, tanto personal como contextual o, inclusive, teórico-metodológica, capaz de llevarnos por recorridos poco convencionales, dislocando el lugar privilegiado del investigador como “entidad experta” en la construcción de saberes, e integrándole, más bien, en una red de interacciones sociales y creativas, donde se ponen en juego las subjetividades, las categorizaciones académicas y las múltiples visiones, desde las más íntimas hasta las más convencionales, del mundo.

el-comic-como-vehiculo-de-construccion-del-conocimiento