Bajo el manto del bajo de Geddy Lee y la guitarra de Alex Lifeson pero, sobre todo, la batería del extraordinario Neil Peart, “Tom Sawyer”, de la banda canadiense Rush, cuenta la historia de un guerrero moderno que busca la forma de defender su identidad. El sencillo que se aparece en el álbum Moving Pictures (1981), fue a la postre, la simbiosis perfecta entre el rock progresivo y el hard rock, y supuso un paso importantísimo en la carrera internacional de este trío. La canción emana no solo un ritmo electrizante, sino un aroma específico que se desprende al escucharla, muy similar al tempo que las letras de José Bernal (Ciudad de México, 1989) imprime a las palabras de su más reciente novela, El cine de Caín (Editorial Gato Blanco), una historia fratricida que se desarrolla cerca de la frontera sur, pero que pudiera tener como sede cualquier lugar de nuestro lastimado territorio nacional.
TXT:: Juan Pablo Martínez Cajiga
José Bernal, nos lleva de la mano a través de un lenguaje crudo a conocer las raíces de un lacerado entorno familiar. Los orígenes de una educación cortada con un patrón hecho de herencias violentas y machismos duraderos van creciendo en esta novela dividida en dos partes con voces narrativas enfrentadas: las voces de Baltazar y su hermano menor, “el Tecolote”, y que a través de las páginas van dándole cierto matiz (o alguna razón) a la semilla de violencia que ha brotado en su interior. Las motivaciones de cada uno de ellos son originadas en el mismo seno de la familia Del Millar, una especie de clan muy macondiano –en una versión bizarra– que nos entrega frutos de árboles que crecen de forma asimétrica, lastimados por un círculo lleno de silencios e intereses que se han enraizado de forma cruenta dentro de un pueblo que limita en todos sus puntos cardinales con sus propias carencias.
Los personajes desarrollados nos muestran las miserias surgidas de un periodo donde lo único que los entrelaza es la coincidencia de un mismo tiempo y un mismo lugar, mas no la misma ascendencia que los divide. La novela, además, viene aderezada por una banda sonora sugerida por el mismo autor y llena de epígrafes alusivos a esta lista de canciones, sumado a varios guiños de películas (que hay que ver), y nos transporta de manera ágil a un ambiente cargado de atmósferas densas en contenido y escenarios salpicados de sangre, que corren a la par de la velocidad con que la trama de esta historia se consume en su lectura.
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