1:8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor; el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

Un texto de Juan Carlos Hidalgo

Foto de portada por Steve Double

Y la voz que debe surgir será grave y profunda. La de un hombre en plena madurez que se enfrenta a la desolación. En julio de 2015 vino la muerte y lo miró a los ojos. Él tenía 58 años cuando Arthur –uno de sus hijos gemelos– se arrojó de un acantilado de más de 20 metros de altura. El chico murió y la familia quedó desolada.

Nicholas Edward Cave –el hombre detrás del artista– se aferró a su esposa –Susie Bick– y su hijo sobreviviente –Earle–. Era imposible paliar el dolor. Tantos años haciendo canciones que sobrevolaban distintas formas de la muerte y en aquel instante la tenía revoloteando a su alrededor. El Alfa y el Omega a la mitad de la vida.

No parece un dato menor que poco después se supiera que el adolescente había consumido una fuerte dosis de LSD. El amigo que lo acompañaba comentó que no encontraron información sobre la faceta oscura de esa droga. Arthur se puso violento y perdió el control. Nick no encontró otra salida que concentrarse en la composición de nuevas canciones.

Se encontraba a la mitad de lo que sería su álbum número 16. Skeleton tree (2016) se reencauzó para filtrar la tragedia con mucha gallardía. Dave Simpson, crítico de The Guardian, apuntó: “Hay belleza, empatía y amor que giran entre el adormecimiento desconcertado y la desgarradora profundidad“.

Foto por Ingvar Kenne

1:17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último.

¿Por qué es importante y trascendente Nick Cave? Se dice que sus letras están hechas “con trazos de sangre, azufre y corazón”. Y esto es una verdad incontrovertible. Post punk. Blues ponzoñoso. Música chirriante. Elegías religiosas. Todo se entrevera en los rituales musicalizados por uno de los sumos sacerdotes del rock contemporáneo, aunque su sonido sea huidizo, desconcertante y retador. Poesía embriagada de pasión y muerte; fascinación por la maldad humana y el crimen; búsqueda de epifanías convertidas en canción. Un crooner trásfuga elevando una oración por las pulsiones humanas; un intérprete que cimbra con la fuerza de un terremoto.

Mucho puede decirse de un prolongador de la estirpe de Baudelaire, pero nadie mejor que él para describir su arte mayor a partir de la ayuda que solicita a las musas una vez que se encuentra sobre el escenario y las luces están por encenderse: “Calíope, que ayuda con las baladas épicas; Euterpe, que ayuda con las canciones tristes; Erato, que ayuda con las canciones confesionales; Clío, que ayuda con los temas antiguos; Melpómene, que ayuda con las piezas supertrágicas; Polimnia, que ayuda con las canciones religiosas; Tersícore, que ayuda con los temas bailables; Talía, que ayuda con las canciones divertidas; y Urania, que ayuda cuando la cosa se pone sideral y psicodélica”.

1:18 Mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

El pequeño pueblo de Warracknabeal (en el estado australiano de Victoria) no le fue el mejor lugar para crecer, y aunque cantaba en el coro de la catedral de Wangaratta, perteneciente a la Iglesia anglicana, tuvo muchos problemas en la escuela y lo tuvieron que enviar a un colegio en Melbourne durante 1970. Meses después su familia habría de alcanzarlo. Su padre era profesor de literatura y su madre bibliotecaria. Cuando arribaron a la ciudad lo encontraron siendo parte una vez más del coro y tocando el piano.

Luego estudió pintura, armó su primera banda y comenzó a consumir heroína. Cuando tenía 19 años murió su padre en un accidente automovilístico, para ese entonces ya había conocido a Mick Harvey (quien lo acompañaría por muchos años) y juntos hacían versiones chatarreras de Bowie, Lou Reed, Alice Cooper y Roxy Music. En 1977 deciden dejar la escuela y componer temas originales adoptando el nombre de The Boys Next Door. Aquello duró tres años y le sirvió para ir probando las partes de ruido y su capacidad como histrión.

A partir de 1980 crean The Birthday Party y se fueron primero a Londres y luego a Berlín. Aquí comienza propiamente la leyenda de Nick Cave y son firmados por el mítico sello 4AD (luego pasaría a Mute). Se van abriendo camino gracias a los estruendosos conciertos que ofrecen, pero el proyecto termina mal debido a una maraña de alcohol y drogas. Incluso cuenta que una cicatriz en su rostro se debe a un tajo que le dio su pareja de entonces, Anita Lane. Esa primera “fiesta” finaliza en 1984.

2:4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.

From Her to Eternity (1984) fue un inmejorable debut para Nick Cave & The Bad Seeds y contó con una alineación legendaria: Blixa Bargeld (de Einstürzende Neubauten) estaba en la guitarra; mientras que del bajo se encargó Barry Adamson (que también haría carrera solo). El australiano Hugo Race sumaba otra guitarra. Anita Lane deja algunas letras como legado, pero la relación finaliza y posteriormente se involucra con Elisabeth Recker.

La banda se convierte en insignia del Berlín retratado en la obra maestra de Wim Wenders, Las alas del deseo (87) (en la que aparecen tocando). Aquel periodo se extiende por cuatro álbumes más: The Firstborn Is Dead (85), Kicking Against the Pricks (86), Your Funeral… My Trial (86) y Tender Prey (88). El poder narrativo de Cave se va desarrollando y es palpable no sólo en las piezas sino en su primera novela: Y el asno vio al ángel (1989).

Ese mismo año cae el muro y Nick deja Berlín Oeste para instalarse en Sao Paulo, Brasil. Buscaba un cambio radical que se plasmó en una nueva relación; con Viviane Carneiro tendría un hijo llamado Luke (nacido en 1991, mismo año en que nació también Jethro, que tuvo con Beau Lazenby en Australia). La estancia paulista entrega uno de sus trabajos más memorables y logrados: The Good Son (1990) –menos ruido y furia y más intimista y reposado–.

Prosigue con Henry’s dream (1992) y al año siguiente deja Brasil. Se instala en Inglaterra, registra en disco la gira y prepara Let Love In (1994), que le trae la consolidación –crítica y público lo aclaman con unanimidad–. El fantasma de la heroína lo sigue acompañando por estudios de grabación y escenarios –su vida se torna más turbulenta–. Por fortuna, desde entonces lo acompaña su paisano Warren Ellis (también de Vitoria), quien se convierte en su cómplice artístico y amigo incondicional hasta la fecha (su aporte con los instrumentos de cuerda es esencial).

Foto por Steve Double

3:16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

La colección que ausculta el instinto criminal, Murder Ballads (1996), se convierte en una obra de culto inmediato y su concepción misma le trae romances con PJ Harvey y Kylie Minogue –que sumaron sus voces–. Su magnetismo interpretativo se potencia, sus imágenes se hacen más sofisticadas pero precisas. Se afirman como canciones que subliman la experiencia sensible. En The Boatman’s Call(1997) decide ser más confesional que nunca y el piano se convierte en su instrumento favorito.

Pero los estragos de una vida tremendamente desordenada pasan factura. En respuesta, emprende una desintoxicación radical. Una vez limpio se casa en 1999 con Susie Bick. Entrega No More Shall We Part (2001) y luego Nocturama (2003), que implica la partida de Blixa Bargeld. Mick Harvey queda como el único miembro original de The Bad Seeds, pero no paran. Siguen con el disco doble: Abattoir Blues/The Lyre of Orpheus (2004).

6:17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?

En 2005 compila sus B-Sides & Rarities (56 canciones en tres discos), eventualmente se presenta en solitario y se reinventa a través de Grinderman (con 3 de los Bad Seeds incluidos). Le apetece exaltar su parte más áspera y rugosa. Incluso el siguiente álbum –Dig, Lazarus, dig!!! (2008)– está muy influenciado de ese tipo de sonido.

9:21 y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

En 2009, aparece en español La muerte de Bunny Munro, una novela de corte sexual y con un protagonista muy guarro, lo que años después motivaría al periodista español Adrián de Alfonso (durante la promoción del disco Push The Sky Away [2013]) para tratar de establecer el peso de la fuerza erótica y carnal en las canciones de Nick: “En contra de lo que pueda parecer, no estoy tan interesado en el sexo en sí como en sus reverberaciones. Es un poco como la violencia. Sexo y violencia son constantes en mi escritura, efectivamente, pero lo que me interesa no es tanto el acto violento en sí, sino las vibraciones que ese acto transmite. Lo que le hace hacer a la gente. En el cine se ve muy claramente. A todos nos gusta el sexo, pero dime cuántas películas tienen escenas de cama que no sean profundamente aburridas. El acto sexual debe tener un elemento de fantasía y de imaginación para motivarme, y eso, la verdad, es bastante difícil de filmar. Buscar esos puntos de tensión es lo que precisamente intento con mis canciones”.

Foto por Polly Borland

16:1 Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.

Nick Cave es un compositor prolífico; un creador con un pasado sacudido por los excesos y un hombre (residente de Brighton) que en la actualidad presume una disciplina propia de un ejecutivo (trabaja asistiendo a su oficina con rigor militar). ¿Por qué es que nos siguen atrapando sus temas? Jordi Bianciotto tiene una respuesta puntual acerca de la grandeza de lo que hace: “un engranaje de rock turbulento, alimentado de giros dramáticos con raíces en el góspel, letanías severas, enfática interpretación vocal y fondos melódicos… La fijación bíblica, el crimen y el castigo, el ojo por ojo, el diente por diente”.

19:14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

La complejidad del artista quedó plasmada en los documentales 20.000 días en la Tierra (Iain Forsyth y Jane Pollard, 2014) y One More Time With Feeling (2016), dirigido por Andrew Dominik, quien lo incluyó cantando una balada en El asesinato de Jesse James por el cobarde Bob Ford (2007).

Con los años sabemos de su gran admiración por Leonard Cohen (que marcó sus inicios) y por Johnny Cash, con quien intercambió versiones memorables propias y ajenas. Se trata pues de un artista aferrado a sus obsesiones; tras de acudir a las musas, antes de tocar convoca también a los coros ángeles, como lo cuenta en La canción de la bolsa para el mareo (su bitácora de viajes publicada en 2015): “a los serafines, que nos mantienen sexys y espontáneos; los querubines, que nos impiden hacer cosas demasiado estúpidas; los tronos, que nos mantienen fuertes y viriles… los arcángeles, que tratan con los policías, y los ángeles comunes, que nos mantienen infantiles”.

Foto por Chris Cuffaro

20:1 Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano.

Eso según el Apocalipsis… que nos señala que ese ángel maldito se llama Nick Cave.

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-Según esta entrevista, contesta lo siguiente: 

– ¿Qué es lo que más le interesa a Nick Cave de escribir sobre el sexo y la violencia?

– ¿En qué banda comenzó la leyenda de Nick Cave como músico y personalidad?

-¿En qué álbum Nick Cave haba sobre sus romances con PJ Harvey y Kylie Minogue?