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Duncan Pinhas: “Vas a vivir pobre, pero si puedes seguir lo haces; es una manera de resistir”

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El guitarrista franco-sueco Duncan Pinhas llegó a nuestro país a finales de 2021 y primero se asentó en Xalapa, donde no conocía a nadie. Él solamente había estado en la CDMX en 2015, para visitar a algunos amigos y tocar con Rogelio  Sosa. Después de unas semanas, en Xalapa conoció al artista visual Axel Calatayud (con quien hizo un álbum audiovisual) y a la bailarina Aisha Serrano, quien le propuso tocar en su espacio, una ex fábrica de jugos donde la vegetación creció, con Gibrana Cervantes

Al comenzar 2024, Pinhas se trasladó a la CDMX en donde ahora es frecuente encontrarlo en algunos de los conciertos donde tiene lugar la improvisación libre y la experimentación, principalmente. Recientemente agregó un disco más a su colección, Lontananza, una placa editada en forma física en colaboración con el violista Yunue Itzi, trabajo sutil, de lento movimiento, cercano al ambient y en donde se respiran ecos de la música de cámara, apenas un aderezo más en ese sonido de lentos vaivenes y fluir continuo.

Pinhas creció en un entorno musical y pronto comenzó a tocar la guitarra. Más tarde incorporó a su arsenal los sintetizadores. Durante un tiempo se avecindó en Suecia, donde pasó una temporada en el trabajo de hacer background music, “el lado oscuro de la música”, como él lo llama. Luego de esa experiencia se trasladó nuevamente a París y comenzó a organizar conciertos con amigos de la escuela en una vena experimental, “cosas muy ruidosas. Ese fue mi primer contacto de vivir el interior de una escena”.

Hay charlas que cuesta trabajo desarrollar, máxime cuando la pregunta no es la adecuada. Eso sucede hoy al momento de querer indagar en qué punto de su vida, el guitarrista comenzó a concebirse como un profesional de la música. El cuestionamiento le causa cierta extrañeza. “Empecé con la guitarra, pero ¿qué significa ser profesional?, ¿necesitas tener un disco, hacerle publicidad para ser reconocido? Hay diferentes maneras de decir que eres un profesional. Vas a vivir pobre, pero si puedes seguir lo haces porque es un estado, una estética, una manera de rechazar, de resistir”, comenta en un tono apacible. 

Agrega: “Hacer música fue un privilegio, el privilegio de tener tiempo sin presiones de dinero. Lo primero que logré fue obtener una residencia para hacer instalaciones sonoras con un proyecto audiovisual y tocando en directo. Eso lo hicimos por dos años, pero empezamos a ver cómo podríamos entrar a otro mundo para vivir y lo logramos. Estábamos lejos de la escena de París y ese fue el momento importante para mí, más que hacer un álbum o conciertos”. Duncan es un músico a quien no le gustan los encasillamientos, lo mismo trabaja paisajes sonoros o instalaciones, que sesiones de noise, improvisación libre o en una veta experimental. Su paleta sonora es amplia y tal vez lo define mejor aquello que no visita: la canción. 

Dice: “Lo que me gusta de los conciertos es que es un territorio virgen. Cuando toco con Piaka [Roela] y Klaus [Sour], creo que hay una onda entre guitarristas de encontrarse-confrontrarse y el pensamiento queda fuera. Es algo instintivo, un diálogo que es la música que se crea y puede durar horas. Mi manera de acercarme a la guitarra fue improvisar desde el inicio, ver qué hacer con el feedback, no aprender canciones, pero ver dónde me transporta esta serie de acordes y cómo hacer repeticiones, ponerme en trance, blues con efectos que se estiran y alargan porque cuando yo empecé, la improvisación en París era más atmosférica, se trataba de construir un trance, de ubicarse en la abstracción”.

¿Composición o improvisación?, pregunto. “Para mí —dice, el acto de crear es en el momento, cuando viene una idea, cuando toco o estoy en una colaboración, es la idea la que sigo. No estoy interesado en construir una canción de forma clásica como en la música pop. Siento que debo ir a otro lado, pero cuando tengo una idea y si ésta se desarrolla durante diez o veinte minutos, después corto para hacer una composición en el estudio, es un trabajo de edición. El álbum con Yunue es más de disfrutar la idea, de tomar lo mejor para hacer una composición, porque somos dos improvisadores con buenas ideas y el momento de la posproducción es donde se revela el potencial de una pieza”.

Añade: “Creo que cuando toco es un momento donde estoy desconectado, no sé qué pasa realmente, estoy en el espacio, en la escucha, pero no tengo idea de lo que voy a hacer el instante después sobre el instrumento. De esta manera la improvisación es para mí algo muy misterioso de la creación que está adentro de tu cuerpo, inscrito en él, en tu contacto con tu instrumento y con la escucha del otro. Eso es lo que me gusta, por eso tengo mucho respeto a esta forma de crear. Los conciertos son los momentos que provocan la intención de creación, son momentos donde voy a pensar en hacer otro estilo o dirigirme a otro lado, elegir un efecto, usar la computadora, pensar en qué tipo de sonido estoy interesado. La improvisación es la manera de decidir dónde quiero explorar y cómo encontrar ideas, la improvisación es una estética, una manera de pensar la música”.

Desde su arribo a esta ciudad, Duncan se ha integrado con facilidad a una escena que no ha dudado en abrirle espacios: Jazzorca, Sinestesia, La Tehuanita, etcétera. Si bien la escena de la improvisación libre es “poco popular” aquí y en otras partes del globo, el guitarrista destaca una diferencia fundamental: la generosidad. “Mi primer contacto con la escena mexicana fue en el Vernacular Instituto en una noche de Volta y parecía que estaba en un terreno donde la música experimental estaba ‘dirigida’ por gente como Juan José Rivas y Sergio Sánchez; luego vi que había muchas cosas. Agradezco mucho la manera en que las personas te ponen en contacto con otras, me siento tentado a querer dar de regreso lo que he recibido, porque es mucho más fácil tocar aquí, hay muchos eventos, es increíble la energía que hay en la ciudad”.  El guitarrista también menciona que el trabajo desarrollado por el sello Silencio EPI, donde apareció su álbum de música electrónica La danse des polyèdres, y que curó algunos de los conciertos para él y otros músicos, es fundamental.

En la diversidad sonora que se puede encontrar en el Bandcamp de Duncan Pinhas, hay obras insertas en una vena de exploración del paisaje (por ejemplo Naturallement sacré, compuesto para una exhibición de Duncan Pinhas que hizo junto a Giorgio Partesana, en donde borda un ambient condimentado con elementos de paisaje sonoro y grabaciones de campo), o trabajos más inclinados a una vertiente electrónica y de experimentación (Voyage initiatique, 2024, en colaboración con Yérri-Gaspar Hummel), así que no es de extrañar que en la mira futura del músico, el paisaje sea su próximo objetivo.

“Mi pasión por la exploración del paisaje es lo que me alimenta y ahora quiero colaborar con la videoasta Pamela Herz para mostrar su lado oscuro: incendios, contaminación. No se trata de embelesarse con la belleza de la naturaleza, hay que mostrar al mundo que México tiene mucha riqueza en su biodiversidad, pero está en peligro y creo que con el noise y la experimentación se trata de convertir esa belleza en su lado oscuro, porque debemos hacer ruido para tomar conciencia y ganar espacios para denunciar, gritar”, concluye Pinhas.

*Duncan Pinhas se presenta en ISO 25, al lado del baterista Ramsés Guevara, el jueves 19 de julio en Colima 225, Col. Roma. Puertas 21:00 hrs.; concierto 21:30 hrs.

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David Cortés

David Cortés

Escritor, periodista, melómano, escucha insaciable de rock mexicano y del mundo. Tiene la sospecha de que detrás de una buena canción, libro o película, siempre hay una historia de amor.

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