El día de hoy celebramos el 25 aniversario de ‘Dummy’, álbum que redefinió para siempre los parámetros de la música contemporánea.

Destacando como la obra más representativa de Portishead -su álbum debut, ni más ni menos-, este material podría definirse como una suerte de quimera sensual en la que los mundos de lo digital y lo orgánico se funden de forma absoluta.

Haciendo gala del trip hop más enervante, esta pieza nos hace pensar en una suerte de máquina ultra sensible la cual responde con perfecta fidelidad a cada una de las complexiones emotivas del receptor.

Dummy Portishead aniversario 25

Misma situación en la que, por supuesto, tiene mucho que ver esa atmósfera de absoluta sugestión -heredera de una suerte de “jazz siniestro”- que es predominante en este material.

A lo largo de los 11 temas que componen a este álbum, la voz de Beth Gibbons se destaca como un influjo hechicero el cual pareciera navegar a placer en medio de un océano forjado a partir de una serie de beats y arreglos -la ingeniería sonora desplegada por Geoff Barrow y compañía es algo fuera de este mundo- que llevan a nuevos niveles las propiedades sensoriales de la música de perfil industrial.


 

El resultado es un aparato cognitivo que funciona de forma análoga al mundo de la ensoñación.

El receptor quien se adentra por primera vez en este álbum se descubre a sí mismo hundido hasta el cuello en una laguna de placer que lo engulle de forma ralentizada.

Mismo fenómeno que irremediablemente, nos remite a aquellos mitos en los que los marineros, cansados y a punto de fenecer, se dejaban sumergir en las aguas oceánicas en compañía del dulce canto de una sirena que los acompaña durante su transición al otro mundo.