#EnMisTiempos por Arturo J. Flores

¿Te habría importado que hace una semana yo tampoco trajera una sola canción de Queen en mi celular?

¿Que también me dejé seducir por la contagiosa euforia de ver una película, pagué por mi entrada, hice más ricos a Brian May y Roger Taylor, y hasta nachos con extra queso pedí?

¿Te molestaría si te enteraras que también caí en la trampa sentimentaloide? ¿Que poquito me faltó para llorar cuando te reconcilias con tu papá? ¿Qué a punto estuve de levantarme de la butaca para entonar We are the Champions cuando la interpretas en el Live Aid?

¿Y me indigné por la manera en la que te usaron esos vampiros despreciables con los que te decidiste juntar en la parte más oscura de tu existencia?

¿Te habrías enfadado, como lo hicieron tus dueños, los que se jactan de merecer ser tus fans, porque existimos los villamelones que nos sabemos los hits, pero no podríamos aprobar el examen de admisión a la Orgullosa Fraternidad de Sesudos Conocedores de Queen?

¿Te enfadaría saber que ahora mismo, a varios días de haber visto tu película, la de Freedie Mercury, como le indiqué a la señorita de la taquilla, ya se me olvidó tu nombre de pila y nunca pude enlistar la discografía completa de tu grupo?

¿Habrías considerado un acto de alta traición que hace tres me emocionara, cuando viajé a Brasil para cubrir el Rock in Rio, y celebré la presencia de Adam Lambert junto a tus excompañeros, que me desgañitara cantando I want to break free y aplaudiera cuando Brian May nos preguntó, refiriéndose al egresado de American Idol: do you like the new boy?

¿Te puse los cuernos por eso? ¿Soy peor que Brutus? ¿Te planté el simbólico beso de Judas? ¿Me harías lo que Otelo a Desdémona?

¿Y si te cuento hace dos, en Madrid, me guarecí de los 4 grados que cortaban la respiración en un pub irlandés llamado convenientemente “James Joyce”, animado esa noche por un grupo de covers que interpretó I want it all, y desde entonces se volvió mi canción favorita de Queen, aunque paradójicamente no fue porque la escuchara con Queen, sino porque me recuerda aquel viaje? ¿Te arderías? ¿Me vendrías a jalar los pies por la noche? ¿Me obligarías a arder contigo en las llamas del infierno?

¿Te quitaría el sueño saber que la música que otros escuchan no es tu música?

¿Fue verdad que, una vez enfermo de Sida y condenado irremediablemente a morir, dijiste, “quiero dedicarme a hacer música con lo que me quede de vida”? ¿De ser así te habría causado conflicto que haya quien baile reggaetón; a ti, que tanto disfrutaste la fiesta, el sexo, la alegría, habrías celebrado que a raíz del estreno de tu biopic, la peli de Queen, las canciones de tu banda hayan sido más escuchadas que el perreo?

¿Habrías visto la música como una carrera de galgos, un absurdo concurso de popularidad?

¿Te enfadarías por lo cursi que es la película? ¿Por aquello que de hurga en tu vida personal como te resististe estoicamente a que se hiciera cuando aún respirabas? ¿O lo entenderías como lo que es: un churrazo, un culebrón rockero para arquéologosde la nostalgia? ¿Te reirías de ti mismo proyectado en pantalla obligando a Roger Taylor a sacar de lo más profundo de las gónadas el “Galileo” más agudo del mundo?

¿Te hubieras sentado a comer palomitas, tomarte un litro de azucarada Coca-Cola y disfrutar de enternecedor espectáculo de la gente, a nosotros, washeando tus canciones en la sala, aplaudiendo al final de las proyecciones?

¿Será cierto –como aparece en la movie de Queen– que en vida dijiste: “no seré una estrella de rock, sino una leyenda”?

¿Y si es cierto, como cierto es que el Diccionario de la Real Academia define leyenda como “relato basado en un hecho o un personaje reales, deformado o magnificado por la fantasía o la admiración”, entonces no deberíamos tomarnos tan en serio la de Queen, no?

¿Te importaría el mame inmamable que alrededor de tu recuerdo se ha creado, cuando justo eso, quizá, es lo que buscabas? ¿Te indignaría, insisto, que muchos que ni siquiera te conocían ni a Queen tampoco, ahora pronuncien Bohemian Rhapsdoy con británica arrogancia?

¿Te reirías de mi arrebato de Drama Queen, diciéndote: “Perdónanos, Freedie, que no sabemos lo que hicimos”?