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Draco Rosa: “Y morirás sin entender nada, y tienes que estar bien con eso”

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Draco Rosa: “Y morirás sin entender nada, y tienes que estar bien con eso”

Dialogar con Draco Rosa es como ingresar a una habitación donde el tiempo dejó de someterse. Afuera, todo corre, las tendencias, las plataformas, números que suben y bajan como si fueran la única verdad. Adentro, él respira distinto. Opera bajo otra lógica, una donde el caos no es enemigo, sino combustible, y donde la música no se explica: se atraviesa, se destila, se resiste. Su nuevo disco, Olas de luz, habita justo en ese cruce incómodo entre lo íntimo y lo cinematográfico, viajes que parecen sueños, encuentros que dejan marca, arte, sombras y una insistencia casi espiritual en lo humano.

TXT::Tim Drake

Draco profesa en lo tangible: en los libros viejos, en los discos que pesan, en la gente que es trabajadora y en las conversaciones irrepetibles. Durante la charla, se mueve entre ideas como si transitara horizontes; de la fragilidad del presente a la necesidad de aferrarse a algo real. No hay respuestas cerradas, solo intuiciones, impulsos, fragmentos de una filosofía en construcción constante. Y quizá ahí está la clave, en un mundo obsesionado con simplificarlo todo, Draco complica. No por pose, sino por supervivencia. No por pretensión, sino por necesidad. Al final, lo único que parece importarle es eso que no se puede medir. 

Tu música siempre ha tenido misterio y capas. ¿Cómo se promociona Olas de luz, un álbum complejo, en una época que exige mensajes vertiginosos y sintéticos?

Yo estoy emocionado. Estoy contento, estoy muy feliz. Este momento, me encanta, estoy muy, muy satisfecho. He llamado ya varias veces a la banda, a Héctor Castillo, que mezcló e hizo un buen trabajo, a todo el equipo, a todos los maleantes envueltos. La verdad es que hicieron un gran trabajo. Sí, se portaron mal, como nos gusta a nosotros.

draco rosa entrevista olas de luz 1

Olas de luz nace, según tus palabras, “del caos y del pulso crudo de la vida”. Después de todo lo vivido, ¿sientes que el caos sigue siendo tu mejor combustible creativo?

Bueno, sí. El caos es creatividad, el caos es permitirte tomar riesgos, el caos es un jardín, depende de cómo lo veas. Yo no creo en un caos que le hace daño a la gente, que mata porque alguien siente que tiene derecho a hacerlo. Eso no pinta nada. Pero sí creo en un caos que te mantiene creativo, donde puedes tomar riesgos. Es como decir: me voy por ahí, aunque sea un poco desconocido. Hay mucha cosa invisible, pero confío. Confío en que me toca vivir algo donde puedo hacer una contribución a la humanidad. Mira, eso vale la pena, aunque sea un granito. Te necesito, ¿verdad? Yo lo necesito también.

Tú vienes de una generación donde el álbum era un viaje completo. Vienes de esa generación donde el orden de las canciones importaba, donde el tracklist era casi siempre una narrativa. ¿Sientes que ese lenguaje se está perdiendo o simplemente está mutando en otra forma de contar historias?

Bien, todo bien. Aquí, en la vida, uno aprende que el ser hombre es un sendero de grandes sufrimientos y uno se tiene que adaptar. Por otro lado, celebro que hay una generación: la Z, la Alfa, que está buscando ese pedazo de cosas tangibles. Yo siempre recomiendo, especialmente hoy en día: si te gusta un libro, cómpralo. Cada ser humano debe tener su biblioteca. Punto. Está bien lo de la nube, lo digital, todo bien, pero no debe ser algo absoluto. Uno tiene que comprar su GLP, porque al final del día, con poco, la máquina corre y podemos escuchar música y compartir con poca energía. Aquí se va la luz mucho y le digo a la gente que no puede depender del internet ni de la electricidad, aunque el sistema diga que sí. No. Tienes que ir en contra y agarrar tus libros, toda esa sabiduría, los libros antiguos. Eso es joya, eso es vida, es agua, es oxígeno. Los libros, los discos… hay cosas que importan. Y se están dando cuenta, hay gente joven que va por ese lado, y me parece muy bonito.

El hijo mío, por ejemplo, tiene 25 años y es coleccionista. Voy a su casa y él vive en una película, en un edificio antiguo, de los años 20. Él hizo los tres videos conmigo. Y la primera vez que fui a su casa dije: “Mira, este vive en una película, entre Tarantino, entre David Lynch; está como que en el medio”. Y de vecinos se siente que hay dos o tres que se parecen a Tim Burton. Yo digo: ok, el tipo vive bien, está en lo suyo. Entonces uno va buscando su comunidad, y creo que hay mucha gente joven en esa línea. Eso no quita que, dentro de todas estas nuevas tendencias tecnológicas, hay cosas interesantes; para la medicina, incluso dentro de ese tema medio dark del transhumanismo. Nosotros, yo soy como de ese dúo, me imagino, pienso en Batman, Dark City, Dune. Me encanta, porque vengo de eso.

Vengo de las teclas negras del piano. Me gusta el minor chord. Sí, las cosas tienen una fragancia gótica. Pero eso no significa nada oscuro en el sentido literal. No tiene que ver con el diablo ni nada. Si no entiendes la oscuridad, nunca vas a encontrar la luz. Y por eso es un disco black, Olas de luz. ¿Por qué? Porque dentro de la música están las teclas negras, pero también hay mucha luz en la narrativa. Respondiendo a tu pregunta, bien, es algo que hay que manejar y no se va a ir. Tienes a Palantir con sus locuras de vigilancia, que a mí no me gustan. Yo no tengo nada que esconder, pero al mismo tiempo quiero llegar a casa y no tener una smart TV vigilándome, ni sentir que alguien está en mis asuntos. Los trapos sucios se lavan en casa, y que sea así para siempre.

El video de “Carro de heno” tiene una fuerte identidad visual. Este disco parece moverse entre algo muy íntimo y lo cinematográfico, entre heridas y paisajes. ¿Concertaste canciones o escenas emocionales para subsistir a este mundo decadente?

Claro, yo soy un hombre lleno de emociones. Si no siento, no tengo nada que decir. Yo creo que toda la música es para sentirla, no entenderla. Entenderla, realmente, causa una ruptura en lo que es la autenticidad, la espontaneidad, el sentimiento, el corazón, la intuición ancestral; no se llega a nada de eso. Porque te crees un intelectual, cuando en realidad no sabemos tres carajos. Nadie sabe nada. Aquí yo voy con el sentimiento, porque tengo fe dentro de ese gran misterio. Yo dependo de lo invisible. Eso es lo que manda. El hombre quiere mandar, y hace todo lo posible, con guerras y leyes, tratando de controlar al ser humano, pero el ser humano lo que quiere es sentir, quiere espontaneidad. Podemos entrar en el debate de que hay una gran parte de la sociedad que quiere otro tipo de orden, que le digan qué hacer, cómo estar, con quién caminar, porque se preocupan por el qué dirán. Pero aquí hay que buscar tu comunidad: gente creativa, familia. La longevidad está en la comunidad, y la comunidad uno la busca.

Por ejemplo, yo estoy aquí, y aquí hay comunidad donde apreciamos las motos, el horror, el buen café. Y el buen café nos lleva a las fincas, a la agricultura. Esa comunidad es familia: gente linda, gente que trabaja, que trabaja con las manos, que sabe de plomería, de electricidad, que construye. Es una mente dotada más allá del sistema que conocemos, el de las instituciones. Las instituciones están ahí, sí, pero no siempre por el bien del ser humano. Pero el que sabe, sabe que vivimos dentro de un sistema. No quiero entrar en política, pero hay que cuidarse.

Hoy la industria premia lo inmediato, lo viral, lo fugaz. Tú sigues entregando discos con narrativa y alma. ¿Te sientes fuera de época o exactamente donde debes estar?

Yo trato de mantenerme fiel al ser humano, al encuentro contigo; para reírnos, compartir cosas, tomarnos una cervecita, un cafecito, llorar juntos, hablar con los viejos, con los abuelos, con los nenes, estar en familia, tipo godfather, mi familia. Y dentro de eso está la comunidad. Nos tenemos que ayudar, atender nuestras cosas y apoyarnos entre todos, porque el sistema está para otra cosa. 

Después de tantos capítulos intensos en tu vida, ¿Olas de luz habla más del hombre que resiste o del artista que todavía quiere arriesgarlo todo?

Bueno, el riesgo está en vivir tu momento, aunque sea el instante auténtico, ese es su momento. Obviamente, Olas de luz… yo me veo en un viaje en agosto de 2024 con mi chica. Ahí suceden cosas, ahí encuentro. Están los caballos, está el polo, el juego del polvo, está el tenis, hay una comida, un vinito, un encuentro con Doña M en Masnou, en las afueras de Barcelona; está el monasterio, la parte gótica, Game of Thrones, está todo; El Bosco, Velázquez, Goya, el diésel, el museo, la vida, el romance. O sea, hay música. ¿Qué se vive? Sin definir demasiado, tratando, al final, de contribuir a otro ser humano para tener un buen intercambio, para, posiblemente, encontrar la plenitud en el camino. Y para eso, ese tipo de espiritualidad implica un intercambio, un intercambio de cositas. Nos contamos cosas, y algunas me las llevo hasta el último suspiro. Eso es espiritualidad. El intercambio con seres humanos, no con máquinas, ni con creencias sintéticas, ni con inteligencia artificial, ni con esa visión de 1984 o Brave mew world. Nosotros estamos aquí para apoyar lo que es ser humano.

Por eso me gusta estar aquí; porque aquí se fabrican cosas, aquí se camina, aquí hay gente que entiende que para ser hombre hay que sufrir. Porque es en ese sufrimiento donde se encuentra la luz, poco a poco. Y morirás sin entender nada, y tienes que estar bien con eso. No pasa nada. Pero en el camino, de aquí a allá, nos compartimos cositas, y lo hacemos por el bien de todos. Eso es comunidad. Eso es espiritualidad, realmente. Porque, aunque sea Marco Aurelio con Meditaciones, aunque sea Yalal ad-Din Rumi, aunque sea la Biblia… todo vale. Incluso cuando te tropiezas con un vagabundo, con un mendigo: ahí también hay sabiduría. Presta atención, porque todo el mundo camina con una joyita para darte. ¿Quién me dijo eso? Me lo encontré en la calle, ni recuerdo su nombre. Hablamos por una hora. Una conversación espectacular, de las mejores del año.

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