DON BROCO se prende fuego, se tira al abismo y aterriza en el escenario como si acabaran de ser expulsados del vientre de un transformer poseído por Fred Durst con música nueva por primera vesz en Fearless Records.
“Cellophane” no es una canción. Es un puñetazo sónico envuelto en ansiedad, existencialismo millennial y una producción quirúrgica que corta hasta el hueso. Dan Lancaster, ese alquimista moderno del ruido, mete las manos en los botones y saca oro: guitarras que rugen como si estuvieran peleando por su vida, baterías que suenan como puertas del infierno abriéndose, y una voz que se desgarra entre la euforia pop y la desesperación hardcore. Y aún así, no se siente forzado. Se siente… inevitable.
DON BROCO ha perfeccionado ese raro arte de hacerte cabecear mientras tu alma se retuerce.
Porque “Cellophane” no es solo pogo y breakdowns. No. Este track es una meditación brutal sobre la fragilidad mental. Sobre sentirse transparente, débil, roto, pero sin la valentía de decirlo. Es la voz de una generación atrapada entre el cinismo y la autoexigencia, cantando desde el fondo del vidrio empañado.
La canción es como ver a Linkin Park reencarnado en 2025 pero con esteroides de TikTok y trauma postpandémico. ¿Es eso un insulto? No. Es el mayor elogio que puedo dar. DON BROCO está canalizando esa vibra nu-metal que tantos creímos enterrada en el 2003, pero con un filo actualizado y una inteligencia emocional que ni el Chester más afilado se habría atrevido a mostrar tan cruda.
Y Fearless Records lo sabe. No firmas a una banda así para amoldarla. La firmas para soltarla como bestia hambrienta en una era donde la autenticidad se ha vuelto rara y necesaria. DON BROCO no viene a jugar. Viene a devorarte la calma.
Su gira se viene con la fuerza de un maremoto emocional. Reino Unido, Australia, Estados Unidos: prepárense. Porque si “Cellophane” es la carta de presentación, el álbum será la declaración de guerra.







