TXT: Lenin Calderón

No se necesita ir a Roma, ni ser novio de una Niña bien, para darse cuenta que en México contamos con un largo historial cinematográfico de cintas que retratan nuestra sociedad clasista, por no decir xenófoba. Tenemos cientos de melodramas con los que hemos crecido y que se han insertado ya en nuestro ADN, abriéndole paso a las telenovelas más descabelladas y fantasiosas. Pero también tenemos dramas, farsas y comedias ligeras a las que vale la pena echarles un ojo antes de dar un paseo dominical por la Alameda.

El compadre Mendoza, Dir. Fernando de Fuentes (1934).

Su contenido político la vetó por décadas. Retrata a un terrateniente que sobrevive de hacer y pedir favores a ambos bandos durante la Revolución Mexicana. Con sus acuerdos con las fuerzas gubernamentales y pactos con el ejército de Emiliano Zapata, este compadre inaugura un nuevo actor social: el traficante de influencias.

Enamorada, Dir. Emilio Fernández (1946).

Una de las cintas más representativas de la Época de Oro, es una historia de amor durante la Revolución entre un general revolucionario y una mujer rica, bella e indomable. María Félix y Pedro Armendáriz retratados por Gabriel Figueroa en secuencias inmortales, como el close-up a los ojos de “La Doña” en plena serenata.

Nosotros los pobres, Dir. Ismael Rodríguez (1948).

Un carpintero pobre, su madre paralítica y su prometida “La Chorreada”, resisten las tentaciones de una familia rica, quienes quieren “comprar” a toda costa el amor de de su sobrina “Chachita”. Personajes como La Guayaba, La Tostada y El Camello forman parte de un gran mosaico de personajes coloridos y muy melodramáticos.

Los caifanes, Dir. Juan Ibáñez (1966).

Una pareja de la clase alta se encuentra en medio de la lluvia con cuatro jóvenes de barrio. Atraídos por las costumbres y forma de hablar de la clase trabajadora, estos riquillos descubrirán cabarets, parques, funerarias, fondas y plazas en plena madrugada chilanga. Una verdadera road movie sobre la Ciudad de México y su vida nocturna en los 60.

Mecánica nacional, Dir. Luis Alcoriza (1971).

Todos los estratos de la sociedad mexicana setentera, reunidos en un mega embotellamiento. Un día entero -y su respectiva noche- en medio del exceso, la algarabía y una fiesta fuera de control. Infidelidades, adicciones, deseos reprimidos y un evidente rencor social que culminan con la indigestión mortal de Sarita García -la entonces abuela del cine nacional-.

Fe, esperanza y caridad, Dir. Alberto Bojórquez, Luis Alcoriza y Jorge Fons (1974).

Tres historias plagadas de idiosincracia mexicana. Un bestiario muy breve, que incluye personajes, lugares y situaciones representativas de nuestras creencias más arraigadas, que desmienten las tres virtudes teológicas anunciadas en el título. Habrá que darle su mérito al desenfreno, el fanatismo y la avaricia, muy mexicanos también.

Lagunilla, mi barrio, Dir. Raúl Araiza (1981).

Una historia de amor entre un anticuario de buenos modales y una tortera de carácter férreo. Como telón de fondo, uno de los sitios con más peso en el subconsciente colectivo e histórico mexicano. Villanos entrañables, apodos inolvidables y albures de primer grado, en medio de la tragicómica realidad de un lugar regido por sus propias reglas.

El callejón de los milagros, Dir. Jorge Fons (1995).

Aunque el guión es una adaptación de Vicente Leñero de una novela egipcia de 1947, la película se acomoda de forma natural en el sándwich mexicano de clases diversas y su lucha por reacomodarse. Gente que aspira a más, individuos que buscan sueños fronterizos y villanos que se alimentan de los débiles y el pasado no resuelto.

Batalla en el cielo, Dir. Carlos Reygadas (2005).

En este drama urbano -que involucra un secuestro que sale mal, un chofer traicionero, una esposa alcahueta, una prostituta y un puñado de militares y policías- la mezcolanza de clases es incluso corporal, con actores no profesionales. Sus escenas sexuales explícitas, son casi tan transgresoras como ver a Charly Montana dándose a Yuya.

Hilda, Dir. Andrés Clariond (2015).

Cuando una crisis de identidad involucra el sentido de pertenencia de clase, las cosas pueden ponerse feas. En esta comedia ligera, una señora de clase alta, sola e incomprendida por su marido, encuentra refugio en su empleada doméstica, convirtiéndola en el objeto de su amor mientras viven en una impresionante casa obra de Luis Barragán.