#SangredeMetal

Dicen por ahí que el rock está muerto. La catastrófica frase no se refiere al género en su más amplia concepción sino al rock duro, al metal. El metal está muerto, entonces. Las grandes bandas van de salida y no hay quien aparente tener la capacidad de suplirlas, dicen. Así lo consideran algunos periodistas, gente de la industria, promotores y parte del público. ¿Será cierto?

Veamos. Una de las giras más exitosas de este año fue la que realizaron en conjunto Def Leppard y Journey. Las dos son bandas que podrían ser consideradas “Hard Rock”, incluso los Leppard durante muchos años fueron catalogados como New Wave Of British Heavy Metal. Su recorrido incluyó 56 conciertos en Estados Unidos y dos en Canadá, entre mayo y octubre de este año. Los reportes oficiales indican que se vendieron poco más de 1 millón de boletos. El total de ingreso generado por concepto de taquilla fue de 97.1 millones de dólares y el promedio de asistencia, si se dividen la cantidad de personas entre la cantidad de conciertos fue de casi 18 mil personas por presentación. Es decir, la gira equivalió a llenar el Palacio de los Deportes durante 58 noches.

Cierto es que no se puede usar esa gira como único parámetro, así que se puede balancear con los siempre confiables Metallica. Los californianos siguen activos a la fecha y tienen fechas pactadas por todo Estados Unidos hasta marzo del año que viene, así que esos números aún no llegan, pero, en el verano pasado hicieron una corrida de 19 fechas por diversas ciudades de Europa. El resultado fue un impresionante promedio de 20 mil 451 boletos vendidos por fecha, lo cual se tradujo en unos 38 millones de dólares generados por concepto de taquilla.

También en el verano, Iron Maiden realizó nueve conciertos en Europa y generó poco más de 15 millones de dólares por concepto de taquilla, y en México ha agotado dos fechas ¡diez meses antes del día del show!. Se entiende que estos son grandes monstruos, que son la punta del iceberg y que podrían ser la excepción a la regla porque son ellos, la élite y no los demás los que llenan arenas y estadios, pero justo ahí está el detalle. Si lo que se pretende es que cada banda de metal o hard rock tenga esos números, entonces sí, el rock está muerto, pero si se entiende que el grueso de la escena metalera está más bien en el llamado “underground”, entonces los números no son malos tampoco.

Cuando el promotor tiene esa sensibilidad que otorgan los años y el estar conectado con la escena, los resultados pueden ser buenos. Tanto como colgar letrero de “Localidades Agotadas” para los hermanos Cavalera en el Circo Volador, con una audiencia de 2, 500 personas; o mismo caso con Moonspell, quienes tocarán para una audiencia de mil personas en el Lunario el próximo 2 de diciembre, es decir, con boletaje agotado una semana antes del concierto. También están ahí las muy saludables entradas para otros más como fueron Obituary, en el Foro Indie Rocks, Nightwish en la Arena Ciudad de México y Helloween con Kreator y Arch Enemy, en el mismo recinto.

A eso hay que sumarle el que la escena nacional sigue su ascenso, y si bien en nuestra propia tierra aún impera el malinchismo, este año han sido varias las bandas que han salido y que han tocado en lugares que van de Norteamérica a Europa, Sudamérica e incluso Asia. Sí, normalmente tocan en bares pequeños pero esa es la realidad del subterráneo, y es además el primer paso para crecer. Así pues, el metal no está muerto. Ni siquiera está moribundo. Está en proceso de cambio. Algunos de los grandes nombres, como Kiss (que por cierto tiene agendadas 100 fechas para 2019 y que vendió casi medio millón de boletos de las primeras 25 anunciadas), Deep Purple o Scorpions van encaminados a la salida, pero detrás ya están los Nightwish, Sabaton o Rammstein que, por lo menos en Europa, venden igual o incluso mejor.

El metal no ha muerto porque, además, es un género que crea identidad en el individuo, una que lo acompaña por toda la vida, que lo define y alimenta. Así pues, ¡larga vida al metal!