Días de furia. Un esbozo histórico de la escena punk de Nuevo León es un libro que documenta el movimiento punk en la región de 1988 a 2009. Su autor, Diego Armando Cavazos, guitarrista de la banda Ojo de Ajo y con décadas en la escena musical regiomontana, rescata una historia que no ha sido documentada, que se ha pasado por alto. “Me enfoqué en las problemáticas materiales propias de los hijos e hijas de la clase trabajadora; falta de equipo, falta de conocimientos musicales, falta de dinero para organizar eventos… No es un libro enfocado sólo en la música, sino en la realidad que rodeaba a las personas que participaron en la escena punk”, explica el autor.
TXT::Javier Ibarra
Antes de que el proyecto se convirtiera en un libro hecho bajo la filosofía Hazlo tú mismo (HTM), quien también ha tocado en grupos como Afterboltxebike y Brigada Roja, comenzó a desarrollar Días de furia junto a Beto Mendez de Exabrupto Records & Distro; tenían la idea de hacer un documental. “Se hicieron cinco entrevistas en vídeo, pero de eso no quedó más que la intención y la idea”, explica el autor. “Después compré un equipo de grabación y lo volví a hacer por mi cuenta, con la misma idea. Inicié las entrevistas en 2016, pero por falta de material de apoyo no pude seguir con el documental”.

Sin embargo, en la época de pandemia (2020-2023) decidió pasar las entrevistas en vídeo al papel, para que sus textos pudieran entrar dentro de la categoría de periodismo musical o periodismo de investigación. El músico de punk, de hecho, no se considera escritor y señala que no tenía la noción de cómo escribir un libro. “Compre varios libros: El estado de las cosas de Kortatu: Lucha, fiesta y guerra sucia (Roberto Herreros e Isidro López), La chica del grupo (Kim Gordon) y Nuestro grupo podría ser tu vida: Escenas del indie underground norteamericano 1981-1991 (Michael Azerrad). Al final decidí basarme en la escritura del libro de Azerrad y en 2020 comencé a transcribirlo, a darle un formato, un estilo. El 95% del documento son las voces de las y los entrevistados, solo un pequeño porcentaje son palabras mías, ya que no se trata de mis críticas, sino de la historia narrada por los mismos participantes”.
Para que este archivo se convirtiera en una publicación autónoma, Armando menciona que Fernanda Alanís Rivera (involucrada junto al autor en Incendiario, sello y distribuidora de cosas relacionadas al punk) fue clave. Ella, con ayuda de otros amigos, se encargó de hacer las correcciones y la edición. Incluso, como lo explica la editora en el libro: “es una obra necesaria que rescata una parte olvidada de la historia reciente de Nuevo León, gracias a una reconstrucción de la memoria colectiva”. Por otro lado, la publicación tiene como finalidad dar a conocer que el punk no sólo es música; también es resistencia, identidad, organización y comunidad. Diego Armando e Incendiario necesitaron de la colaboración de sellos, distros y proyectos editoriales como Discos Machete, Thrash Life Style, Decline Humano, Grillo Negro, Ediciones Rojinegras y Rabelais Editorial.

“Son mis amigos, los conozco de años y compartimos ideas políticas similares de izquierda anticapitalista”, explica Diego Armando. “Con ellos me he apoyado para la gestión económica, y en conjunto podemos hacer una red de propaganda y distribución del libro para facilitar que personas de distintas partes del país puedan adquirirlo. Toda la propaganda la hemos hecho con nuestros propios medios y la primera edición del libro se acabó rápido. Tenemos personas que ya nos han separado libros de la segunda edición”.
En la cuenta de Instagram de Incendiario, se explica que en Días de furia se “reconstruyen paso a paso las primeras manifestaciones musicales, políticas y estéticas del punk en Nuevo León”. No obstante, Diego Armando señala que escribió el libro para que personas ajenas a la cultura del punk puedan entender lo que ocurrió desde los años ochenta hasta finales de la primera década de los 2000. “El libro recorre las historias de grupos claves para el desarrollo de las subescenas: Disolución Social, Abuso, Furens, Plan 9, Cabrito Vudú, Inspector, pero también se habla de otras bandas que participaron en el proceso”, dice.

Además de la escena punk regiomontana, Diego Armando explica que Días de furia transcurre en el submundo del metal, el hardcore, el ska desde un contexto nacional e internacional; igualmente aborda las luchas políticas, el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y su influencia en la escena, la participación de las mujeres, la publicación de fanzines, el movimiento libre de drogas conocido como straight edge. Todo esto cuenta con material gráfico, fotos y flyers de la época. El autor añade que el libro refleja un movimiento juvenil que no ha desaparecido, que sigue presente con viejas y nuevas generaciones que se identifican con discos como Nuestra imagen actual de Disolución Social, que originalmente se publicó en 1993, pero que en 2025 está siendo reeditado por el sello Esos Malditos Punks.
Respecto a grupos musicales que forman parte del libro, Diego Armando señala que en ninguna parte de México o del mundo podría existir una agrupación como Cabrito Vudú, formada en 1992 y con pasado punk (Felipe Vudú, su guitarrista y vocalista, tocó la batería en Abuso, una de las primeras bandas que estuvo activa a finales de los ochenta– por las particularidades regionales de Nuevo León. Aparte, considera que grupos de la vieja escuela como Cabezas Podridas, Madriza Salvaje y Derechos Humanos tienen el sonido preciso del punk regiomontano. Otra cosa interesante, es que Días de furia llega hasta uno de los años más violentos en esa parte de México debido al narcotráfico; había operaciones militares por la pelea entre el Cártel del Golfo y Los Zetas, grupos del crimen organizado que se disputaban la región. Por lo tanto, aumentaron los homicidios y la violencia urbana.
“La historia la cuento con un hilo conductor que se fue construyendo partiendo de las entrevistas, pero curiosamente pasa de una entrevista de Rata de Días de Radio, quien cuenta que dejaron de tocar en Nuevo León por la violencia, a una anécdota personal en donde un grupo del crimen organizado llamado Policía de Apodaca asaltó con lujo de violencia una tocada en la que estaba con muchos de mis amigos. Para mí el 2008 y el 2009 fue el momento en donde hubo un bajón de eventos porque los bares donde hacíamos tocadas fueron cerrando. La inseguridad no dejaba hacer eventos”, recuerda Diego Armando. El autor explica que su trabajo termina en 2009. Por el momento, como se trata de un proyecto independiente y que se está dando a conocer poco a poco, principalmente de forma underground, la primera edición de Días de furia fue de 150 copias, pero ya se está preparando la segunda edición de 200 ejemplares. De igual forma, se han comenzado a organizar y anunciar presentaciones del libro en Monterrey, Saltillo y la Ciudad de México.

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