TXT :: Héctor Elí Murguía | FOT :: Kurt Cobain grabando en Hilversum Studios, por Michel Linssen

A mis quince años escuché decir a un tipo: “Kurt Cobain es uno de los mejores músicos de la historia”. Tal afirmación merece detenerse un momento y pensar ¿Existe en realidad alguien en la industria musical que sea mejor que otro? 

Ni Paul McCartney o Michael Jackson, ni siquiera los multifacéticos David Bowie o Prince son los mejores músicos de la historia. Mucho menos Kurt, de quien muchos también afirman que es un gran guitarrista.  

El vocalista de Nirvana es una manifestación meramente cultural. Su desinterés por hacer música tal cual, muestra de una manera perfecta, que tocaba desafinado, sucio y le importaba un bledo romperle los tímpanos a sus fanáticos con una voz cancerígena, llena de rencor, que provenía directamente de la boca del estómago. Precisamente esto encumbra la figura de Cobain, quien representó a los jóvenes inconformes de la época con el espíritu del punk, lo cual decantó en ese movimiento de Seattle llamado Grunge.

Kurt Cobain es un músico que se ha encumbrado como una figura simbólica de la sociedad más que ser uno de los mejores músicos de la historia. Él no tuvo la culpa de lo que ignoran sus fanáticos, tampoco del abandono de sus padres, ni el interés maquiavélico de su esposa Courtney Love, quien heredó sus regalías. No estaba preparado para la fama ni la quería. Fue una marioneta de su propio contexto histórico.

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FOT :: Kurt Cobain fumando, por Jesse Frohman/CORBIS OUTLINE

El lenguaje de la crítica musical podría ahorrarse la verborrea para decir que algo es grande. Los hechos justifican el legado de los artistas que, por cierto, tuvieron la suerte de encontrarse con alguna disquera que los dio a conocer a través de la distribución de su imagen

Tal vez allá afuera, en algún café de un lugar recóndito, se encuentre el mejor músico de la historia pero nunca lo conoceremos porque no hubo alguien que lo respaldara o peor aún, nunca quiso dar a conocer su trabajo por medio de las redes sociales, que ahora respaldan a los músicos que tienen la intención de publicar sus obras.  

Honestamente, no detesto a Kurt Cobain como tal; me enfada el espectro que crearon los medios de él y sobretodo, generaciones posteriores a él –como la mía- que desbarataron inclusive, sus propios anhelos. 

A 50 años de lo que hubiera sido su nacimiento, reconozco que una parte de mí se refleja en Kurt, porque no quisiera que allá afuera me conocieran por algo que ni siquiera yo me adjetivaba.  

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