Para cuando ustedes lean esto yo llevaré más de 200 días “encerrada”. Mi cabeza no puede escapar y decir “200 de 365 días es un buen”. No me gusta decir nueva normalidad, por que creo que si ya llevas encerrada más de 200 de 365 días pues… esta nueva realidad ya ni es tan nueva y más bien es otra.

TXT:: Teresa Núñez Fortoul

Sin duda, esta normalidad con la que vivimos y al parecer continuaremos viviendo, ha abierto caminos que para mí han sido inesperados o por lo menos mi cabeza no los imaginaba. Por ejemplo: las pachangas en Zoom o cualquier otra plataforma parecida, el @clubquarantine, las fiestas con Netflix, cursos en línea de todos colores y sabores o el simple hecho de que ahora la mayoría de nuestras actividades están mediadas por nuestras tecnologías digitales. Sin duda, unos escenarios extremadamente parecidos a cualquier novela de ciencia ficción.

Ahora, la ciencia no es ficción, la ficción nos alcanzó. La COVID llegó a nuestras vidas transformándolas en una realidad que parece ficción, pero tristemente no lo es. Dejamos de ver amigos, dejamos nuestras rutinas, la idea de salir a la calle resultaba difícil y preocupante. Los caminos del mundo analógico parecían prohibidos, como si fueran la entrada a un bosque embrujado con riesgos inimaginables. Sin embargo, como dicen: “cuando se cierra una puerta se abre otra”. Las puertas digitales se abrieron y… ¡Vaya que lo hicieron!

Nunca imaginé que la cuarentena llegara a mi cumpleaños, pero llegó. Afortunadamente, mis amigxs organizaron una minireunión a distancia, las llamadas virtuales llegaron y el amor que se esperaba en abrazos y besos, llegó en bytes y gigas de puro amor. Yo no realicé ninguna fiesta en Zoom pero he asistido a varias. Una manera de ir digitalmente porque no había de otra. Me resulta muy curioso que tú solitx te preparas tu botana, lo que vas a tomar y decides en qué lugar de tu casa vas a pasar un buen rato (puede ser desde tu recámara hasta la sala o el estudio). La idea es conectarse, ver a varias personas en cajitas y esperar una breve pausa para hablar y comenzar una conversación. Empezamos a depender de la velocidad de nuestro internet porque resulta bastante frustrante estar a la mitad del chisme y que tú o tus amigxs se queden pasmados. Lo que provoca que pierdas el hilo de la conversación o simplemente tengas que aguantarte y fingir que entendiste todo para no desentonar la dinámica que previamente se había formado. Debo confesar que las dinámicas a veces son difíciles, no sabes cómo comenzar el tema, o empiezan silencios incómodos con los que es difícil lidiar y la manera de socializar ahora es otra, pero todxs le jugamos al cool y le entramos al juego. He de admitir que mi socialización digital cada día se afina más, pero la analógica, no sé si se está entorpeciendo. Algo de estar mediados por una computadora, Tablet o celular me hace sentir más confianza para platicar, o quizá se deba a que estoy en mis espacios y puedo sentir la familiaridad, la tranquilidad en ellos. Todavía no decido cuál de estas explicaciones describe mejor la situación, pero mi concepción de socializar o de ir de fiesta se abrió en caminos muy digitales y divertidos.

Por otro lado, antes de que las celebraciones digitales fueran algo tan recurrente, el @clubquarantine llegó a mi vida. La idea consiste en armar una fiesta donde toque un artista y que todxs nos disfracemos y bailemos sin fin hasta cansarnos. El club fue creciendo poco a poco… en algunos momentos se rumoraba que Lady Gaga participaba o que distintas celebridades se reunían ahí. Al fin y al cabo, todos necesitábamos relajarnos, divertirnos y pensar que no estamos solxs en esto. La pandemia para muchxs fue, en algún momento, una experiencia muy solitaria, pero estos clubs digitales (por que hay de todos tipos) comenzaron a aparecer y la fiesta no paró, todo lo contrario, siguió. Por ejemplo, muchos se disfrazaban, se arreglaban para “salir” (en cámara) y una de las condiciones del club era que bailaras todo el tiempo. Si dejabas de bailar te sacaban porque la idea no era tener “una reunión formal” donde todos hablaran de sus cosas, sino que te desinhibieras y bailaras con toda libertad, que dejaras que tu cuerpo fluyera y que la sonrisa en tu cara saliera.

Después de varios días me empezaron a llegar otro tipo de anécdotas. Una amiga me contó que su hija hacía “Netflix parties”, y como buena chavo-ruca pregunté: ¿Y eso qué es? ¿De qué me están hablando? Al parecer, la Netflix party consistía en: 1) tener Netflix, 2) escoger, entre tus amigxs y tú, una serie que nadie haya visto, 3) verla al mismo tiempo, pero todos deben de estar conectados en una plataforma para ver sus reacciones. Me quedé con cara de ¡ÓRALE! Estos chamacos lo llevaron a otro nivel. Ahora son dos pantallas, un contenido compartido y reacciones en tiempo real, virtualmente hablando. Creo que en el cine pasa algo parecido, pero es solo una gran pantalla. Vaya que los caminos digitales nos llevaron a situaciones inimaginables como en las fiestas de este tipo.

Una normalidad que llegó y nos transformó. No importaba la edad, los intereses o tus gustos ahora tenias que explorar los caminos digitales para poder llegar a un lugar posiblemente imaginado o en verdad inimaginable. ¿Tú qué caminos tomaste? O ¿Cuáles esperas encontrarte? En fin… sigamos explorando el mundo digital mientras el análogo deje de ser tan preocupante.