Las primeras cifras de las audiencias televisivas del deporte, tras su reactivación en pandemia, están resultando reveladoras. La caída de espectadores de las grandes ligas en Estados Unidos (NHL, NBA, MLB) o la de la Liga española de futbol, no se explica en su totalidad por los efectos sociales de la pandemia. Un estudio de Nielsen revela que en 5 años disminuyó el número de usuarios de televisión, en general, un 15% .Cuatro cadenas televisivas estadunidenses, ABC, FOX, CBS Y NBS; han perdido entre las tres un 38% de espectadores en sus emisiones deportivas en 75 días con respecto al año 2019, según Nielsen.

El deporte era la gran esperanza publicitaria para muchos medios, se esperaba atenuase la crisis provocada por el Coronavirus.  La franja de edad entre los 18 y 49 años es la que más se aleja del televisor para ver deportes, justo la de mayor interés para las marcas comerciales.

Si el sociólogo francés del siglo XIX, Alexis Tocqueville, en su libro La Democracia en América, anunciaba que Estados Unidos iba  a dar al mundo “un espectáculo” para el cual la historia del pasado no lo había preparado, Warhol concretó el concepto con sus famosos 15 minutos de fama al alcance de todos.  El principal “opio del pueblo” post Segunda Guerra Mundial, el deporte televisado, está perdiendo adeptos por la fortaleza de la televisión personalizada, gracias al algoritmo, que tenemos en nuestro celular y nos hace protagonistas de un serial infinito. Donde las grandes cadenas televisivas pierden, YouTube. Instagram o Netflix ganan. Hace unos años Netflix declaró su poco interés en ofrecer deporte en directo por la corta vida que éste tenía. Una sola emisión y ahí acaba la cosa. La plataforma explicaba que producir una serie era más rentable, más barato, y generaba mayores visualizaciones al tener una vida más larga. La producción de un capítulo es de unos 13 millones de dólares, la cantidad que paga Sky por un partido de la Premier League. Otro impedimento es la limitación geográfica de emisión que conlleva el deporte, en cambio una serie puede ser emitida en todo el mundo. Tampoco podemos olvidar las dificultades y exigencias en infraestructuras técnicas que requiere una emisión deportiva en directo. En suma la emisión de partidos deja menos dinero. Además para sacar réditos de la “icono adicción” al deporte ya están los documentales, para Netflix o HBO, y las redes sociales de los mismos deportistas, para Instagram Facebook y Twitter.  La saturación de oferta deportiva hace tiempo se veía venir. Los clubes y federaciones, en su ambición desmedida, no han cesado de crear competiciones que han acabado por agotar al espectador. La suspensión de las Olimpiadas de Japón nos deja sin comprobar cómo esta tendencia afecta al evento deportivo rey.

Paralelamente se ha ido dando una  banalización y sobre exposición de los supuestos héroes del deporte. Hamilton voceras incoherente en redes, Lebron  sin merecer un párrafo en el nuevo disco de Jabee que sí se lo dedica a Jordan, la decadencia de Ronaldo, Messi y Brady, el box huérfano, Mc Gregor pierde combates pero va a twitt diario, jugadores de toda disciplina más pendientes de sus seguidores en Tik Tok que de su rendimiento en el campo, el ciclismo que a pesar de contar con más practicantes que nunca sigue agónico por las trampas del pasado, el tenis sin estrellas que renueven el eterno duelo Nadal vs Federer vs Djokovic, al deporte femenino se le demanda una causa más que excelencia.

Los atletas deben ser actores mientras éstos acaban en anglo telenovelas. Lloran en el campo tras una derrota, en redes son papás, parranderos, activistas y cuentan sus experiencias para inspirarnos. Cuando luego levantan otro trofeo más de un campeonato más, solo es parte del incesable show. Sin olvidar que a el desinterés paulatino por ver deporte se une la práctica generalizada de  uno viejo muy en boga hoy en día, sobrevivir.

 

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