Parce que las cosas están cambiando. Hace algunos años, la imagen era impensable: dos hombres bailando salsas, cumbias y norteñas en una fiesta familiar.

Con orgullo puedo contar que tres amigos distintos, gays obviamente, hoy salen, comen, bailan y disfrutan de su vida abiertamente al lado de su pareja.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, las personas homosexuales perciben una mayor tolerancia por parte de sus amigos y conocidos, con 82.9 por ciento; le sigue la familia con un  75.4 por ciento; y los servicios de salud con 57.7 por ciento.

Por el contrario, dice el sondeo que se realizó en 2010, los más intolerantes a las parejas homosexuales son: la policía con 42.8 por ciento y la iglesia o congregación a la que pertenecen, con 35.3%.

El caso de mis tres amigos puede que sea aislado, no quiero decir que las cosas sean color de rosa en el país. La capital se distancia en el tema del resto de los estados, donde la intolerancia y las costumbres no permiten dicha estampa.

Aún cuando hemos avanzado en el tema como sociedad, falta mucho por hacer.

Hay que dotar a las parejas homosexuales de los mismos derechos, y garantizarlos. Seguridad social, préstamos hipotecarios, matrimonios y adopción, por mencionar los básicos.

Es necesario que cada uno ponga su grano de arena: la tolerancia ya no es suficiente, hablemos de aceptación.

No es lo mismo un: “me cagas, pero te dejo ser en mi presencia” a “me da gusto que podamos convivir en la misma fiesta y que seamos felices ambos”. Piénsenlo.

Desde 1990, cuando la homosexualidad salió de la lista de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud, iniciamos un camino sin retorno hacia la aceptación como sociedad, no lo echemos a perder.

Nunca antes había tenido tanto sentido la frase… Nunca antes la encontré tan atinada… Del verdadero odio, puede nacer el amor.

Si no están promoviendo la homofobia en las redes sociales, los espero en Twitter:

@RodolfoZapata