¿Ya viste Deadly Class? A continuación te explicamos por qué es la serie más cool.

Deadly Class es, muy probablemente, el cómic más genial de los últimos años.

Este asunto se debe tanto a una serie de motivos conceptuales como artísticos.

La historia de esta historieta captura de forma sumamente fiel un contexto histórico –los ochenta- el cual no sólo evoca nostalgia, sino que también se destaca como el punto de inflexión que dejó al descubierto la naturaleza predadora de la nueva sociedad postmoderna.

Sin embargo, el acercamiento ofrecido por este cómic también cuenta con una serie de rasgos iconográficos sumamente románticos que dejan en claro la riqueza contracultural de la época.

La adaptación al formato de serie emprendida por los Hermanos Russo a partir de esta novela gráfica no sólo rescata todos y cada uno de estos elementos, sino que los lleva a una nueva dimensión.

Esto gracias a una serie de atributos que se encuentran vinculados al propio tratamiento sensorial del discurso.

Lo que sucede es que el universo proporcionado por Deadly Class es sumamente fantástico, pero también tremendamente verosímil.

Esta serie podría definirse como un auténtico viaje inmersivo que juega directamente con nuestros procesos cognitivos.

Lejos de asumirnos como meros observadores, la serie se vale de una serie de procesos perceptivos para involucrarnos directamente con cada una de las situaciones presentadas por su trama.

No es ningún secreto que un gran soundtrack es lo que hace la diferencia.

Esto debido a que la música genera un lazo emotivo singular que adentra al espectador en un contexto específico.

Durante los últimos años, múltiples producciones han competido entre sí por ver cuál es la que tiene la banda sonora más “cool”.

Deadly Class, con su magistral colección ochentera –punk, new wave, death rock, metal-, no es la excepción; sin embargo, esta producción se destaca del resto de sus coetáneas gracias a un conjunto de potencias que hacen que cada una de las canciones penetre profundamente en nuestra psique para avivar en nosotros un legítimo apetito de fiesta.

En otras palabras, los rasgos emotivos de la serie activan nuestra propia memoria sensorial.

Lejos de sumir al espectador en una contemplación pasiva, este show se destaca como un ritual iniciático el cual bombardea sin recelo a la psique del público con altas dosis de estímulos.

El resultado: una experiencia que se torna plenamente virtual.