Entre 1984 y 1995 David Bowie vivió una época complicada.  Venía de lograrlo todo (de 1971 a 1983); escapar del glam y alcanzar un status de músico de vanguardia para transformarse en estrella global. ¿Qué seguía? Al parecer, el único camino posible era caer hasta el fondo.

TXT::Emilio Revólver

La caída

Tonight se conceptualizó como Pin ups, un álbum de covers para extender un poco más la influencia positiva de su éxito previo, Let´s dance. Así fue como David Bowie contrató a Hugh Padgham, famoso entonces por producir a The Police, para tomar el impulso necesario, sin embargo en el estudio no se mostró emocionado sino distraído; tomaba decisiones a partir del I Ching como único método para huir del ensimismamiento. Finalmente un cover de los Beach Boys y una reversión de una canción compuesta para  Lust for life, cantada a dúo con Tina Turner, completaron un disco lento en su cara A, pero vibrante y colorido por la world music en la cara B.

Más motivado se mostró Bowie después, al participar en la película Absolute beginners, del cineasta Julien Temple, quien se había hecho de renombre por su filme The great rock´n´roll swindle. De hecho compuso un tema homónimo para la obra: su última gran canción de los años ochenta. De ahí brincó a otro proyecto cinematográfico, Labyrinth, y en medio del rodaje fue contactado por Bob Geldof, quien lo invitó a participar “en un evento gigante”. La aparición de Bowie en Live Aid lo mantuvo en la mirada de las multitudes, aunque por primera vez en su carrera requirió de sus viejas glorias para mantenerse a flote.

En realidad se cernía una crisis. Y algunos de sus contemporáneos la pasaban igual, o peor. Iggy Pop, por ejemplo, caía en una espiral de fracasos. Apoyándolo como lo hiciera 10 años antes, para 1986 el inglés y el de Michigan trabajaron en Blah blah blah, “un disco ¾ de Bowie”. Ante su éxito, EMI le propuso a David lanzar un nuevo LP, “sin complicaciones, siguiendo la ruta de Blah blah blah”. No obstante, el músico se complicó las cosas sacando un material en el que se mostraba poco espontáneo, complaciente con la multinacional. Never let me down, a la fecha, se considera el punto más bajo de su carrera. El Bowie generador de música propositiva parecía muerto.

 

Los signos del underground

Para salir del bloqueo creativo, David Bowie decidió volver a los sonidos que lo hicieron emocionarse por la música. Sin embargo, a Jimi Hendrix, Led Zeppelin y The Velvet Underground se adhirieron nombres frescos, como Pixies y Sonic Youth. Tin Machine fue un poco de todo eso. Y Reeves Gabrels y su guitarra serían fundamentales en esos momentos en que Bowie buscaba algo conscientemente marginal; fucked up sound, llamaba a su cacería, quizá haciendo eco a cierto primitivismo eléctrico. Una escucha concienzuda a Tin Machine demuestra lo que hay ahí: un David Bowie huyendo de sí mismo, enojado, marginal, directo y genuinamente rockero.

A EMI, no obstante, nada le interesaba el proceso de un artista en deconstrucción. El sello sentenció “no más Tin Machine” y prácticamente obligó a Bowie a contratar a Nile Rodgers, quien lo había ayudado en sus días de gloria comercial. Al saludar al flacucho inglés, Rodgers dijo: “vamos a superar Let´s dance, ¿qué dices?”; “No lo creo”, fue la llana respuesta. Black tie white noise fue un disco para renegar del pasado inmediato. Número 1 al ser lanzado debido principalmente al rumor de que en él colaboraba el guitarrista de Spiders from Mars, Mick Ronson; pero también gracias a que la banda inglesa más cool de ese año, Suede, contaba con una dupla, Bernard Butler y Brett Anderson, que en más de una forma recordaban a Bowie y Ronson. Pasada la sorpresa inicial, el disco desapareció de las listas. En el álbum se entrelazan jazz y house, y ciertamente no se parece a nada de lo hecho en los 80´s ni a la previa colaboración con Rodgers; pero tampoco se acerca al sello de Ronson ni a Tin Machine. El alienígena se las había arreglado para mutar en un nuevo ser.

The Buddha of suburbia es uno de los trabajos más menospreciados de la discografía del inglés. Tiene como elemento principal al multi instrumentista Erdal Kizilcay y fue cocinado entre amables charlas en las que aparecía un creciente interés por las bandas Underworld y Nine Inch Nails. Erróneamente valorado como sólo un soundtrack, el disco posee cortes como el track homónimo o “Untitled N. 1”, los cuales podrían entrar fácilmente en compilaciones Best of. Para entonces, la transmutación en músico underground sólo tenía por delante el reconocimiento público.

 

Outsider artist

Si bien las sesiones del Buddha… fueron apacibles, según recuerda Kizilcay, el siguiente trabajo de Bowie fue lo opuesto. En su boda con Iman, David había vuelto a entrar en contacto con Brian Eno, quien se mantenía como una de las figuras claves de la música gracias a la co producción de Achtung baby, de U2, álbum que, cabe decirlo, abrevaba del proceso de grabación de la trilogía de Berlín, echando mano incluso de los mismos Hansa Studios. De pronto, Eno y Bowie planeaban la posibilidad de hacer el disco más extremo de sus carreras. Así, 1.Outside se convirtió en un rey marginado. Un rey del submundo.

Outsider artists era el proyecto de un hospital psiquiátrico que invitaba a los enfermos a crear arte como una vía de recuperación. Con ello en mente, David Bowie entró al estudio. Por su lado, Brian Eno usó sus famosos métodos para sacar a los músicos de sus recursos usuales de ejecución. A Erdal Kizilcay le dijo: “eres un sultán árabe y quieres convencer a un hombre de casarte con su hija”; Erdal se molestó: “si quieres que toque un funk psicodélico arabesco, ¡sólo pídelo!”. Las sesiones se conformaron como happenings. Cada músico fue colocado en una esquina del estudio y Bowie en el centro hacía bocetos a carbón de ellos mientras tocaban. Grabaron así 35 horas de material que Eno pidió se lanzara en 3 discos, sin más nombre que el de David Bowie en la tapa. “Que la gente lo piense como un trabajo de arte, que cree además interés por el siguiente LP”. Las sesiones acabaron llamándose Leon, y tienen un ambiente tan sombrío y amenazador que Bowie sólo sería capaz de emular en ciertos momentos de Blackstar.

1.Outside. Marginal y surrealista. Encajó por azar con el nuevo mainstream: música ruidosa, de estética sombría y ambientes de pesadilla eran la norma para una lista de bandas como Smashing Pumpkins y los propios NIN, quienes habían tomado MTV con su estética. Si bien las ventas convirtieron al álbum en el 7º trabajo al hilo de David Bowie que no era un éxito comercial, “Hearts filthy lesson” y su rotación en televisión lo llevaron a la compañía de los “nuevos proscritos famosos”, además de abrirle las puertas a un remix que hicieron los Pet Shop Boys a “Hallo spaceboy”. Bowie estaba de vuelta en las listas y pistas de baile, como ocurriera más de una década atrás con “Modern love”. Aunque con un sonido radicalmente diferente. Se sentía franco y genuino. Casi podríamos decir que era otro artista.

Rebautizado, es así como muere el Bowie del underground. Su siguiente disco, Earthling, contaría con una gira internacional que incluso lo traería a México. En una encuesta realizada por The Sun a finales de los años 90, David Bowie fue votado como el músico más importante del siglo XX, adelante de Michael Jackson, Liam Gallagher, Bob Dylan y John Lennon. Al paso del tiempo, quedaría claro que su obra significaría, perennemente, un recorrido por la historia de la música pop, y aún en sus momentos más opacos -como en los tiempos aquí relatados, días de subsuelo y bloqueo creativo- se advertiría estimulante y capaz de ofrecernos nuevas perspectivas.

*Aquí una playlist para sonorizar los días de bloqueo creativo de David Bowie.

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