TXT: Toño Quintanar

La cámara fílmica es una suerte de microscopio psíquico. Los alcances de su mirada son capaces de penetrar más allá de los rigores de la carne para registrar fenómenos subjetivos que, de otra forma, habrían permanecido en el más invisible de los anonimatos. Por supuesto, dentro de dicho mecanismo el género negro se destaca como uno de los más complejos y profundos.

Hace un par de años -la cinta recién llegó a nuestro país este fin de semana- el director Alexandro Avnaravas le ofreció al medio fílmico una importante reflexión acerca de dicho fenómeno con Dark Crimes (2016), impresionante trabajo el cual, por momentos, nos remite a la grandeza transgresora de grandes realizadores como Stanley Kubrick o David Cronenberg.

Uno de los grandes atractivos de la cinta –que fácilmente puede traducirse en un morbo especulativo- es el regreso de Jim Carrey a la pantalla grande. A pesar de las dudas que este evento podría suscitar, todo parece indicar que aquellos demonios que durante una larga temporada incubaron en el histrión han dado frutos, ya que Carrey nos ofrece la que, muy probablemente, es la mejor y más desgarradora actuación de su carrera. Sin embargo, la potencia dramática de la cinta no recae exclusivamente en él, ya que el formidable actor húngaro-neozelandés Marton Csokas también se encarga de desplegar un potente influjo interpretativo que da pie a un interesante duelo actoral.

A lo largo de la cinta, Carrey se da la atarea de interpretar a un detective venido a menos quien, con el fin de reivindicar su carrera, retoma un antiguo y sórdido caso el cual nunca pudo ser resuelto. Por supuesto, como suele ocurrir en los thrillers de carácter criminal, esta decisión llevará a nuestro protagonista a sumergirse en un mundo lleno de negrura y autodestrucción.

La estética del filme es uno de sus aciertos más notables, ya que logra entretejer una atmósfera constantemente angustiante que parece renovar los matices más crudos del expresionismo clásico. Situación a la que se suman una serie de puestas en escena decididamente estrujantes que nos remiten sin miramientos a autores como el Marqués de Sade.

El contenido de Dark Crimes es perturbador y moralmente incorrecto. Los espectadores más sensibles no tardarán en encontrar supuestas apologías al maltrato dominante; sin embargo, es precisamente mediante la exposición de tan aberrantes asuntos que la cinta exhorta al espectador a prestar atención a aquellas violencias que yacen ocultas en lo más hondo de nuestra sociedad.