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Dantor: Un canal para sanar emociones a través del sonido

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A lo largo de mi vida he escuchado muchos proyectos musicales independientes, pero son contados los que hacen vibrar mi alma, nutriendo con sus grabaciones y presentaciones en vivo semillas y tesoros únicos que reflejan de qué están hechos. Dantor es uno de ellos. Esta banda mexicana llegó a mí con varias señales para abrazar el caos que mercurio retrógrado trajera a mi vida, invitando a refugiarme en la calma para fluir, soltar y regresar a lo que me hace feliz. 

TXT::Alejandra García Méndez

Todo empezó una mañana lluviosa de junio cuando tomaba mi agüita caliente con limón para romper el ayuno. Con taza en mano y mirando al gatito consentido de mis vecinos posado en su ventana, recibí un whatsapp para agendar una entrevista con Daniel Torres, líder del grupo y en quien recae el mayor peso del estilo y composición del ensamble. Recordé esa magia de conectar de nuevo con música recién salida del horno que tenía olvidada.

Ramé, el tercer álbum de Dantor, sirvió como pretexto para que sus autores protagonizaran una gira por Inglaterra, Portugal, España y Marruecos durante 25 días el otoño pasado. El primer track, “Buen viaje amigo”, con la batería de Hiram Gris, abre paso a la guitarra de Daniel Torres, el violín de Israel Torres; el sintetizador de Daniel Vadillo y el bajo de Aarón Cruz. Es un himno fresco de agradecimiento. Rendirle homenaje con un tema de apertura lleno de fuerza a un amigo de Daniel que murió, me parece hermoso.

Al seguir sonando los demás tracks del álbum fui encontrando en Dantor un estilo y sensibilidad valientes al navegar entre mares de jazz fusión, rock progresivo, tango y flamenco, sonoridades acompañadas de polifonías vocales poco usuales que me fueron atrapando y dejando cada vez más curiosa. ¡Cuánta magia puede expresar también la voz sin palabras! Atmósferas, calles, rostros y momentos que inspiraron a emprender recorridos a miles de kilómetros; todo entre instrumentos, maletas, pasaportes, pruebas de sonido y diferentes públicos. Quietud, movimiento, belleza y caos como el mismo significado en balinés de Ramé, el nombre del disco. Una vez que tuve a Daniel Torres enfrente, juntos ahondamos en lo dicho y más.   

Daniel, háblanos de tu origen como músico, cómo te acercas a la guitarra y defines tu estilo para crear Dantor.

Estudié música desde niño en Mazatlán, Sinaloa. Mi hermano es violinista y él fue el estímulo que despertó en mí la necesidad de comunicarme a través de la música y encontrar este canal sensible y profundo que se transmite más allá de las palabras. Pasé del canto a la guitarra clásica y perfeccioné mi sonido en la Escuela Superior de Música, escuchando a Roland Dyens, Leo Brouwer y Eduardo Martín. Empecé a jugar con afinaciones abiertas que me llevaron a explorar ritmos progresivos en un laboratorio sonoro y me fui a estudiar Musicoterapia en la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Esta formación me dio la posibilidad de entender a la música desde un canal que sana, acompaña y regula las emociones y el comportamiento a través del sonido. Ahí me di cuenta de que mi camino era encontrar mi propio estilo e identidad, más que un género en particular. Así nace Dantor.

Encuentro en su sonido esa búsqueda y exploración libre y equilibrada traducida en un alma viajera que capta, siente y condensa culturas y sonoridades.

Conocer y observar distintos escenarios de la naturaleza y regiones del mundo es fuente de inspiración para nuestro material creativo. Algunos lugares que nos han marcado se traducen en temas como “Chorinho paraty”, un tema que compuse después de la gira que tuvimos por Brasil; o “Luna de Yukón”, inspirada en las auroras boreales de Canadá; o el mismo “Ramé”, que compuse con un gesto arabesco, marroquí, español, resaltando la zona ibérica y el juego con África.

¿Qué peso le das a la voz en Dantor más allá de los propios instrumentos? 

Para mí, la voz es el principal vector que da fundamento a nuestro sonido. Utilizo una técnica vocal que se llama canto polifónico, que es la capacidad de hacer dos voces al mismo tiempo. La incluyo como textura. Mi proceso compositivo consiste en cantar mientras hago la armonía y así voy construyendo los temas. Parte de la búsqueda de Dantor radica en la línea melódica. Yo utilizo la voz sin letras en temas como “Olas altas”, “Sinestesia”, “Palestina” y “Famara”.

*La experiencia “dantorezca” en directo significa vivir un clímax con tonalidades únicas que separan del suelo por segundos. Un estado de escucha activa provocado al notar cómo los instrumentos se entretejen con las voces polifónicas en un coro apabullante. Sí, la música de Dantor merece la pena apreciarse en vivo.

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Staff

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