Dan Deacon: amigos imaginarios y una maraña eléctrica
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Existen pruebas irrefutables de que hay artistas que pueden mantener separadas sus vidas de la actividad profesional; quizá sean los menos, dado que no es sencillo que por un lado de la acera marchen tus composiciones y en el lado contrario se encuentren tu rutina diaria jugando de la mano con las experiencias y percepciones. 

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Cierto, no existen reglas definitivas en el arte y cada persona patenta su propio método de trabajo, pero es innegable que la mezcla indisoluble entre vida y arte da pie a creaciones totales absolutamente honestas y en las que no cabe la impostura.

En el caso de Dan Deacon no puede haber distingos, pues es su personalidad abrumadora junto a sus neurosis las que le dictan el rumbo de su obra. Todo en él parece ser de un altísimo alto contraste; si uno se atiene a su imagen llegaría a la conclusión de que se trata de un nerd que da clases de matemáticas o bien un ingeniero que pasa horas enteras haciendo cálculos y clavado en su computadora; pero si uno lo topa en una de sus presentaciones estaría delante de un hombre de una energía volcánica en plena erupción que detrás de alucinados sintetizadores parece querer hacer estallar el escenario entero.

El de Baltimore encarna el arquetipo de esos genios delirantes y atormentados; es un apasionado de la cultura Pop que se atrevió a debutar nombrando a un disco Spiderman of the Rings (2008) e incluir temas con los hilarantes títulos de “Pink Batman”, “Wooody Wooodpecker” y “Okie Dokie”, entre otras tantas referencias.

Dan Deacon es un amante de la acumulación de capas de sintetizadores y también de procesar su voz mediante distintos recursos. Lo mismo le interesa la electrónica chirriante que las posibilidades melódicas; si escuchamos con atención sus temas hasta patrones de la música clásica aparecen, por ello no sorprende que le hayan invitado a componer para cine (Rat Film, 2017) y Time Trial, 2018) y también para series (Well Groomed, un documental de HBO, y el corto para ESPN Films, 30 for 30).

El asunto es que permanecía en la parte media de los carteles de los festivales y pertenece al circuito de salas pequeñas gracias a esas actuaciones adrenalínicas, pero ello no le conformaba. A ello habría que sumar sus problemas de personalidad. Pero el punto de inflexión vino en 2012 cuando estando de gira leyó acerca de la “Adicción al estrés”; se le ocurrió entonces preguntar a sus músicos si él podría padecerlo y su baterista le contestó: -¿estás bromeando? Eres el claro ejemplo de ello-. Este rápido diagnóstico le caló muy hondo, aunado a una entrevista con el actor Bill Murray, en la que exaltaba las bondades de permanecer relajado ante cualquier situación –por muy extrema que parezca-.

El hecho es que Dan Deacon decidió ir a tratamiento para posteriormente dedicar 4 años a la composición de las canciones que conformarían Mystic Familiar, un álbum estrechamente ligado a su proceso clínico y en el que por vez primera se atreve a mostrar su voz sin procesamiento alguno y alejada de la maraña eléctrica que tanto le gusta. 

Sesiones de meditación, terapia psicológica y capacidad de riesgo son la triada que gira al interior del nuevo disco de Dan Deacon, del que el propio músico explica su origen:

Como muchas personas que han estado en un estado mental oscuro durante mucho tiempo, la auto compasión y pensar sin juzgar eran un reto para mí, tuve que aprender hábitos completamente nuevos desde cero. Cuando trataba de aceptar tener pensamientos positivos, no se sentían como los míos, sino como los pensamientos de otra entidad tratando de hablarme. Mientras escribía, comencé a pensar en estos pensamientos como un familiar místico (mi compañía personal supernatural) tratando de comunicarse conmigo”.

Precisamente el tema con que anticipa la llegada del disco completo, “Become a Mountain” hace evidentes sus intenciones; las estrofas alternan la voz del propio Dan para luego ceder el turno a ese Mystic familiar con el que dialoga. Las prácticas a las que ha dedicado su tiempo lo colocaron en una posición de vulnerabilidad y pureza de la que ha querido dejar testimonio; además, su música ha ido virando en la medida de otras de sus incursiones profesionales: trabajó para el NYV Ballet en la pieza The Times Are Racing (que se presentará en Chicago durante febrero) y organizó una serie de conciertos con arreglos especiales de sus piezas junto a la Orquesta Sinfónica de Baltimore.

Es inapelable que su obra ha ido en ascenso pleno; sus dos discos anteriores para Domino así lo testimonian. America (2012) y Gliss Riffer (2015) son sorprendentes, casi surrealistas y chispeantes. El asunto es que Deacon no se conforma nunca, aunque ahora enfoca su energía de otra manera; de hecho, contó: “Durante los 4 años en los que compuse las canciones que se convirtieron en Mystic Familiar, alterné entre terapia y meditación. Me sentí vulnerable y puro mientras hacía este álbum, y quería que la música lo reflejara”. A la postre una pieza como “Hypnagogic” da cuenta de todo este proceso, pero todo funciona mejor cuando acelera a la manera en que lo hace en “Sat By a Tree”, que también conocimos antes de la llegada formal del quinto álbum.

En Mystic Familiar parece que toda esa psicodelia cosmo-folk de Animal Collective es pasada por un tamiz al estilo de los momentos más pop de Moby o Sufjan Stevens. Las secuencias de sintetizador siguen ahí, no faltan los brotes electrónicos delirantes, pero tal parece que es el conjunto de canciones más terrenal que un freak como él es capaz de hacer. El sonido es más accesible, pero cuatro temas son nombrados Arp y en secuencia númerica (con todo y que tienen un título adicional). 

Los fans de este talento excéntrico no extrañarán la acumulación de sintes, pero ahora cuela algún sax ochentero inserto en esos pasajes de ciencia-ficción vintage. Dan Deacon decidió que tenía que ser su disco más emocional y trascendente y los 11 temas que lo conforman no hacen sino confirmar lo maravilloso del encontronazo entre lo experimental y el universo pop.