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El Cuarteto de Nos: “Buscamos el camino raro de hacer las cosas, complicarnos por gusto”

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El Cuarteto de Nos: “Buscamos el camino raro de hacer las cosas, complicarnos por gusto”

Veinte años es tiempo suficiente para que un disco pase al olvido o se convierta en una pieza de museo. Cuando El Cuarteto de Nos lanzó Raro, pocos anticipaban que dos décadas después una legión de adolescentes, que ni siquiera habían nacido, corearían sus himnos neuróticos como propios. Roberto Musso y compañía no tienen interés en vivir de la nostalgia ni en los autohomenajes de fórmula. La banda uruguaya decidió regresar al emblemático departamento de aquel disco para grabar una live session que demuestra su apabullante vigencia.

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Platicamos con Musso sobre el desafío constante de huir de las zonas de confort y por qué, a pesar de los años, salir de gira sigue siendo el oficio más fascinante del mundo. Además, el uruguayo nos adentra en ese fascinante metaverso que han construido junto a una comunidad de fans obsesionada con desentrañar las referencias ocultas en cada proyecto. Musso reflexiona sobre la delgada línea entre satisfacer al público y mantener la libertad creativa, demostrando que, mientras la mayoría de las bandas de su generación se acomodan en el retrovisor, El Cuarteto de Nos sigue mirando hacia adelante.

Raro cumple 20 años, pero lo interesante es que ustedes no parecen estar celebrándolo desde la nostalgia sino desde la reinvención: una live sesión filmada desde los ojos del personaje del disco. ¿Qué descubrieron de Raro al volver a meterse literalmente dentro de ese apartamento veinte años después?

No queríamos dejar pasar estos 20 años, por más que no somos una banda de festejar ni de celebrar años, cumpleaños, ni nada. Nos pareció interesante hacerlo con este álbum, que es muy emblemático. Justo los 15 años habían caído en pandemia y habíamos hecho una edición en vinilo que tampoco había tenido mucho rodaje por el tema de la pandemia misma. Entonces dije: bueno, ¿por qué no en este momento, que ya estábamos terminando un poco la presentación de Puertas?. Por un lado, hacer la live session, y por el otro, el show que está muy linkeado con ella. Y se nos ocurrió ir con todo. Como bien dices, siempre buscamos el camino raro de hacer las cosas, un camino diferente, de complicarnos por gusto. Queríamos salir del cliché de la live session en vivo, de ese formato de tener a la banda tocando en un lugar X con la misma formación de un show. Y dije: “bueno, ¿por qué no recreamos el departamento de Raro, de este personaje raro, haciéndolo todo desde su POV (punto de vista)?”. Que haya pasado el cumpleaños y que esté el Cuarteto tocando ahí, sin que nadie sepa por qué. Seguramente el Cuarteto son los únicos amigos de este tipo, es tan raro que seguramente no hubo fiesta, no hubo invitados; ha de haber sido un bodrio.

Y salió justamente eso de sacar a la banda un poco del foco, que es en parte lo que nos aburría: estar tocando con arreglos muy parecidos. Porque las canciones en sí las seguimos tocando siempre, no es una visita nostálgica; es la banda actual tocando las canciones de la misma manera como las tocamos en los shows. Pero nos interesó que el Cuarteto estuviera un poco más frío, más alejado. Yo, muchas veces sentado, que es algo que no hago habitualmente en el show, medios desganados. Pero tiene mucho que ver con todo el concepto y con todas las “cuarteto-referencias” salpicadas por todo el guion, que es lo que le da un poco la sal y pimienta a la idea.

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Raro Live Session está construida como un pequeño universo narrativo, con objetos, referencias escondidas y easter eggs. ¿Qué tanto disfrutaron jugar con la memoria del fan y qué cosas escondieron ahí que incluso alguien que conoce profundamente la historia de la banda podría pasar por alto?

Siempre pensamos eso, porque la verdad, yo siempre digo que la comunidad de fans del Cuarteto… yo no veo otra igual en ningún otro artista, es la verdad. Con tanta creatividad, tanta locura, tanta integración con el metaverso de los personajes del Cuarteto. Te inventan historias, te linkean historias de canciones que ni yo mismo me hubiera imaginado y que son inteligentísimas; es increíble, es un poco en agradecimiento a todo eso, y sabiendo el nivel intelectual y creativo de todos, sabíamos que esto les iba a gustar muchísimo, capaz que también por el hecho de sentirse identificados ellos al reconocer algo. Alguien que ve ese video no se da ni la menor cuenta de qué significa que haya una cabra ahí, o qué significa que estén las cenizas de la abuela tiradas, o que aparezcan las láminas del test de Rorschach. Para un escucha no avisado, pasa como un detalle más, pero el sentirse como único descubriéndolo es interesante. Me tuvieron que cortar las alas a mí, eh. Yo hubiera metido veinte cosas más todavía. Y lo peor es que yo estaba: “Roberto, ¡Basta, basta, basta, ya está!”.

En su perspectiva del 2026. ¿Han cambiado ustedes lo suficiente como para escuchar esas letras de otra manera, o sienten que algunas de aquellas neurosis siguen siendo exactamente las mismas?

Son canciones que yo las siento muy contemporáneas todavía, no sé si les cambiaría algo. Quizás el Roberto de hoy, por cómo estoy escribiendo las canciones, quizá le cambiaría algún detalle, alguna letra o alguna palabra si me pongo muy exquisito; pero conceptualmente cierra mucho con lo que es la propuesta del Cuarteto de hoy. “Nada es gratis en la vida” y “Hoy estoy raro” siguen siendo muy actuales. Y está todo el trabajo que hicimos con Juan Campodónico, el productor, que aparece ahí también en el video, hace que el disco suene muy fresco. Los arreglos son muy actuales.

Hablábamos con Juan el otro día y decíamos que Raro era un disco que pudo salir la semana pasada y la gente se lo podía creer muy actual. Pienso también, me voy al Roberto más jovencito, cuando era adolescente, a los 20 años, si escuchaba algo que había salido en 1950 me parecía muy exclusivo, sin embargo, hoy la brecha es mucho más corta. Importa la impresión del sonido, cómo se ha estandarizado mucho más, de modo que no parece algo que haya pasado dos décadas atrás.

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En retrospectiva, ¿qué creen que vio Campodónico en ustedes durante la grabación de Raro que quizá ustedes mismos todavía no alcanzaban a dimensionar como banda?

Yo creo que fueron muchas cosas; corrimos con la ventaja de que Juan Campodónico era fan del Cuarteto desde que era muy chico. Él conocía al Cuarteto cuando tenía trece o catorce años y le encantó siempre. Creció y tuvo la banda El Peyote Asesino, que fue una banda que tuvo bastante repercusión, y después hizo los primeros discos de Jorge Drexler, adquirió una experiencia bárbara. Lo primero que nos decía era que él veía al Cuarteto como una banda de rock. Que nosotros teníamos que tocar las guitarras, que tenían que sonar con una potencia rockera, por más que las letras estuvieran más emparentadas con un hip hop. Se trabajó mucho esa línea de un rock fuerte, de un rock serio.

Muchas veces hacíamos mezclas de géneros en los noventa que eran más parodia, o sonaban más a parodia que a otra cosa, y él decía: “No, la parodia no va más, hay que tocarlo como si estuviéramos tocando de verdad todo esto”, y realmente fue un muy buen consejo. A nivel de los arreglos también. Tenía muy claro, yo qué sé, la velocidad de una canción, si había que tocarla un poco más rápida, si tal arreglo de batería era con un ritmo al doble o a la mitad, o con más platillos o con más hi-hat. Todos esos detalles fueron sumando a que, quizás con una autoproducción nuestra, no hubiéramos llegado a ese nivel de excelencia. Seguramente no.

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¿Qué les preocupa más hoy: estar a la altura de su propio legado o evitar convertirse en una banda que vive de él?

Justamente por eso siempre hemos estado con proyectos hacia adelante. Y eso extraño que pasa con la banda de tener la mayoría del público súper joven. Joven porque nos conocen, no porque los llevan los padres, sino porque ellos mismos conocen al Cuarteto primero. Y hay mucho pibe adolescente que lleva a los padres, que le dice: papá, llévame al concierto, y el papá o la mamá conoce al Cuarteto a través de los chicos. Eso es fabuloso. Eso te lo da lo que bien dijiste: no convertirte en un auto legado o en una banda auto homenajeada.

Es lo que quizás te haga seguir en tu zona de confort, y que no puedas salir de esa burbuja. Que no está nada mal tampoco, pero el camino que a nosotros nos ha gustado es ese, el de renovarnos con canciones nuevas, a veces, puedes ir por el buen camino o no tanto, que se siguen incorporando al setlist de la banda, que sigue sonando muy contemporánea, y no quedar preso de un pasado. Sin renegar de él, no es que nosotros hayamos hecho una reversión de Raro con canciones que no tocamos hace veinte años, nada que ver; las seguimos tocando generalmente. Era como revisitarlas, pero desde la actualidad, ahí lo tenemos bien claro. Te digo, ya estoy componiendo canciones para lo que se venga. Mientras haya canciones para adelante, seguimos así. Cuando se acaben las canciones, bueno, ahí tiraremos la caña de pescar para atrás.

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¿Qué les provoca descubrir que un adolescente del 2026 puede sentirse representado por una letra que ustedes escribieron cuando ese adolescente ni siquiera había nacido?

Veo a chicos de catorce, quince años que no habían nacido y están cantando “El invierno del 92” como locos. Lo dije con mucha ironía, porque en realidad no tiene nada que ver, está perfecto que se identifiquen. Tengo a mi hija, tiene quince años ahora, entonces veo mucho el mundo a través de cómo consume música ella y todo eso. 

¿Tu hija consume al Cuarteto? ¿Le gusta, es fan?

No sé si llamarle fan; le gusta. Yo creo que está muy orgullosa. Para mí es un orgullo enorme tener la edad que tengo, tener a mi hija, y no estarle contando del grupo de rockeros, de los amigos de papá de cuando tocaba hace veinte años: “Mirá la foto, acá está papá cantando con pelo largo”, sino que me vaya ahora a ver a los shows. Nunca me lo hubiera imaginado en mi vida y me llena de orgullo. Me acompaña a los shows que puede, mi esposa también, pero a las giras es imposible porque, entre el colegio y que son muy duras, no pueden. Pero me ha acompañado, por ejemplo, a un show en Santiago de Chile, el primer show de Puertas, al que mi esposa no pudo ir y fui con ella sola. Tenía catorce ahí y divina, me estaba acompañando, le encanta la atención. Bueno, los del Cuarteto son los tíos de ella en realidad también, es espectacular. Siempre cuento una anécdota; me acordé de cuando era más chiquita. Ahí era chiquita, era una ratita chiquita, tenía cuatro o cinco años, y me dice: ay, papá, te vas de vuelta de gira, me dejas sola, haciendo escena, llorando. Yo: bueno, papá tiene que ir a trabajar. Tiene que ir de gira, tiene que trabajar. Y me dice así: ¿cantar no es un trabajo?. Y yo: claro que es un trabajo, ¿cómo no? Y ella me contesta: mira, no es un trabajo, te vas de viaje con tus amigos y cuando vuelves solo cuentas cosas lindas. 

Después de tantos años tocando canciones que el público prácticamente exige, ¿qué libertad sienten al poder romper finalmente con la lógica del “hay que tocar los hits”?

El show está muy linkeado con la live session, está muy inspirado en eso porque nos encantó, es adaptar los elementos que pasan ahí. Todo ese metaverso que te digo del Cuarteto, las “cuarteto-referencias”, un poco la ambientación lumínica y todo lo que es el departamento de “Raro“.  En cuanto al setlist, tenemos ganas de hacer en cada ciudad alguna canción diferente. Hemos construido un repertorio en el que yo creo que hay quince o veinte canciones que en total la gente espera escuchar y siempre quedan canciones afuera, sabemos que hay mucha gente que nos va a ver por primera vez y no puedes cortarle la emoción de vivir en vivo la canción con la que quizás se enamoró de la banda; y también, a la gente que nos va a ver muchas veces, ponerle cosas novedosas para que no se aburra.

Raro hablaba de personajes que intentaban descubrir quiénes eran, mientras ustedes, veinte años después, siguen preguntándose quiénes quieren ser. Si Raro fue la puerta que los llevó al Cuarteto que conocemos hoy y Puertas representa el presente, ¿qué creen que hay detrás de la próxima puerta?

Bueno, yo como siempre digo, no sé qué hay, pero no tengo miedo a golpear y pasar a ver qué hay adentro. Esa es mi respuesta.

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