¿Hay sentimiento que se compare con cantar tu canción favorita a todo pulmón?, ¿hay sentimiento que se compare con escuchar tus canciones favoritas en vivo?, ¿hay sentimiento que se compare con hacer estas dos cosas juntas?

Hay personas que aún se siguen molestando porque la gente canta sus canciones favoritas en los conciertos. Asistir a un show en vivo representa un ritual como muchos en nuestra vida: entrar a la iglesia, ver una película en el cine. Adoptamos un comportamiento según el lugar en el que nos encontremos.

¿A qué se va a un concierto si no es a cantar?

Ayer durante el concierto de Courtney Barnett se generó un ánimo por demás cálido que abrazó a la australiana en su show. En sus palabras, la de ayer en El Plaza Condesa, fue “la mejor audiencia”. Decenas de personas corearon el concierto de principio a fin, entre ellas una niña que no pasaba de los nueve años en los hombros de su padre.

Detrás de mi, un chico cantaba eufórico todas las canciones que conocía. Cuando Courtney comenzó a cantar “Depreston”, el implicado en cuestión tuvo su momento en la noche. Su canto se escuchaba tanto como la de Courtney, ella sólo se dedicó a sonreír y seguir con el tema.

¿Para qué venimos al mundo si no es para cantar nuestras canciones favoritas a todo pulmón cuando las escuchamos en vivo? Cada quien vive la experiencia estética de un acto en vivo como mejor le parezca o como está acostumbrado a hacerlo. Pero hay que saber también qué exigir de las otras personas que habitan el mismo ritual que nosotros.

Pedir que no te empujen en un concierto es como pedir que no recen en una iglesia. No hay congruencia al pedir que no canten en un concierto, si hasta en las iglesias lo hacen. A final de cuentas, que tire la primera piedra quien no haya coreado fuerte su canción favorita en vivo.

No more articles