Existen lugares que ejercen una influencia definitiva cuando alguien hace arte; la naturaleza puede colarse hasta el interior de las canciones, si es que se trata de una banda, como en el caso de Constant Smiles, residentes de la isla de Martha’s Vineyard, que pertenece al estado de Massachusetts, aunque es el mar su verdadero dueño.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Se trata de un lugar dedicado al turismo debido a sus hermosos paisajes y una belleza un tanto bucólica, estimulada por la presencia de un viejo faro -por poner un ejemplo-. Muchos son los que van a Martha’s Vineyard unos cuantos días y se marchan; quienes vive ahí se relacionan con el entorno de un modo diferente… se filtra en todo momento.

La historia de Constant Smiles tiene que ver con la existencia en la isla de una tienda de disco llamada Aboveground Records, en donde trabajaba Ben Jones -el organizador del grupo-. Tenían además un estudio donde canalizaban las inquietudes de una animada comunidad local; así fue como ganó experiencia y una extensa y dispersa discografía amateur.

Ahora se han movido a Brooklyn y fichado por el sello Sacred Bones, conocido por lanzar más bien rock rugoso y psicodélico. Apuestan por 10 canciones (más intro, interludio y outro) para conformar Paragons, que son mucho más reposadas y que transpiran ese encanto campirano y marino tan propio del sitio que ahora llevan en la memoria.

Aunque su compañía busca exaltar que acuden al dreampop, Constant Smiles más bien apela a estupendas composiciones de indie folk muy propias para el remanso y la caricia. Paragons es el tercer disco ya de su faceta profesional, tras de lanzar Lost (2018) y John Waters (2019), para la independiente Cold Moon.

La cosa comienza de la mejor manera con “Run to stay” -de lo más energético del lote- y tiene en “With death in mind”, “The Weight” y “Daisy, table for three” a sus mejores bazas. Melodías sutiles, baja velocidad y una voz casi susurrante. Aquí no hay prisas ni vorágine que valga; hay que aparcar el frenesí cotidiano y permitir ese reposo sonoro, que es como si alguien te abrazara.

Sacred Bones hizo bien en elegir a Constant Smiles, una banda que nos hace recordar a los Red House Painters, pero también a Grandaddy en sus mejores momentos, y quizá hasta a Fleet Foxes y Elliot Smith. Hay que darle la oportunidad a Paragons, y dejar que haga su labor de masajearnos el alma.

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