Rock Pesado. En este mundo donde hay decenas de subgéneros del metal y gente que discute violentamente porque no conoce un poco la historia, Rock Pesado es un término ambiguo que puede funcionar en ciertos contextos. La palabra Heavy Metal era y es usada como idea genérica sobre lo que hoy muchos llaman simplemente Metal, pero también es un subgénero, y eso provoca confusión y discusiones bizantinas. Rock Pesado no. Usemos entonces esa descripción para hablar de una banda británica que en noviembre de 2025 sacó un disco brutal que mezcla (ahí vamos con las etiquetas) Post Punk con Doom y Goth. Lleva por nombre Cold in Berlin y es sencillamente brutal.
Probablemente muchos no conocerán la referencia, y será meramente por una cuestión de edad, pero este es un disco que suena como si Jefferson Airplane agregara a la psicodelia un montón de fuzz y tonos graves, y Grace Slick con esa voz mágica y dolida que tenía fraseara más lento, más angustioso y más desgarrador. Hay momentos en Cold in Berlin con los que uno puede viajar con la memoria hacia rolas como “White Rabbit” y “Surrealistic Pillow”, aunque temas como “Hangman’s daughter” y “12 crosses” son piezas totalmente acordes al sonido del 2025. “Bueno, empecemos por la voz de Maya. Nos gusta Grace Slick. Solíamos hacer una versión de ‘Don’t you want somebody to love?’ Obviamente intentamos no describir nuestra música y, de verdad, no pensamos en ello. Simplemente escribimos lo que queremos. Y eso es lo mejor de esta banda: la libertad que transmite el Punk Rock. Pero sí que tenemos una especie de discusión pasivo-agresiva con ciertos géneros como el Doom, Krautrock, Post-Punk, Gótico. Tenemos ese tipo de discusiones latentes. Y eso es lo que añade tensión a los discos”.
En Sangre de Metal platicamos con Adam Richardson, guitarrista y fundador y Lawrence Wakefield, bajista. Adam es el primero en explicar el origen del nombre de la banda. “La historia ha cambiado mucho con los años porque me han hecho esa pregunta muchas veces. Pero hace poco me decidí por la mejor respuesta: cuando vives en Londres y todos tus amigos emigran a Berlín por esta idea de que es genial, muy barato para vivir y es el epicentro de lo cultura, se convierte en un lugar mítico en tu mente donde, ya sabes, crees que deberías estar y piensas que te estás perdiendo algo. Y luego, cuando vas, quizá no sea todo lo que pensabas, es más como una fantasía. Seguro que lo tienes en la mitología mexicana. En la mitología inglesa hay un lugar llamado Avalon, que era un sitio mítico donde todos vivían bien mientras tú estabas sumido en la miseria espiritual. Esa es mi respuesta favorita ahora mismo”.
Lawrence le puso otra pizca de sabor con su versión. “No sé qué tan bien queda el término, pero Berlín tiene mucho bagaje cultural, ¿no? Está la arquitectura, la gente que vive o vivió ahí como (David) Bowie e Iggy Pop. Hay un montón de cosas que vienen a la mente cuando piensas en Berlín y la música, el Krautrock y tantas otras cosas, así que espero que podamos recrear algunas de ellas con el nombre. Esa es mi esperanza, además de todo lo que significa ser londinense y hablar de Berlín”. Y claro, la Alemania Nazi bombardeó el centro de la capital británica en la Segunda Guerra Mundial, una herida que el tiempo no ha cicatrizado del todo.
Luego está también el nombre del disco, Wounds, literalmente Heridas. Ya que andamos con preguntas sobre apelativos, ¿sienten que han sido heridos de alguna manera a lo largo de sus vidas y tienen que exorcizarlo con música? Adam: “Sí, el nombre del disco lo puso Maya (Wittleton, cantante), tiene un poco que ver con el contenido lírico del EP The Body is the Wound (El cuerpo es la herida), esta es como una continuación de ese tema sobre las heridas que todos adquirimos y heredamos en nuestra vida, cómo lidiamos con ellas, cómo sanan y cómo eso nos cambia como personas”. Lawrence: “Es como aceptar que sí, llevamos estas heridas emocionales con nosotros y, en cierto modo, son parte de quienes somos. Pero ahora, con tantos años de trayectoria, la banda ha adquirido una dimensión extra que casi nos ha permitido tener nuestra propia colección de experiencias que hemos vivido juntos, experiencias formativas, enfrentamientos con la industria musical y batallas interminables que hemos tenido que librar para seguir adelante. Y existe esa dimensión extra de ser una banda que sigue adelante con todo este bagaje que llevamos”.
Wounds salió bajo el auspicio de un pequeño sello londinense llamado New Heavy Sounds, pequeño pero sello al fin y al cabo. ¿Importa tener uno? Adam: “La verdad es que hoy en día las bandas tienen que hacer mucho más por sí mismas, en todos los niveles. Muchas se encargan de sus propias redes sociales, del marketing, de su autobús de gira o de su merchandising; hay de todo. Y lo mismo ocurre con los sellos discográficos, pero los retos de la distribución y la gestión de un sello superan con creces cualquier cosa que yo personalmente quisiera asumir. No es un trabajo fácil y creo que hay que poner un límite, en algún punto, a la hora de asumir tareas de forma independiente. Así que hemos descubierto que el equilibrio es bastante bueno: podemos gestionar nuestra música y nuestro material online, pero con la ayuda del sello. Y conocemos a la gente que dirige New Heavy Sounds desde hace muchísimos años. Es bueno contar con gente de confianza con la que podemos trabajar”. Podríamos estar frente a una nueva versión del DIY (Hágalo Usted Mismo por las siglas en inglés), uno más colaborativo. Como sea, por lo menos a nivel Reino Unido hay producto físico: “Creo que inicialmente soldrán 500 viniles y una cantidad similar de CD’s. Si el primer tiraje de cualquiera de ellos se agota será reimpreso en alguna otra presentación. El distribuidor lo ha llevado a tiendas de discos por toda Europa. Así que supongo que donde tú estás, es una edición digital (en México no parece haber donde conseguir producto físico N de la R.)), pero donde nosotros estamos, por ahora, es una edición física”.
En cuanto a los jugos creativos, tienen su método de caos controlado. Adam: “Suelo describir el proceso como una discusión larga. Normalmente comienza con algo que alguno trae de casa, un riff, una melodía vocal o algo en ese sentido musical y lo expone ante todos y comenzamos a sumarle algunas partes. Luego lo tocamos mucho durante semanas, meses, a veces años. Y poco a poco vamos debatiendo sobre qué debería ir dónde, cuál debería ser la estructura y si deberíamos tener ese riff o ese otro, o toda a la vez. Así que es un proceso muy colaborativo y, a menudo, muy lento en comparación con otros compositores. Si Bob Dylan escribía diez canciones al día y desechaba nueve, nosotros somos el extremo opuesto. Acá realmente nos clavamos en analizar a fondo la música que componemos y eventualmente la terminamos. Pero lleva mucho tiempo y es un proceso colaborativo largo”. Eso podría explicar por qué pasaron seis años entre Rituals of Surrender, el cuarto disco larga duración que lanzaron en 2019, y Wounds.
Es una banda compleja que tiene suficientes elementos musicales como para caber en festivales de géneros diversos. Eso puede ser bueno porque tienes mucha exposición, o no tanto porque tal vez implica que sea más difícil echar raíces entre un público más o menos determinado. ¿O no? “De repente si nos cuesta. Lo bueno de tener los pies en tantos géneros es que te pueden invitar a sitios muy diversos. A veces tocamos con bandas de Black Metal o Gótico y a veces con bandas Pop. Puede variar mucho. Pero la otra cara de la moneda es que, al no ser una banda de género, a menudo te quedas en el olvido y luego te dejan de invitar a algunos eventos porque puede que no seas lo suficientemente Gótico, lo suficientemente Stoner o lo suficientemente Doom Metal. Así que se trata de encontrar ese equilibrio y de cómo posicionarnos. O sea, los góticos del Reino Unido han sido muy amables con nosotros. Pero en Europa (se refiere a la parte continental), hemos atraído a toda una coalición de fans. A menudo, en nuestros conciertos en clubes puedes ver metaleros, un grupo de góticos en una esquina, algunos chicos mayores, tal vez algunas jóvenes punks. Verás todo este espectro de gente alternativa. En nuestro caso, se trata simplemente de seguir haciendo música oscura para gente oscura o con ese tipo de agenda, y ver quién se anima y qué invitaciones recibimos. Estamos abiertos a tocar para cualquiera, de verdad. Siempre intentamos ofrecer nuestras rolas más auténticas en los conciertos y esperamos que salga bien. Y lo mejor de los fans de la música de estos géneros es que son muy abiertos y casi siempre les encanta lo que hacemos. Entonces sí, es una bendición a medias. A veces creo que sería más fácil ser una banda de género. Pero otras veces me alegra mucho que tengamos la libertad creativa de hacer un poco de todo”.
Y vivimos en una época donde hay tantos géneros que a quién le importa, ¿verdad? Es como tocar mi música y ya está. Eso es por hablar de Cold in Berlin. Pero hablando individualmente, ¿de dónde vienen Adam y Lawrence? ¿Recuerdas esa banda o esa canción que te convirtió en “quiero hacer música, quiero tocar la guitarra, quiero tocar el bajo”? ¿Te acuerdas de eso? Con todo lo que han dicho era de esperarse que la respuesta no sería la típica en estas entrevistas, como Kiss, Metallica, Judas Priest o Iron Maiden. Para Adam fue el grunge: “Yo fui adolescente en los años 90, así que la canción que me hizo querer tocar la guitarra fue, obviamente, “Smells Like Teen Spirit”. Pero el álbum que me hizo querer escribir música basada en la guitarra fue Mellon Collie and the Infinite Sadness de Smashing Pumpkins. Conseguí el libro de tablaturas de guitarra y así fue como aprendí a tocar la guitarra, con la tablatura de ese álbum. Además me clavé mucho con una media docena de ensayos que Billy Corgan escribió para la revista Guitar World, escritos en un lenguaje muy comprensible sobre cómo escribir una canción o cómo sacarle el máximo provecho a un riff sin desperdiciar nada. Y eso se me quedó grabado para el resto de mi vida, la verdad”.
¿Y cómo fue para Lawrence? Yo pensaba que mi desarrollo musical fue bastante tardío. En mi casa casi no se escuchaba música, eso cambié cuando llegué a la adolescencia. Un día mi papá trajo a casa una rocola de los años 50, una de esas viejas máquinas americanas de monedas con luces llamativas y cargada de discos de 45 rpm. Tenía de todo, como Jimi Hendrix y Jefferson Airplane, toda esa música clásica. Y sonaba genial porque tenía unos altavoces de bulbos increíbles y el audio tenía una calidez impresionante. Era muy difícil encontrar ese tipo de sonido en la música moderna. Y no fue hasta que los White Stripes empezaron a grabar álbumes a principios de siglo que pensé: ‘¡Guau! Este sonido tiene esa calidez y ese aire analógico’. Así que esa fue probablemente la primera banda que recuerdo, cuando realmente me metí en el tema, cogí una guitarra y aprendí a tocar música”.
Son los nuevos tiempos, y en ellos, Billy Corgan tiene más influencia en el Metal de la que los viejos rancios como quien esto escribe quisieran admitir, ¡ja! Como sea, Wounds es una experiencia auditiva sobresaliente, sobre todo para quienes tienen cierto gusto por la Psicodelia, el Doom, Stoner, la música lenta, densa y que a pesar de ser increíblemente melódica, es también sucia, complicada, con capas de sonidos que hay que descubrir uno por uno para dejar que la bruma sonora de Cold in Berlin llene cada rincón de nuestras oscuras almas. ¡Altamente recomendable!
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