CocoRosie: amor, muerte y orfebrería musical - Reseña
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Todo es excéntrico con las hermanas Sierra y Bianca Casady; por una parte, su familia les heredó una saga que las vio nacer y crecer separadas (una en Iowa, otra en Hawái) hasta reencontrarse ya adultas en París. Allí armaron CocoRosie, un proyecto musical oscuro en el cual caben las tonadas de historias de brujas, chatarrería electrónica, fijación por el tema de la identidad sexual y una estética influida por igual del cine de Tim Burton que de los Monthy Phyton. Si nos ponemos intelectuales, quizá encontremos resabios de El marqués de Sade y Jean Cocteau en una pareja que ha tramado un universo delirante y retorcido.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Si dos palabras no pueden encajar en este texto, estas serían: lógica y coherencia. Ya lo dijo una vez Radio Futura: “en el caos no hay error”. Y es que lo que hacen las CocoRosie es extremadamente barroco desde su concepción; pareciera que se trata de una puesta en escena del Teatro de la crueldad de Artaud, en el que un cuento de hadas terminara convertido en una masacre que salpica sangre y vísceras a diestra y siniestra.

¿Pop de cámara (de tormento)? ¿Pop oscuro para asesinos seriales? Ambas posibilidades valen. Aquí lo freak es un torrente creativo que no parece agotarse desde que formaron el dueto en 2003, mismo tiempo en que han viajado mucho para grabar, comenzando por París y pasando más recientemente por Argentina, donde registraron en 2015, Heartache City, el álbum que antecede a su séptima entrega (y en el que registraron un tema en español: “Un beso”).

Tras 5 años entre discos, ahora acometen con Put The Shine On, que fue trabajado casi enteramente en San Francisco, California, ciudad en la que acompañaron a su madre durante los últimos días de su vida; de hecho, terminaron la canción “Ruby Red” apenas 11 días después de que la mujer muriera y en ella cuentan la historia de su progenitora de principio a fin con un tono celebratorio.

En CocoRosie conviven una especie de elogio al asunto Drag, una teatralidad cargada de energía sexual y un halo infantil que se torna maligno. Comenzaron como estrangulando melodías sacadas de una cajita de música y grabando en un baño; no en vano las metieron en el armario del freak-folk (junto a sus amigos Devendra Bahart y Anohni), pero musicalmente su obra sufrió un vuelco cuando a partir del álbum del 2007, The Adventures of Ghosthorse and Stillborn, se dejaron influir por el hip-hop, especialmente por sus bases rítmicas. No es menor que el antecedente inmediato es un sencillo llamado “Roo”, en el que colaboraron con Chance The Rapper.

Sierra y Bianca no se guardaron nada –pusieron toda la carne en el asador-, el segundo sencillo del disco es abrumador y contiene los elementos que se encuentran en los otros 11 temas que lo completan. “Smash My Head” tiene una tarola que parece marcial, incorpora un bombo que va y viene, pero lo más sorprendente es que incorpora un riff de guitarra de estirpe Nu metal, aunado a una maraña de sintetizadores sobre los que dejan ir un flow de lo más sedoso que se les recuerda. A la hora de lanzar el video que la acompaña, la pareja se explayó sobre sus intenciones: “Para nosotras, “Smash My Head” es un grito que se dispara desde el corazón adolescente, un grito interno que nunca nos atrevimos a soltar. La canción culmina en una exaltación, una expresión de muerte extática. Viaja de una escena de la infancia del desierto a un trascendente cósmico que pasa a otro reino”.   Escucharla es una experiencia poderosa 

Put The Shine On (Marathon Artists) mostró como anticipo “Lamb And The Wolf”, cuya letra tiene vínculos bíblicos que se repiten en otras piezas. Sierra y Bianca siempre se han mostrado obsesivas con sus temáticas y esta no es la excepción; ahí están miedos, traumas, violencia sexual, fantasía, candidez y el pecado y la culpa como arquetipos judeocristianos. Podría sonar complejo, pero ellas hacen que todo fluya –con sus agudas voces- como si fuera un juego de niñ@s.

Los aspectos de producción han mejorado de manera notable, el Hip-hop les ha nutrido de bases rítmicas interesantes y ellas se atreven cada vez más con el lenguaje (esta vez incluso utilizan a Britney Spears como un verbo). Y como tiene el asunto del fallecimiento de la madre en su centro, a consecuencia hay amor y muerte.

Ahí están hallazgos como “Slow Down Sun Down”, “Mercy” y “Restless”, además de los temas ya mencionados; en su interior puede sonar el graznido de un cuervo o aparecer un sintetizador sucio salpicándolo todo. No hay límites en su orfebrería musical alucinante y es por ello que CocoRosie no es para el gran público; se trata de una propuesta llena de recovecos misteriosos que parecen nutrir nuestras más complejas y caras pesadillas.