#SangredeMetal

La Ciudad de México tiene desde hace dos décadas una “catedral del metal”: el Circo Volador. Otrora Cine Francisco Villa, el inmueble ubicado en Calzada La Viga ha recibido cientos de conciertos desde que Lacrimosa inaugurara la temporada de presentaciones internacionales, en 1998. Ahí, ya sea en el Lobby o en el “foro grande” han tocado leyendas, bandas jóvenes y proyectos diversos que luego han brincado a inmuebles mucho más grandes. Ha sobrevivido mosh pits, walls of death, circle pits y miles de decibeles, pero también ha sobrevivido a terremotos, una clausura por no contar con estacionamiento e innumerables intentos de censura.

Pero Circo Volador es mucho más que un inmueble para conciertos, y es justo ahí donde radica su invaluable trascendencia. Su nombre completo es Centro de Arte y Cultura Circo Volador. Nació como proyecto cuando a finales de los 80 un grupo de sociólogos e investigadores sociales inquirían sobre el tema de la juventud popular, sus medios y sus efectos. La idea era entender por qué medios se integraban a la sociedad, cuáles eran sus habilidades y capacidades, y también cuáles sus principales obstáculos y debilidades. Así, una vez hecha la investigación social se logró ocupar el viejo cine bajo el concepto de comodato, que según la ley, significa un contrato por el cual se da o recibe prestada una cosa (en este caso un inmueble) que puede usarse sin destruirse, y con la obligación de restituirla. Es decir, se podría usar el espacio para los fines establecidos, con la obligación de restaurar y mantener. Así, una de las actividades que se permitió llevar a cabo fue la de conciertos de rock.

Anthrax, Dio, Celtic Frost, Emperor, Lamb of God, Amon Amarth, Helloween, Emperor, Opeth, Arch Enemy, X Japan, Lacrimosa… Luzbel, Voltax, Strike Master, Next, Glass Mind, Anabantha, Ánima Tempo… todos ellos han tocado ahí, y todos han contribuido de forma importante a la consolidación del espacio como esa catedral que hoy miles veneran. Ahí se realizaron las primeras cinco ediciones de Metal Battle México, lo cual significó que desde su escenario se conocieron las primeras cinco bandas mexicanas que tocaron en Wacken, el festival más trascendente del metal en el mundo.

Empresas como Dilemma, Eyescream, Chas, Metal Fabrik y Chamuco, entre muchos otras, han contribuido a mantener viva la leyenda y el espacio. Sí, ha habido épocas en que se requirió algo de mantenimiento y gracias en parte a esos conciertos, se ha logrado. Impermeabilización del techo, restauración de baños y camerinos, mantenimiento de butacas y pisos, todo ha sido gradual pero constante.

Sin embargo, Circo Volador tiene esa otra parte, la que la mayoría de los metaleros no conoce, que es igualmente invaluable: la labor social. Desde muy temprano en su vida, el inmueble de La Viga fue el espacio en el cual se plantearon y desarrollaron tres conceptos básicos: 1) la promoción de la participación popular, 2) la organización autogestiva de las actividades culturales, y 3) el desarrollo plural de los grupos sociales en relación con sus propias necesidades. Así, entre 2013 y hasta 2015 se habían realizado más de 230 talleres artísticos y productivos permanentes, 90 talleres eventuales y 5 cursos de verano para niños de la comunidad. Desde Cartonería y Alebrijes, Fotografía Estenopeica, Danza Aérea, Dibujo o Reciclado en Caucho hasta Mástil Chino, Guitarra, Bajo, Batería, Serigrafía, Capoeira, Danza Contemporánea o Escultura en piedra, por mencionar solo algunos, Circo Volador ha atendido las necesidades creativas de la juventud desde ese mismo espacio que miles sólo ubican porque ahí vieron por primera vez a su banda favorita de metal.

Tristemente, México es un país donde el deporte nacional, más allá incluso del futbol, es quejarse de todo. Sí, esa nueva catedral del metal en México ha tenido, tiene y tendrá sus detractores. Es también un inmueble que tuvo, tiene y tendrá sus problemas, tal cual los tiene cualquier inmueble. La diferencia es que Circo tiene toda esa parte social recién mencionada y que poco se conoce, y que cumple con una labor encomiable en beneficio de la juventud. Ha recibido diversos reconocimientos como el que le entregó la ONU en el 2004 por ser una de las 12 Mejores Prácticas Sociales del Mundo; Premio “Jóvenes por un México sin Pobreza” en la categoría de Proyectos Innovadores, organizado por el Banco Mundial, en 2005; Certificado del Foro Iberoamericano y del Caribe, Fundación Hábitat Colombia y la Alcaldía de Medellín como una de las Mejores Prácticas Sociales en el Premio a la Transferencia de Buenas Prácticas, en 2005, o haber sido ganador de la Feria de la Comunicación Alternativa 2008, 2009 y 2010, organizado por la Dirección de Igualdad y Diversidad Sexual de la Secretaría de Desarrollo Social del DF, con el proyecto de radio “Tolerancia Zero”.

Es entonces mucho más que la catedral actual del metal en México, es un espacio que hay que cuidar en lugar de agredir, destacar más que denostar y apoyar, incluso desde la crítica, pero con la intención de mejorar, no de censurar. El rock en general y el metal en particular ya tuvieron suficientes ataques como para permitir que vengan más, y peor aún, desde adentro de nuestra comunidad. Las próximas misas que se celebrarán ahí serán Acherontas (23 de junio), Atheist y Suffocation (29 de junio), Varathron (26 de julio), Enforcer y Warbringer (30 de agosto), Philip Anselmo (31 de agosto), Vio-Lence (12 de octubre), Cenotaph (19 de octubre) y Horna (20 de octubre).