Además de ser bajista de Vampire Weekend, Chris Baio se ha dado el tiempo para desarrollar una carrera solista que lo ha llevado a editar tres discos en cinco años. El más reciente, Dead hand control, fue producido en Londres y Los Angeles con diferentes colaboradores, entre los que se encuentra su compañero de banda Ezra Koening. Aprovechando las bondades de Zoom platicamos con Baio desde su casa en Oregon, donde nos comenta los pormenores de esta nueva producción.

TXT::Jacobo Vázquez

¿Qué aprendizaje te está dejando la pandemia?

He aprendido que la gente es más resiliente de lo que había imaginado. En marzo del año pasado estaba muy preocupado por un colapso económico. Sin embargo, la situación fue tomando otra forma. Todo esto es una tragedia, ha muerto mucha gente que no debería haber muerto, pero al mismo tiempo se ha abierto la posibilidad de volvernos más empáticos con los demás. Es un alivio que esto no se convirtiera en algo tan terrible como lo había imaginado. Sin duda soy más optimista.

Me parece que a través de tu carrera como solista has creado un personaje que va viviendo y narrando diferente tipos de aventuras. ¿Qué nuevas historias vives en este tercer disco?

Me gusta cómo lo describes. Tiene mucho que ver con lo que te comentaba hace un momento sobre pensar en los extremos de una situación. En este caso, me preocupa mucho la disponibilidad de armas nucleares en el mundo. El primer sencillo, “Dead hand control”, está inspirado en un sistema ruso de armas nucleares diseñado para atacar a Estados Unidos. En este nuevo disco, el personaje que mencionas vive situaciones llevadas al extremo. Terminé de grabar antes de la pandemia, pero de alguna forma ya describía una situación trágica en la que la respuesta es encontrar optimismo en la gente cercana, demostrar apoyo y preocupación.

Es curioso, tu música me recuerda a algunas bandas de los años 80, y en esa época muchos grupos escribían canciones sobre el miedo a una guerra nuclear.

Me gusta mucha música de esa época, hay cosas de techno y hip hop que me encantan, pero definitivamente procuro que mi propuesta suene más contemporánea. En cuanto al contenido de las canciones, me di cuenta de que en años recientes ya casi nadie habla de armas nucleares, lo cual me llama mucho la atención; los medios de comunicación deberían ahondar sobre un tema tan preocupante. Un club de científicos creó el Doomsday Clock, un reloj que describe lo cerca que estamos de un desastre nuclear. Si las manecillas indican la medianoche, significa el fin del mundo. Nací en el 84, en ese sentido, creo que tienes razón al comparar la música de los años 80 con mi nuevo disco, fue una época de gran preocupación por el armamento nuclear.

Otra constante que veo en tus discos, y en especial en este nuevo álbum, es tu gusto por la música electrónica, ¿qué es lo que te atrae de este género musical?

Siempre me ha gustado la música con baterías potentes (sin duda la batería es mi instrumento favorito), las canciones donde los ritmos son agresivos. El techno y el house tienen bases muy potentes, pero cualquiera los puede bailar. La música de club y la música disco son estilos incluyentes. Y a mí me gusta la música agresiva, pero incluyente. “Dead hand control” es el mejor ejemplo de esto, ya que estoy cantando sobre una base electrónica. Cuando estaba en la Universidad mis fiestas tenían que ver con la música electrónica; de hecho, el año pasado tuve problemas para escuchar música electrónica porque la relaciono con estar bailando con gente a mi alrededor y un equipo de sonido muy potente. Estuve como dos meses así, pero me gusta tanto que volví a escucharla.

Supe que un tío te heredó su colección de discos. ¿Por qué es importante para ti coleccionar discos?

Cuando me mudé a Los Ángeles reduje mi colección a unos 500 viniles; conservé sólo los que realmente me gustan. Antes compraba todo lo que se me ponía enfrente. Tal vez sea cosa de la edad o de no tener suficiente espacio. La verdad, la experiencia táctil del vinil es increíble, pero ahora mismo prefiero una colección mejor curada.

¿Por qué Nueva York ha sido una ciudad fundamental para la evolución del rock, como ocurrió con el movimiento punk y veinte años después con la aparición de los Strokes, la generación a la que pertenece Vampire Weekend?

Hay algo que últimamente se ha olvidado y es que Estados Unidos es un país de inmigrantes, el 99% de sus habitantes lo es. Mi familia es de Nueva York, pero mis tatarabuelos llegaron desde Polonia, Italia y Escocia. Nueva York siempre ha sido la entrada a Estados Unidos, y desde mi punto de vista es la mejor representación de lo que debería ser mi país. Hasta cierto punto es natural que con tal cantidad de culturas reunidas en un solo lugar surjan expresiones artísticas tan diversas y propositivas. En mi experiencia, el haber vivido en Nueva York me hizo conocer gente muy diversa e interesante. Así nació Vampire Weekend y creo que esa diversidad se nota en nuestra música.