POR LUIS JASSO

La discusión acerca de si el arte puede provocar acciones violentas es bastante viejo. En el contexto del Heavy Metal, lo que sí se ha demostrado en cuanto a aspectos conductuales y por medio de diversos estudios en universidades reconocidas es que es un tipo de música que funciona en diversos rangos terapéuticos. La gente que escucha metal tiende a ser más controlada en situaciones de estrés y suele también reconocer que al escuchar las guitarras distorsionadas libera la tensión que podría acumularse en un día cualquiera sin necesidad de salir a matar a nadie.

Luego vienen los estereotipos, las películas de Hollywood o los reportajes televisivos maliciosos que colocan al metalero como un anticristo, misántropo, misógino y bruto. La frase típica de las mamás y abuelitas de escuchar música del diablo tampoco es gratuita, desde que el metal existe, grupos religiosos se han avocado a desaparecerlo y en ocasiones, como aquél fallido intento por presentar a Black Sabbath en León y luego en San Luis Potosí en 1989, el primero cancelado por el gobierno municipal por miedo y el segundo por la presión de la Iglesia Católica. Así ha sido siempre, pero incluso entre los casos de censura y repudio, hay niveles. Cannibal Corpse es la banda que llevó al mundo del metal el mundo del gore y el horror cinematográfico. La diferencia es que las películas son clasificadas para adultos y con eso ya están libres de todo pecado, mientras que a la banda la han querido desaparecer en innumerables ocasiones.

 

Por ejemplo, en el 95, un senador acusó a la banda de desvirtuar el carácter nacional de los Estados Unidos, y un año más tarde, otro grupo de senadores incluyó a los neoyorquinos en una demanda contra varios sellos discográficos para que dejaran de sacar discos de una veintena de bandas cuyas letras les parecían muy ofensivas. Entre 1996 y 2006 se prohibió la venta de sus discos en Australia. En Alemania se prohibió la exhibición y venta de sus primeros tres discos y se prohibió también que tocaran canciones de esas producciones debido a la violencia gráfica de sus letras y portadas. Eso duró hasta el 2006, aunque tiene sus tintes de comicidad porque, por ejemplo, no podían tocar “Born in a casket” (Nacido en un ataúd”) pero sí podían tocar “Dismembered and Molested” (Desmembrado y abusado) porque no está en esos tres discos. Aún en tiempos tan recientes como 2014, en Rusia se cancelaron de último momento cuatro de las seis fechas que tenía la banda debido a la presión de un líder religioso que acusaba a la banda de promover violencia, muerte y perversiones sexuales.

Al respecto, el cantante, George “Corpsegrinder” Fischer (quien por cierto es una persona sumamente amable, decente y sencilla) dijo alguna vez que la banda no canta sobre religión o política y dijo que más bien sus letras son pequeñas historias que si se vieran con una mirada artística podrían entenderse como pequeños cuentos de horror. También dijo que en todo caso el arte exhibido en lugares como el Vaticano es mucho más perverso porque representa situaciones que en verdad sucedieron, mientras que las canciones de Cannibal Corpse son sólo historias. Ver una película donde asesinan y violan y decapitan a cientos de personas es perturbador pero sólo hasta cierto punto porque se sabe que lo que sucede no es real. Con la música de Cannibal Corpse pasa lo mismo. Además, musicalmente hablando, su marca de death metal es de las más trascendentes de la historia. No por nada es la banda con mayor cantidad de discos vendidos en la historia de ese sub género.

Con todo y sus detractores, la máquina death metalera regresará a México para encabezar el Night of the Living Death Fest IV, acompañados de los padres del grindcore, napalm Death, y The Faceless. Gran alineación y excelente oportunidad de jugarle al rebelde con la banda más extrema del planeta que, a pesar de las presiones y censuras, ha grabado ya catorce discos en estudio de los cuales el más reciente es “Red Before Black”, editado en 2017.