“Por favor déjame morir en soledad”. Esa se ha convertido en la frase más reconocible de una de las bandas que más le ha dado al doom metal, y desde ahí, al mundo

A pesar de varios cambios de alineación, de problemas personales que han ido desde encarcelamiento de algún miembro por robo hasta depresión y ataques de pánico de otro, los suecos son no sólo pioneros del género que algunos dicen se llama doom metal a raíz del disco debut “Epicus Doomicus Metallicus”, sino una de las fuerzas más impresionantes del rock lento, depresivo y cargado de angustia en las últimos tres décadas y media.

“Estoy sentado sólo, en la oscuridad, mientras espero a ser libre. Lloro de estar solo y abandonado; ansío que me llegue la hora porque la muerte significa solamente vida, así que déjame morir en soledad”. La primera encarnación de la banda tuvo a un Johan Langqvist en la voz, a él le pertenece el timbre clásico que adorna con enorme tristeza y angustia la letra de esa canción, una que no falta en el set de la banda desde hace 32 años. Luego de él vino Bror Jan Marcelo Marcolin, mejor conocido como Messiah Marcolin, el cantante con el cual Candlemass alcanzó los más altos sitios de reconocimiento en el mundo del metal, un cantante poseedor de una gran voz pero de una mejor aún presencia escénica. Salía al escenario vestido como monje, se burlaba de su sobrepeso y era un espectáculo en sí mismo. Eso sin mencionar que grabó discos esenciales como “Nightfall”, “Ancient Dreams”, “Tales of Creation” y “Candlemass”, este último el único que le ha dado a la banda el placer de obtener un Grammi sueco. Pero Messiah tenía también su carácter y en dos etapas distintas fue despedido.

“El odio es mi único amigo, el dolor es mi padre y el tormento me deleita. La muerte es mi santuario y lo busco con placer, por favor, déjame morir en soledad”. Hace cinco años, la revista Sweden Rock, la más grande del género en Escandinavia, eligió a Candlemass como la banda sueca más importante de hard rock o metal de todos los tiempos. Pero mantener una banda no es juego de niños y en ocasiones puede ser incluso una pesadilla, porque una cosa es tener el reconocimiento de los fans del doom en el mundo y otra es que ese subgénero sea visible para las masas. Tras la segunda salida de Marcolin, la banda reclutó a Robert Lowe, cantante que venía de Solitude Aeternus. Con el grabaron los que hasta hoy son los últimos discos de Candlemass, y aunque la calidad de cada uno es soberbia, Lowe no era capaz de transmitir en vivo lo que transmitía desde el estudio, por lo cual tras grabar “Psalms for the Dead”, Leif Elding, bajista, compositor y fundador de la banda había anunciado que se retirarían.

“Recibe mi sacrificio, mi sangre se ha agotado, nadie me dio amor y comprensión. Escuchen estas palabras ustedes calumniadores y pretendientes; por favor déjenme morir en soledad”. En lugar de matar a la banda, la decisión fue anunciar el despido de Lowe, y aunque se quiso matizar con la frase “es muy difícil anunciar esto”, otra parte del comunicado explicaba que lo dejaban ir porque en vivo ya no daba el ancho. Llegó entonces Mats Levén, un cantante con gran trayectoria en bandas como Therion, Yngwie Malmsteen, At Vance y Krux entre otras. La renovada vitalidad en la banda era impresionante y de eso quedó testimonio en el Circo Volador en la que hasta ahora es la única ocasión que Candlemass ha tocado en nuestro país. Aquél fue uno de los mejores conciertos de metal que se hayan vivido en este país, y en gran medida fue gracias a la impresionante capacidad vocal de Levén. Pero, dice la canción: “tierra a la tierra, ceniza a las cenizas y polvo eres…”. Levén sólo pudo poner su voz en dos EP’s; “Death thy lover” y “House of Doom” pues apenas hace unos días la banda anunció el regreso del cantante original, Johan Langqvist. Un regreso al origen lo llaman. Langqvist ha estado fuera por 32 años, y sin embargo es la voz original, la que nos desarma cuando canta “Solitude”, así que si debemos morir, que sea en soledad.