Un sistema que diagnostica como desvío de la norma aquello que debe ser una cualidad de la nueva sociedad, está tomando la forma de un nuevo totalitarismo.
Para el músico, pintor y cocinero Takahide Higuchi, alias foodman, la híper atención a los mil estímulos es un don, una fuente de trabajo e inspiración.
Su música tiene la cualidad de la mezcla llevada a una totalidad del individuo.
Su segundo LP firmado con Hyperdub construye, con partículas ajenas entre sí, rolas de emociones concretas, de sensibilidad plausible. La voz de Higuchi hace de elemento aglutinador.
Aunque se trata de un disco profundamente personal, también logra capturar formalmente algo casi universal: el sonido de una mente sobrecargada con 500 pestañas abiertas, realizando múltiples tareas hasta el olvido en un mundo donde la falta de atención es un entorno mediático global, no solo un malestar psicológico aislado.
El productor fractura la herencia rítmica del footwork y el baile funk mediante samples de juegos infantiles y balbuceos propios. El artista prescinde de la linealidad mediante bucles de sintetizadores que se desarman frente al oyente.
Se trata del octavo LP de foodman desde Shokuhin del 2012.






