Mientras unas clases y naciones favorecidas lucen multi residencias, otras habitan en sus localidades de nacimiento como en celdas.
La nueva obra de field recording de Manja Ristić desafía la ley física y nos propone una existencia completa en Lisboa. Todo ello gracias al sonido.
El sonido actúa como un distribuidor de energía a través del espacio. Lleva la impronta de la intención, pero también canaliza la atención, reorganizando las condiciones energéticas que encuentra, afectando cuerpos, objetos y atmósferas. Cada cuerpo, con su propia dinámica energética, altera y remodela el espacio que habita.
El detallismo con el que Ristić grabó y plasmó la vida de Lisboa, con un viaje que inicia en el aeropuerto y pasa por jardines, barrios, galerías de arte, manifestaciones políticas, el estuario …se combina con el trabajo de su violín y producción digital.
En Lisboa, la memoria no es un monumento, sino un fenómeno acústico: disperso, refractado y continuamente renegociado. La ciudad se escucha a sí misma a través de sus propias reverberaciones y, al hacerlo, insiste en que la historia permanezca audible, controvertida y viva.
La fundadora de la Asociación de Artistas Multimedia Auropolis en 2004, ha publicado nueve discos en solitario. Siendo el primero The Nightfall del 2018.






