El trabajo de Bora Kang transita por el grabado, la fotografía y los medios digitales. Su obra se enfoca en el polvo como material central para crear un microcosmos simbólico en el cual el polvo recolectado en entornos cotidianos expande su significado hasta el cosmos. Recientemente ha expandido sus búsquedas artísticas al mundo digital virtual, entrelazando técnicas clásicas (el grabado) con herramientas digitales (realidad expandida), abordando temas como la migración, los cambios biológicos y las interacciones de la sociedad moderna.
TXT::Carolina González Alvarado
En su obra, el polvo aparece como metáfora. ¿Cómo se manifiesta esta idea en su trabajo con el grabado?
El inicio de mi trabajo con el polvo surgió a partir de una experiencia de mi infancia, cuando me mudé de la casa en la que había vivido durante muchos años. Durante la mudanza, descubrí polvo acumulado en lugares que no se limpiaban con frecuencia, como la parte superior del refrigerador o la zona profunda debajo de la cama y del sofá. Ese polvo estaba estratificado como capas geológicas, y pensé que representaba el tiempo que mi familia había habitado ese espacio, así como las huellas de nuestras vidas. Además, comencé mi trabajo capturando y registrando momentáneamente, a través del grabado, el polvo que se mueve constantemente y cambia según el entorno.

¿Qué papel juegan las texturas del grabado como vehículo para explorar la memoria y la identidad?
Anteriormente, en mis trabajos recogía polvo directamente o lo fijaba sobre papel utilizando adhesivo, pero al pasar al grabado, la textura y el color desaparecieron, quedando únicamente la forma. A partir de ello me di cuenta de que la forma del polvo no presentaba diferencias según el lugar y mi trabajo se expandió hacia el mundo que conforma el polvo y hacia la idea de las “partículas”.
En su obra combina técnicas de grabado con tecnologías de nuevos medios. ¿Qué posibilidades le ofrece este cruce técnico y conceptual? ¿Cómo dialogan lo analógico y lo digital en su proceso?
Para responder a esta pregunta puedo mencionar una experiencia reciente: anteayer entregué los documentos originales y sus copias para completar el proceso de admisión al doctorado en la UNAM. Aunque durante la etapa de postulación ya había subido varias veces los archivos digitales escaneados, la universidad solicitó esta vez a los aspirantes aceptados que presentaran los documentos impresos —tanto los originales como las copias— con el fin de confirmar y verificar, de manera doble o triple, su autenticidad.
Esto refleja tanto una desconfianza hacia lo digital como también su manera de almacenar la documentación. Aunque este procedimiento pueda parecer innecesario y engorroso en el mundo digitalizado de hoy, en caso de que los archivos digitales se dañen, el método de almacenamiento analógico puede servir como respaldo. Por el contrario, en Corea existe una aplicación de mensajería llamada KakaoTalk, que es utilizada por toda la población en lugar de WhatsApp. Recientemente, sus servidores se cayeron y todo quedó paralizado, lo que provocó una gran conmoción a nivel nacional.
Este caso puede considerarse un claro ejemplo de una de las grandes desventajas que aparecen cuando todo está completamente digitalizado. Por eso, en mi trabajo con el grabado considero que los aspectos de “registro” y “reproducción” son los más importantes. Actualmente experimento la forma de registrar y conservar el polvo desde ambas perspectivas: la analógica y la digital.

Su trabajo sugiere una sensibilidad hacia lo imperceptible, lo residual. ¿Considera que su arte busca amplificar lo que cotidianamente se omite?
Sí, de hecho, uno de los momentos clave en los que mi trabajo pasó del “polvo” a las “partículas” fue durante una residencia artística en Daegu, una ciudad alejada de Seúl, donde vivía. Durante aproximadamente un año trabajé allí, y en mis desplazamientos frecuentes entre Seúl y Daegu solía viajar en tren. Al subir, a menudo encontraba en mi asiento restos como cabellos o caspa de otras personas. Al ver esas huellas, me preguntaba de dónde habrían venido y a quién podrían haber pertenecido.
Esta experiencia se relaciona también con la época del COVID-19. Al inicio de la pandemia me contagié y fui hospitalizada en una sala de aislamiento con presión negativa. En ese momento, el sistema de control sanitario en Corea era extremadamente estricto: el gobierno registró todos mis movimientos de la semana anterior y envió mensajes de texto con mi itinerario a todas las personas que habían estado en esos lugares o que podían estar relacionadas. Fue una experiencia muy impactante para mí, pero al mismo tiempo me llevó a reflexionar sobre cómo un virus invisible podía rastrearse a través de los recorridos. Yo misma traté de reconstruir mi trayectoria para imaginar en qué momento y lugar pude haberme contagiado.

¿Cómo decide qué materiales utilizar en sus creaciones, y qué sensaciones busca despertar en quienes interactúan con sus obras?
Mi trabajo inicial comenzó recolectando polvo de mi vida cotidiana, y en mis proyectos más recientes he recogido polvo de alfombras sanitarias. Elegí las alfombras sanitarias porque en lugares como aeropuertos, puertos marítimos o estaciones de tren —donde las personas se desplazan hacia distintos destinos— se transportan muchas enfermedades invisibles, y estas alfombras se colocan siempre en las entradas para eliminarlas de manera inicial.
Considero estas alfombras como zonas intermedias que conectan un lugar con otro. Recogí el polvo, los cabellos y la tierra adherida a las suelas de los zapatos que se encontraban allí, y con ellos hice matrices para luego estamparlas sobre papel. Al observar mis obras desde lejos, las personas perciben formas abstractas, pero al acercarse descubren partículas como cabellos, polvo o pequeños residuos, lo que los lleva a imaginar el origen de cada uno de esos elementos.

Si su arte fuera una nube de polvo suspendida en el aire, ¿qué le gustaría que quienes la encuentren sintieran al respirar dentro de ella?
De hecho, se dice que los elementos que componen el universo son los mismos que componen nuestro cuerpo; lo que cambia son las proporciones. Por eso, la frase “somos polvo de estrellas” es válida tanto científica como literariamente. No solo para el público, sino también para mí como artista, recolectar polvo a lo largo de mi trabajo se ha convertido, en última instancia, en una pregunta constante sobre mi propio origen.
En este sentido, ¿considera que el polvo puede ser un símbolo? De ser así, ¿cuál sería su significado?
Sí, el significado que atribuyo al polvo es en un sentido amplio. Interpreto como parte de su ámbito incluso las escamas de la piel, la caspa o los cabellos que se desprenden de nuestro cuerpo cada día. En definitiva, incluye los objetos o residuos que se han separado del sujeto. Considero que, al final, esos pequeños fragmentos conforman este mundo, y que yo misma también estoy compuesta por la reunión de tales materiales.

Los fanzines forman parte de su práctica artística. ¿Qué le atrae de este formato y qué papel juega en su manera de narrar o compartir sus micromundos?
La razón principal por la que recientemente he comenzado a utilizar el fanzine como otro medio es que, durante el proceso de migración a México, envié mis pertenencias por barco y, debido a varios problemas en los trámites de aduana, no pude traer la gran prensa que utilizaba en Corea. Por ello, desde mi llegada a México, mi trabajo fue transformándose poco a poco hacia prácticas que no requerían el uso de la prensa, y el formato de mis obras también cambió a un tamaño reducido que pudiera realizarse en casa.
En lugar de la prensa, compré en México una impresora doméstica, y el medio que me permitió registrar sin dificultad el proceso de adaptación —que fue lo más difícil durante la migración— fue precisamente el fanzine. Con esta impresora imprimo y fotocopio libremente las historias que creo, produciendo cada mes un nuevo número de mi fanzine. Además, el fanzine es un medio profundamente ligado al espíritu del grabado, ya que cualquiera puede imprimir, reproducir y registrar sus propias historias de manera personal.

Si el polvo es una parte minúscula pero esencial de un todo, ¿cómo dialoga esta noción con su experiencia como mujer migrante entre Corea y México?
Primero, jamás imaginé que algún día viviría en México. Vine aquí después de casarme, debido al trabajo de mi esposo, y la verdad es que todavía me parece un sueño. Siento que he estado flotando como el polvo, y que por casualidad terminé llegando a este lugar. Cuando recién llegué a México, todo era tan diferente que mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.
El cambio de agua me provocaba frecuentes problemas estomacales, y la comida tampoco me sentaba bien. Sin embargo, lo que de manera menos evidente pero constante afectó mi cuerpo fue la gran altitud de la Ciudad de México. Me cansaba con más facilidad que en Corea y, quizá por la presión atmosférica, desarrollé problemas en los vasos sanguíneos. Este proceso de adaptación continúa, y aunque busco formas propias de sanar, siento que, al igual que el polvo que se transforma como un virus mutante según el entorno, me he ido adaptando a México creando un tercer espacio que no es ni México ni Corea, sino uno propio.

¿De qué manera su experiencia intercultural influye en los símbolos, colores y materiales que elige para abordar la identidad y la migración?
Desde el momento en que se decidió mi traslado a México, quise conocer más sobre este país y comencé a leer diversos libros sobre su historia, arte y otros temas. Entre todo ello, lo que más captó mi interés fueron, sin duda, los murales mexicanos. Después de mudarme, visité con frecuencia museos y galerías por mi cuenta, y gracias a los murales pude comprender un poco más sobre México.
Esta influencia también se reflejó en mi trabajo. Si hasta entonces mis obras se caracterizaban por formas abstractas en la búsqueda de ciertas pistas, a partir del contacto con los murales mexicanos he comenzado a experimentar con un enfoque más figurativo. Lo que más me atrajo de los murales fue su “narrativa”: en una época en la que la tasa de analfabetismo era alta, cualquier persona podía comprender la historia de México a través de ellos. De la misma manera, deseo expresar las historias de mi vida en México de forma figurativa, sin necesidad de demasiadas explicaciones.
¿Cómo entiende la noción de pertenencia cuando ha transitado entre dos geografías tan distintas como Corea y México?
He viajado a muchos países antes, pero esta es la primera vez que vivo en otro. Es cierto que he perdido la “sensación de estabilidad” que tenía en Corea y que no había notado hasta entonces. Muchos amigos mexicanos me siguen brindando ayuda y siempre me tratan con amabilidad, pero creo que para cualquiera es difícil sentir un sentido de pertenencia completo cuando se tiene un color de piel distinto, se habla otro idioma y se comparte una cultura diferente.
Además, Corea sigue siendo un país al que le resulta extraño que personas de distintos tonos de piel convivan de manera natural, y en ciertos aspectos es cerrado. Habiendo vivido casi treinta años en ese entorno, usando el idioma coreano y con una manera de pensar coreana, siento muchas limitaciones al vivir en español y con una mentalidad mexicana. Por ello, aunque me esfuerzo mucho por adaptarme aquí, inevitablemente siento que me encuentro en un punto intermedio, que no es ni Corea ni México.
¿Qué papel juega el extrañamiento —cultural, lingüístico, emocional— en su proceso creativo? Es decir, ¿cuál ha sido el impacto personal y creativo de habitar dos lenguas, dos culturas, y cómo lo traduce en su trabajo artístico?
Como todavía me encuentro en proceso de adaptación y de asimilarlo a mi manera, estoy experimentando con el fanzine, un medio con el que puedo trabajar sin presión. Aún estoy reflexionando sobre cómo desarrollar estos fanzines en un proyecto más amplio en el futuro.

A diferencia de otros medios, ¿considera que el fanzine posee un tono más personal o autobiográfico?
Sí, así es. Desde que llegué a México, también he estado escribiendo con constancia en un blog personal, y busco que el fanzine sea, al igual que un blog o un diario, más personal y que contenga relatos de mi vida cotidiana. Además, lo considero como un espacio de experimentación propio antes de trasladar mi trabajo al grabado.
En este momento de su trayectoria, ¿qué está investigando o intuyendo? ¿Hacia dónde se está desplazando su práctica, técnica y conceptualmente?
Con la migración, siento que mi trabajo ha vuelto al punto de partida. Estoy comenzando de nuevo mi recorrido a partir de mi vida cotidiana y deseo registrarlo utilizando el grabado como medio. Al mismo tiempo, estoy recolectando polvo como huella personal aquí en México y planeo documentar, mediante grabados digitalizados con mi propio enfoque visual, los sucesos que ocurren en el mismo huso horario, pero en lugares distintos, vinculando así México y Corea. Por ello, la práctica, la técnica y el concepto son para mí palabras clave igualmente importantes.

Bora Kang ha realizado residencias artísticas en el Estudio de Arte de Cheongju (2023) y la Fábrica de arte de Daegou (2021). Ha recibido varias becas artísticas entre las que se encuentran el subsidio de la Fundación Cultural de Daejeon / Artience Daejeon (2023-2024) así como numerosos premios entre los que se encuentran el Premio Artista Emergente KSD (2019), la Mención honorífica en el Premio de Arte de la Universidad Digital de Seúl (2018) y el Premio a la Excelencia en el 37º Concurso de Nuevos Artistas de Grabado Contemporáneo de Corea (2017), entre otros.
En 2021 fue una de las artistas seleccionadas para la exposición especial <ZOOM-IN” de la Feria de Arte Hwang y en 2020 fue seleccionada BELT por la Asociación de Promoción de Grabado y Fotografía de Corea. En 2025 su obra formó parte de la exposición Jum Power, Zoom Correspondent, Jum Zoom curada por Hwang Skyung y presentada en el Centro Cultural Coreano en la Ciudad de México.









