Viajar no siempre se trata de acumular estampas en el pasaporte o capturar la postal perfecta. En un mundo saturado de imágenes, desplazarse por el mapa puede convertirse en un ejercicio de contemplación profunda donde las montañas, los desiertos y el mar funcionan como un espejo. Bajo esa premisa, el productor Böneker da vida a “Organic Travels“, un proyecto donde la música electrónica trasciende la pista de baile para transformarse en un mapa emocional y espiritual.
A través de esta conversación con Böneker, nos adentramos en el proceso creativo de un álbum construido a partir de la introspección, la conexión con el budismo y la memoria ancestral de América Latina. Un recorrido que va desde la inmensidad del Salar de Uyuni hasta la intimidad de su estudio, Balché, demostrando que el verdadero viaje no se mide en kilómetros, sino en la capacidad de mirar hacia adentro.
Mencionas que Organic Travels no busca retratar destinos turísticos, sino traducir lo que esos paisajes despertaron en ti. ¿En qué momento del viaje te diste cuenta de que las montañas, desiertos y volcanes de Latinoamérica se estaban convirtiendo en un espejo para mirar hacia adentro en lugar de solo un destino visual?
R: Desde el inicio, el objetivo de los viajes ya era ese como tal. Teniendo la experiencia de haber viajado antes por Europa, ya me había mostrado que cuando uno sale de su zona de confort, en especial yendo a países o lugares desconocidos, despierta los sentidos más que nunca y, por lo tanto, permite ver más claramente hacia adentro.
El álbum es descrito como un “mapa emocional”. Si tuvieras que elegir una sola emoción o un estado mental que predomine o que conecte a todo el disco de principio a fin, ¿cuál sería?
R: Meditación constante. Todos los viajes fueron un trabajo interno y los momentos que más me ayudaron fueron en los que entré a estados meditativos, ya sea por las condiciones de la actividad, como lo es subir a un volcán o montaña, o cuando con intención me sentaba a meditar.

Paradas como Antigua en Guatemala o el Salar de Uyuni en Bolivia te dejaron recordatorios muy claros de quién eres. ¿Qué tanto cambió tu perspectiva de ti mismo y de tu música antes y después de vivir esas experiencias geográficas tan imponentes?
R: Más que cambiar, recordé quién soy y qué es lo que quiero hacer con mi vida, tanto personal como artísticamente. Más que un cambio dentro de mí, fue un recordatorio de quién quiero ser.
“Sintli Itos” funciona como un ancla en el disco dedicada a México, tus raíces y tu cultura. ¿Por qué era vital para ti dejar en claro que ningún viaje empieza desde cero y cómo se refleja esa “memoria ancestral” en el sonido de este tema en particular?
R: Me parecía importante representar todos los lugares, o la mayor parte de los lugares por donde estuve viajando y más donde tuve la oportunidad clara de ver hacia adentro, y México no fue la excepción para esto. De igual forma, quería mostrar las similitudes entre mi país con los demás lugares que recorrí en Latinoamérica. Así que me parecía coherente representar a México en el disco también como el punto de partida de mis viajes.
En lugares como El Salvador (“Sivar”) y San Mateo encontraste el espacio idóneo para retomar tu práctica espiritual y tu conexión con el budismo. ¿Cómo se traduce la disciplina, la compasión y la meditación diaria en la estructura o en la atmósfera de la música electrónica que produces?
R: Me encanta esta pregunta. Al final, al practicar budismo, hay dos principales cualidades que se quieren desarrollar: compasión y sabiduría. Dentro de cada tema no solo quise representar mi experiencia, sino también los lugares como tal, las impresiones que generaron en mí y los momentos que me ayudaron a recordar quién soy. Este fue el balance que busqué en las canciones, entre la representación de cada lugar, y mi experiencia personal durante estos viajes; para mí fue la representación de la compasión y la sabiduría en cierto sentido. Era importante para mí transmitir mis vivencias y lo que aprendí, pero a la vez representar los lugares por lo que son por sí solos y serles fiel a sus culturas.
Tanto “Brisa do Mar” (Brasil) como “Viento del Sur” (Patagonia) son canciones inspiradas en lugares que aún no conoces físicamente. ¿Cómo fue el proceso creativo de componer basándote puramente en la imaginación, la expectativa y la promesa de un futuro viaje? ¿Qué elementos sonoros elegiste para representar la esencia de lugares en los que solo has estado mentalmente?
R: Me gusta mucho pensar que cuando uno tiene la intención de que algo suceda, en este caso conocer estos lugares, es importante generar una conexión, aunque sea meramente aspiracional, con ese objetivo. Al final, gracias al internet y conexiones en ambos lugares, me fue posible representar hasta cierto punto y con ciertas limitaciones estos lugares. Pero fue mucha inspiración a partir de música que ya existía de ambos lugares y también de leer sobre ellos y su cultura. Todavía me falta aprender de estos lugares y experimentarlos, pero espero que los locales se sientan identificados con estas canciones.
Todo el álbum fue escrito, producido y mezclado desde tu estudio, Balché. ¿Cómo fue el reto técnico de encapsular la inmensidad de un desierto como Atacama o la escala de una montaña dentro de la intimidad y el aislamiento de un estudio de grabación?
R: En realidad, hoy en día tenemos muchas herramientas que nos dan mucha facilidad creativa. Mis plu-ins base son de Native Instruments, que aunque hoy en día están pasando por un momento complejo, siempre buscaron producir las mejores herramientas posibles para productores como yo. Ya que se dedicaron a grabar muchos instrumentos para de ahí hacer sus instrumentos digitales, los sonidos son muy naturales y reales. Eso permite que la interpretación de las canciones se escuchen como si alguien sí hubiera tocado una flauta aunque en realidad fui yo tocando un controlador (teclado) aprovechando mi habilidad como pianista y este poderoso software que, después de haber grabado algo, te permite hasta cambiar la intención de cómo se tocan las notas dentro de sus instrumentos.

Antes del disco, lanzaste el set audiovisual “Deep Vibes & Latin America Memories”. ¿Cómo ayudó este set a decantar las primeras ideas del álbum y de qué manera consideras que la música y la imagen se complementan para terminar de contar la historia de Organic Travels?
R: Más que tener una conexión directa con el disco, este set fue una primera representación de los viajes. Las emociones y en especial el agradecimiento que sentía por lo aprendido en estos viajes me inspiró para tratar de interpretarlos tan pronto como fuera posible, y en esos momentos un set con música que hablara de situaciones similares o cercanas a las que viví parecía entonces la mejor forma para lograrlo. También el hecho de producir algo visual me permitió compartir algunos paisajes que vi en estos viajes.
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