Para respirar, el rock necesita de factores sociales que hoy, ante la situación mundial, resultan difíciles de cumplir. Es decir, no existe el rock & roll si no hay donde tocarlo, imposible que nazcan himnos sin gente que los entone a todo pulmón, compitiendo con los oleajes de los altos decibeles; no hay rock sin gente que baile mientras se empuja y abraza, sazonando su convivencia con alcohol. Desde el año pasado la pandemia le puso el último clavo a la tapa al ataúd de un género musical que de por sí ya estaba enfermo de repetición, infectado de clichés.

TXT::Arturo Tranquilino

El sonido de Black Pistol Fire nació en 2011 con su álbum homónimo. En ese año el rock sonaba en todos lados. No había bar que no hiciera sonar a los Artic Monkeys. Wolfmother colocaba canciones en las películas más taquilleras y The Black Keys tocaban en todos los festivales del mundo mientras eran nominados a los premios Grammy. Seguramente si un tema como “Look alive” hubiera salido hace 10 años, otra historia estaríamos contando.

Hoy el mundo es un lugar muy distinto.

 

En Look alive, su mas reciente trabajo, Kevin McKeown y Eric Owen arremeten con riffs blueseros mezclados con el sonido garage dosmilero; un tendido para las letras de Kevin, las cuales son cantadas en un tono muy parecido al de Alex Turner. Después de escuchar los 11 tracks que contiene, este el disco se olvida fácilmente. En realidad, Look alive es un recuerdo de lo que alguna vez fue divertido y que hoy sólo se advierte como una copia de la copia. Lo dicho. Hoy ni siquiera hay bares abiertos para corear canciones como “Pick your poison”.

Hoy día ya no hay jóvenes adultos compartiendo la música de bandas con un sonido similar a Queens Of The Stone Age o los Strokes. No hay festivales para que la letra de “Hope in hell” sea cantada por adolescentes descorazonadas. Al escuchar a Black Pistol Fire es posible decir que el rock está muerto. Ante el panorama epidemiológico que nos ha forzado a los seres humanos a re inventarnos, este género, hijo directo del blues, ha preferido quedarse en un lugar cómodo y hacer de cuenta que vivimos en 2011.