No es exagerado aseverar que el ‘Black Album’ podría considerarse como el parteaguas más importante dentro de la carrera de Metallica.

Mismo estatus que no sólo se debe a su increíble calidad conceptual, sino a esa estruendosa valentía con la que proclamó la llegada de una nueva era para la banda de San Francisco.

Conscientes de que la pérdida de Cliff Burton marcaba de forma insalvable el final de una era llena de velocidad y heroica brutalidad, James Hetfield y compañía le dieron carpetazo final a sus épocas más extremas en el trash para abrazar un nuevo sonido el cual se encontraba irremediablemente influido por la serie de prodigios que el rock alternativo había estado cosechando durante esa época.

El resultado fue una producción que, si bien sigue despertando desconfianza entre los headbangers más puristas, brilla por derecho propio en el firmamento del rock como una muestra de esa serie de posibilidades quiméricas que, por momentos, logran emparentar al metal con una serie de sofisticaciones y finuras que son propias de las plataformas más comerciales.

 



 

El ‘Black Album’ es una producción que, hasta la fecha, continúa alzándose como un monolito de inspiración para aquellas agrupaciones las cuales no tienen miedo de dejar de lado prejuicios caducos para conjurar un rock ‘n’ roll ecléctico y sin límites.

Desde los primeros acordes hechiceros de “Enter Sandman”, hasta esa pieza de corte cuasi marcial que es “The Struggle Within”, pasando por himnos delicadamente oscuros como “The Unforgiven”, “Nothing Else Matters” y “My Friend of Misery”; este material se destaca como un legítimo rugido de vitalidad que nos recuerda que el metal de calidad no se crea ni se destruye, simplemente se transforma.