El espacio y tiempo físicos son lo absolutamente estúpido del universo”, escribió Ortega y Gasset, en su libro La Rebelión de Las Masas, para unas líneas abajo rematar “la velocidad hecha de espacio y tiempo es no menos estúpida que sus ingredientes”. La archiconocida obra del filósofo español repasaba origen, características y destino de la sociedad de masas.

La industrialización y con ella la capacidad de producir a una escala jamás antes soñada, requería de una sociedad involucrada en el consumo, de manera inter clasista debía verse atraída por los nuevos pilares del individuo. La velocidad, sensación a disposición de cualquier recien nacido alzado en brazos, es elemental y por eso mismo se convirtió en unos de los reclamos, en un atractivo aliciente sobre el que giraría una mal llamada cultura y sobre todo una variada gama de productos que de manera adyacente traían un estilo de vida.

Del alborozo de Jeff Bezos y su paseíto de 11 minutos por el espacio a Anny la Negrita y sus compañeros bikers auto finados el domingo pasado en el asfalto de un autopista de México. 7 bikers, moteros, muertos por manejar a velocidades ingobernables. La estúpida sensación en el estómago es el porqué de una muerte honrada por sus cercanos ya que la entienden como un sacrificio casi necesario debido a su pasión, la velocidad. Nadie culpe a la Negrita y su pandilla de tanta estupidez suicida, el gran invento del capitalismo, la cultura juvenil, desde sus inicios fue a lomo de potentes motores que indefectiblemente llevaban en ocasiones a la muerte. Jan and Dean cantaban en el 63 a la Curva del Hombre Muerto, una mística y maldita curva que acababa con la vida de los intrépidos conductores.

La mejor descripción de cerebros vacíos y estómagos llenos de velocidad es la película underground de 1971, Two Lane Blacktop https://zoowoman.website/wp/movies/carretera-asfaltada-en-dos-direcciones/ . El film nos muestra la velocidad como forma de vida que sin duda luce mejor con gestos pétreos. Lo de Bezos y sus grititos de 11 minutos y miles de millones dólares, es la degeneración de la velocidad, de sub cultura a expresión de masa que además de ir rápido quiere ser un neo nato perenne ávido de caprichos y cacharros. La épica play station.

Otras velocidades también sirven de intersección entre tiempo y espacio. La línea recta, el atajo, de las relaciones, las redes y su artificio, el deseo y la soledad son el motor de arranque. Nos lleva a una cocción a fuego rápido que siempre hace que el agua se salga antes de tiempo. Tres coincidencias del perfil y la llama se prende para apagarse con los miedos tejidos lentamente durante una vida.

A los talibanes la velocidad no les importa tanto. Replegados a las montañas hace 20 años, sin apenas ofrecer resistencia, cuando las tropas USA llegaron, esperaron con calma la salida de los invasores para retomar el poder. En esta caso la velocidad se aplica al tiempo que ha durado el discurso feminista como vector ideológico esencial en la Casa Blanca. El presidente Biden ha aplicado la retórica mas trumpista “¿quieren ver a sus hijos morir por una lucha que los propios afganos no quieren luchar?”, preguntado en rueda de prensa, para justificar el abandono de Afganistán una vez asumido que es imposible el gobierno que aupó al poder ofrezca lucha contra el Talibán. Pudo Biden, impulsado por su guardia de corps Kamala Harris y Nancy Pelosi, aplicar su decálogo en defensa de los derechos de unas mujeres que durante 20 años el imperio americano occidentalizó y ahora abandona a su suerte.

Ni los integristas islámicos, ni Biden ni las supuestas redentoras escucharan el nuevo disco de Leyla Yenirce alias Rosacea, que si en su primer trabajo, Efia, denunciaba la matanza de mujeres por parte del Estado Islamico, con su segundo DNA, el mensaje se hace internacionalista a través de su rupturismo digital y finaliza con la elegía que cubre el mundo.

Los talibanes han tenido dos décadas para contemplar detenidamente lo que hoy persiguen. La velocidad es enemiga de la memoria, y este conflicto afgano viene de lejos, es necesario recordar el año 1978 cuando EEUU y Francia decidieron armar y entrenar a las tribus afganas que se oponían la invasión soviética que entre otras cosas abrió escuelas para alfabetizar de manera igual a niños y niñas. Esos ortodoxos islámicos eran llamados muyahidines, de ahí surge Al Qaeda y los talibanes. El nexo de comunicación directa entre Washington y los islamistas nunca se cerró ni se cerrará. No llevan en su credo estos pastores intelectuales del Corán un sistema económico opuesto al capitalista. Puede que el mayor escollo sea la producción de opio ya que los talibanes ven con desagrado el uso de la amapola y las grandes farmacéuticas probablemente presionan para que se alcance acuerdos al respecto de su cultivo con quien gobierne Kabul. No olvidemos la epidemia de opiáceos legales arrecía estados unidos justo tras la caída del gobierno Talibán en el 2002. Pero en cuanto a los otros recursos claves de Afganistán, cobre, gas, litio… no habrá tanto problema para llegar a acuerdos.

Para el Coran la velocidad es cosa de angeles: “Gobierna el asunto cósmico desde los cielos a la Tierra. Entonces, este asunto viaja a Él una distancia en un día, a la medida de mil años de lo que cuentas” reza el libro sagrado de Mahoma. Los musulmanes creen que los ángeles son criaturas de baja densidad y que Dios los creó originalmente a partir de la luz, seres que se mueven a cualquier velocidad desde cero hasta la velocidad de la luz. Es decir la velocidad no es para el Taliban cosa de este mundo, así que aplicar la paciencia, elemento sin uso en la opinión pública occidental y única fórmula posible para la coherencia; fue, es y será su mejor arma.