La última vez que nos vimos estábamos a bordo de un autobús que nos llevaba desde Guadalajara hasta Tequila. Betto Arcos había pasado a conseguir raicilla, bebida artesanal de la costa jalisciense y nayarita y pequeños tragos animaban el camino a la noche de gala que cerraría la Feria Internacional de la Música Profesional de hace dos años. Veracruzano de nacimiento, Arcos un amante del folklore y lo difunde a través de la radio pública en los Estados Unidos y la BBC.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Con más de dos décadas de labor periodística, ahora presenta Historias musicales del barrio cósmico (Fogra Editorial), un libro que documenta y sintetiza su trabajo y que apareció el año pasado en inglés, aunque apenas viene a mostrarlo al publico mexicano. Como preámbulo a las presentaciones de la obra en la CDMX (el 14 de julio en el Museo de Culturas Populares, en Coyoacán; y el 24 de julio en el Museo de la Ciudad de México), conversamos con Betto Arcos.

¿Cómo fueron tus inicios en el periodismo musical y en qué momento incursionaste en la NPR?

Ocurrió al mismo tiempo que me fui desarrollando como periodista cultural. Todas las historias que uno escribe para radio, ya sea sobre un músico, una cantante, un chef o una trabajadora social, tienen que contar con una historia que enganche. Cuando empecé a escribir en 1993, mis editores me preguntaban, ¿cuál es la historia? ¿cuál es el enfoque? Me inicié como periodista cultural en 1993; en 2007 empecé a dedicarme completamente al periodismo musical, con la NPR.

En algún momento el Canal 11 te dedicó un programa de una serie enfocada en mexicanos que han triunfado en el extranjero; incluso hizo una campaña de publicidad en los autobuses de la CDMX. 

La serie Los Otros Mexicanos de Canal 11 fue un parteaguas para mí; un reconocimiento a mi trabajo. Fue la primera vez que un medio masivo de México reconoció que los mexicanos que vivimos en Estados Unidos somos parte integral de ambas sociedades, que nuestro trabajo tiene un gran valor. No sólo aportamos remesas a la economía mexicana; también contribuimos a enriquecer a la sociedad.

Pensar en un Barrio cósmico va incluso más allá de aquello de “la aldea global”, ¿cómo fue que se te ocurrió el término? ¿De dónde viene?

Hace veinte años necesitaba un nombre para crear un programa de radio, un amigo me sugirió ese nombre inspirado en una canción de Los Lobos. Cuando decidí hacer el libro retomé concepto, aunque pensando el Barrio Cósmico como un lugar mítico, imaginario, que existe en todas partes del mundo; yo lo he visto en mis viajes por Latinoamérica, Europa y Estados Unidos: es un lugar donde se escucha buena música, se come y se bebe bien y se disfruta de la convivencia en armonía.

Cada periodista establece su punto de vista, defiende una ética y una estética, ¿cómo es que enfrentas a esos talibanes del periodismo que se cierran en torno a un sólo género?, ¿cómo es que llegaste a ser un amante de la música sin etiquetas y abrazar muchísimos géneros con tal gozo?

El gusto por la música de todos los géneros lo llevo en mi ADN desde que me acuerdo. Cuando era niño escuchaba música de Agustín Lara, tríos, pop y rock en inglés, y música tropical; en mi adolescencia asistía religiosamente a los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Xalapa y los de Orbis Tertius. En mis años de universitario empecé a coleccionar los discos de Silvio Rodríguez y Serrat. Cuando me fui a vivir a Boulder, Colorado, en 1985, escuchaba a Crosby, Stills, Nash & Young, Bruce Springsteen, The Doors. Hoy sigo escuchando toda esa música, pero mis gustos se ampliaron mucho en los últimos veinte años con música de África, Europa Oriental, Medio Oriente y desde luego con jazz y música clásica. Siempre he creído que hay música para todas las emociones, escuchar un solo género se me hace aburrido.

 

¿Es sencillo establecer una comunicación profunda con artistas procedentes del mundo árabe?, ¿cómo ha sido tu experiencia con gente de ese entorno cultural?

El mundo árabe es complicado, dependiendo del país de origen. En el libro hay varias historias de músicos de Líbano, Túnez y Marruecos. La barrera más difícil es el idioma, la mayoría habla árabe y francés, y aunque las entrevistas fueron hechas en inglés, siempre he creído que sus respuestas a mis preguntas hubieran sido otras en francés y desde luego en árabe. Fuera de esta barrera, una vez que los músicos se sienten cómodos con el curso de la entrevista, casi siempre se dan cuenta de que me interesa contar su historia desde su punto de vista.

¿Crees que a las expresiones del folklore les hace falta más apertura para abrirse espacio? Existen escenas -como el son huasteco- que prefieren quedarse en un círculo cerrado, en un nicho, con el argumento de no contaminarse (y aún así la influencia exterior llega).

No hay música libre de influencias exteriores. La música tradicional – ya sea el son huasteco, el chamamé de Argentina o la carranga de Colombia – es resultado de una confluencia de factores e influencias socio-culturales. La música tradicional tiene influencias e influye. Se han dado casos de música tradicional que ha entrado en espacios que hace veinte o treinta años eran impensables.

De entre los 150 perfiles que incluye el libro, ¿menciona dos o tres que te dejaron una huella existencial?

En junio de 2010 tuve el privilegio de viajar a Fez, Marruecos, a cubrir el Festival Mundial de Música Sacra. Fue extraordinario en todos los sentidos.Era la primera vez que visitaba un país musulmán, con una cultura e idioma que no era de origen europeo. Descubrí la raíz árabe de México; una cocina fascinante y riquísima; y sobre todo, la riqueza de la música sufí, cuyo origen son los cantos religiosos coránicos que hablan de la armonía y la tolerancia hacia el prójimo.

Por otro lado, la entrevista que le hice a Silvio Rodríguez en julio del año pasado sigue siendo una de las más importantes de toda mi carrera como periodista. Grabé mis preguntas, se las envié a su asistente y dos semanas después recibí las respuestas grabadas. La manera en que contestó me emocionó. Debo confesar que escucho a Silvio desde que yo tenía 19 años de edad.

Por último, mi encuentro con la cantante Linda Ronstadt también fue muy especial. Me sorprendió su lucidez y claridad, a pesar de que sufre de Parkinson desde 2013. Fue revelador saber que su mayor influencia como cantante fue la música mexicana de la canción ranchera, y en especial el estilo vocal de Lola Beltrán.

¿Qué es lo que agrega al libro incluir una discografía de 300 álbumes cuando el material ya de por sí tenía una enorme valía? ¿Tus lectores son tan melómanos cómo tú?

Decidí incluir la discografía porque en la mayoría de los casos los perfiles o crónicas no hacen referencia a un disco en particular. La discografía puede ser útil para quienes desconocen la riqueza musical de muchos de los géneros musicales incluidos en el libro. Espero que algunos lectores se conviertan en melómanos después de leer esto.