Hace unos días BETA por fin estrenó su tercer álbum, Segunda Piel (2019) y da gusto ver los pasos agigantados que puede dar un grupo en apenas diez canciones. Luego de haber escuchado la placa al menos un par de veces, volví un poco, a unos meses atrás, cuando platiqué con Blas Cernicchiaro, vocalista del grupo.

Txt: Aldo Mejía

Como evento central para la composición de este disco el grupo originario de Puebla tuvo el terrible temblor que padeció nuestra ciudad hace poco más de año y medio. A partir de entonces, Blas escribió letras que, en sus palabras, reconocen a alguien más en la foto.

A partir de metáforas y analogías, BETA hizo una colección de canciones que tocan temas que a todos nos aquejan al menos una vez: la mortandad, la fragilidad y hasta la posible existencia de un ente superior.

Desde el inicio, en Yo Fugaz, se reconocen las limitaciones y la posibilidad del irremediable error que tiene el ser humano. Pero no vale echar a andar y articular unas palabras para decirnos humanos, con Fantasma dejan en claro que hay que hacer, crear a pesar del caos: si resistes, existes.

Existir también trata de la responsabilidad para con uno mismo y aceptar que, por más ayuda que se ofrezca, no se puede salvar a alguien que te quiere lejos. Hasta este punto, ya es palpable la unión que lograron Blas y Álvaro Contreras con Arturo Gonzáles y Julián André.

Los ritmos son mucho más dinámicos y conservan esa esencia apegada a un rock sin adornos que puedan distraer la atención. En Celestiales, por ejemplo, tienen una batería muy marcada sobre la que un par de guitarras contrastan hasta encontrarse en el coro.

En Firmamento encuentro la reflexión de todo lo que somos y las experiencias por las que pasamos. Y en este punto, con las vueltas suficientes al disco, es posible aprenderse con rapidez las letras. Simples y llenas de contenido.

En la recta final, BETA se da el lujo de bajar un poco las energías y hacer frágil, un track mucho más suave. Como un respiro ante la intensidad que le ha precedido. Desde la portada del disco, se puede vislumbrar contenido con un guiño a aceptar eso que traemos dentro.

Los sueños más profundos, esas ganas de hacer algo específico y de dar la cara por lo que realmente sentimos. En la canción que da nombre al disco me imagino a alguien cantando frente al espejo, tratando de darse ánimos y pidiéndose fidelidad. Aunque Blas me confirmó que su disco anterior, Medusa (2016) es más introspectivo, puede ser más difícil reconocerse a uno mismo en una fotografía.

Sigo creyendo que es el individuo la pieza central de la sociedad y que cada uno, mejor que nadie, sabe qué necesita para sanar, para levantarse luego de reconocerse humano. Eso también significa reconocer, más que la necesidad, el gusto genuino de ser al lado de otras personas. Por ahí, pienso, pueden ir los últimos dos tracks.

BETA en el Foro IndieRocks.

Desde que sacaron los sencillos poco a poco, no han parado de agendar tocadas y tachar ciudades de su lista de pendientes. Ahora que el resto del álbum está fuera, es impensable que vayan a bajar la velocidad.

Sé que las letras pueden estar abiertas a interpretaciones. Pero esta es la mía luego de haberme reconocido en algunas de las canciones.

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