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Belafonte Sensacional: “La ternura nos espanta, pero es parte de nuestra identidad chilanga” 

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Belafonte Sensacional tiene un nuevo disco Llamas, llamas, llamas, y también es una “nueva” banda. Al lado del compositor Israel Ramírez están aquellos elementos que ya llevan tiempo: Enrique Álvarez (percusiones), Alejandro Guerrero (armónica y percusiones) y Emmanuel García (trompeta); en el camino, a ellos se han sumado Carlos Bergen (aka Perritos Genéricos, guitarra y producción), Pablo Mendía (aka Aqua Mute, sintetizadores, producción), Apache O’Raspi (bajo, producción) y Emilio Guerrero (batería, videos). ¿Qué sucedió luego de Soy piedra?, ¿qué hay detrás de Llamas, llamas, llamas?, ¿cómo se gestó, a qué impulsos responde? Nos sentamos a platicar con el compositor Israel Ramírez y he aquí algo de lo que nos comentó.

¿Cuánto tiempo se llevó hacer Llamas, llamas, llamas?

Junté varias composiciones, del 2020 al 2023, y la producción nos llevó año, año y medio. Teníamos listo el disco en septiembre de 2024, pero por logística, marketing y todas esas mamadas por fin lo pudimos estrenar. Fue un proceso donde perdí a la banda, se fue el baterista, el guitarrista, el bajista. Reconstruí mi banda. Perdimos amigos, perdí mis dientes, todo eso nos afectó cabrón, cabrón, cabrón.

¿Cómo hiciste para aguantar tanto tiempo? Pareces hiperactivo a la hora de crear.

David, a mí me afectó mucho la pandemia, porque en ese momento estaba yo cuidando a mi jefita y dije me voy a retirar del rock y no me puedo estar moviendo por todos lados porque no quiero contagiarla. Me metí de lleno a mi casa a componer, pero no lo hice de acuerdo a un sistema de producción. El proceso de composición fue muy humano y muy de inspiración. Fui componiendo también de acuerdo a mis pérdidas: perdí a Omar Gutiérrez de Omar y Los Invisibles y le hice una canción, perdí a mi abuelita y le hice una canción. Me sentía triste y adolorido por la demencia de mi jefa que cada vez se me va más lejos y le hice una canción, una canción a la amistad. De eso se fue tratando, no fue un proceso de maquila y de estrategia, fue un proceso honesto de producción. 

Empecemos por el título. Éste se refuerza con la idea de la portada que es como de calcinarse, pero también es imperativo de llamar.  Me parece que estás manejando una doble idea…

Claro, me encanta el juego de las palabras. Estaba buscando algo que tuviera que ver con el duelo, que es el tema principal, y me puse a leer un libro de poesía latinoamericana que se llama Esta triste claridad a ciegas, un libro sobre la muerte en la poesía latinoamericana, y me encontré con eso: las llamas. Después lo repetía y es un llamado, es estar llamándole al mundo, pero también nombrándolo, bautizándolo, y por eso lo triplico. También es una reiteración del fuego, de la renovación, de hacer un llamado al mundo para que nos escuchen.

La portada me llamó la atención porque estás jugando con imágenes de la pintura virreinal e imágenes actuales. Esa portada, ¿es un retrato histórico del país o de la Ciudad de México?

Esa portada la tenemos gracias a la generosidad de dos personas muy especiales, primero el artista Daniel Lezama, que ya trae una carrera desde los años noventa, justo con esas imágenes que has llamado virreinales, pero con una sensación más moderna, yo diría hasta pop. Hay una crudeza, una confrontación y una violencia y una oscuridad muy fuerte en toda su obra; y también de Antonio Calera, quien ayudó a mediar y a contactarme con él. Cuando platiqué con Daniel, me dijo que eligiera una pintura y me encontré con esa figura que es una reunión en torno al fuego.  Y siento que todas esas personas que están allí están muertas, son fantasmas.  Y eso se relaciona directamente con la obra que estoy haciendo, que es acerca de las pérdidas. También se relaciona con una forma de identidad que es importante posicionarla en nuestro disco, decir quiénes somos, de dónde venimos. A lo mejor es reiterativo, tal vez sobra, pero para mí sí era importante decirlo: somos mexicanos, estamos en llamas en este momento histórico. Porque también hay un comentario social en todo el disco, en todo lo que hemos estado viviendo, en todas estas olas de fragilidad y vulnerabilidad. 

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Es un disco que inicia con “Llamas rexio”, y de inmediato adviertes que no tiene nada que ver con Soy piedra. Me parece un experimento medio vanguardista y medio pop, en la onda de Animal Collective…

Qué chido.

En la onda de Panda Bear y me parece como si fuera una invitación, una sinfonía…

Creo que cada canción es un pequeño mundo, como si fuera un libro de cuentos, pero que de alguna forma están unidos, no por una cuestión sonora, sino de temática, y ahí sí concuerdo con tu idea, la de una sinfonía que tiene sus momentos y ciertos sonidos que se van repitiendo en todo el disco y esto tiene que ver con la producción que hicimos dentro del grupo. A diferencia del Soy piedra, donde dejamos a Hugo Quezada trabajar con la música que le entregamos, en este caso fue una labor colectiva, donde fuimos con Santiago y Patricio Mijares a su estudio y nos entregaron una primera mezcla. Como grupo, tenemos un departamento que se llama Laboratorio Los Geranios Adulterados que lo conforman Carlos Bergen, Pablo Mendía, Apache O’Raspie y yo, en donde a esa primera mezcla le hicimos una remezcla, jugamos con el collage y eso fue lo que entregamos como producto final. En “Jovita verano”, por ejemplo, el cello de Mabe Fratti no estaba originalmente, jugando con la idea del collage lo metimos ahí; en “OMI” hay sonidos que nos remiten al primer track, igual en “Todavía DF”, y así en todo el disco.  Todo eso sí, sería una sinfonía remix, una sinfonía del collage.

Si no hay un concepto, a mí me parece que estos cuentos como los has llamado, son un retrato de la ciudad, nos estás invitando a vivir la amplitud de lo que es la CDMX.

Para mí, es esta idea de que si vas caminando por la calle en la CDMX, te vas a encontrar que alguien escucha una cumbia y una salsa con un rocanrol, un ambient, con un shoegaze, entonces quisimos tener ese crisol que nos caracteriza como chilangos, como ciudad. Para mí la CDMX es muchas cosas y entre ellas también es un puerto cultural, un puerto musical, un puerto sonoro.

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Es un disco muy diverso, tenemos desde este interludio que es “Manuel te amo un putero” que es muy lúdico, pero también muy chilango; luego vamos a “Negro soledad” que es un danzón-cumbia rebajada, para después encontrar una rola de amor que es  “Suaves son los días”, que a mí se me hace la más floja del disco.

Fíjate que no es tan floja, lo que pasa es que es tierna. Creo que la ternura nos espanta un poco, pero es parte de nuestra identidad chilanga.  Siento que nos mecemos entre la ternura y lo ñero.

¿Te parece?

Entre la dulzura y la violencia. Siento que sí, nos vamos paseando en eso.

¿Y crees que Llamas, llamas, llamas toca esos puntos, empieza en cero y llega a los 180 grados?

Yo creo que sí intenta exponer esa extrapolarización que vivimos en esta ciudad y es un poco también una provocación, de decirle a nuestros carnales shoegazeros, “a poco no te gusta la salsa, a poco no sientes bonito, a poco no sientes tristeza”. Siento que va un poco por ahí.

Este disco tiene muchas lecturas: la ciudad, el individuo moviéndose en la ciudad, el colectivo moviéndose entre otros colectivos y tratando de abarcar esto que es el DF, tal vez por eso hay un track que es “Todavía DF”.

Pues es una de mis canciones favoritas del disco porque está inspirada en una obra de teatro que escribió Nara Nabel y que dirigió en conjunto con Fernanda Flores; habla un poco sobre la calle, sobre cómo nos han ido arrebatando esa identidad ahora que estamos viviendo momentos de gentrificación. Y eso también me habló a mí y creo que le habla a quienes habitamos y construimos esta ciudad, y por eso también es muy especial, como es especial que le sigamos diciendo DF, no porque la CDMX no nos represente como concepto, sino porque también venimos de un lugar, de lo que significaba DF, de esa frase de haz patria y mata a un chilango y de enfrentarnos a eso. Sigo insistiendo que esta ciudad es como un puerto porque nos llegan cosas de todos lados y nada nos define y lo que nos define es eso: nada o todo.

Lo que pasa es que tú eres un trotacalles.

Alguito.

No sé si trotamundos, pero sí trotacalles, y además eres una persona a la que le gusta retratar cosas.

Me siento cronista, como tú, y en vez de ir escribiendo crónicas voy cantándolas, y mi tema principal es esta ciudad.

Pues claro, es la que vives, la que te ahoga y te pone triste, feliz, borracho, drogado.

La que me madrea también, la que me tira los putos dientes, la que me abraza, la amo y la odio también…

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¿Por qué crees que no nos podemos ir de esta ciudad?

No lo sé cabrón, pero yo a veces sueño con irme, pero cuando sueño con irme también siento culpa y cuando me voy ya quiero regresar. Es que yo sí creo que soy una puta rata de ciudad. No sé qué voy a hacer, la neta no veo mi vida en otro lugar y eso es tanto una bendición como  una maldición.

Alguna vez, al salir de gira, ¿te ha inspirado esa ciudad a la que llegas aunque sea un día, unas horas, para hacer una canción?

Me inspira mucho Tijuana, me gusta  mucho ir a tocar a Guadalajara porque siento que es bien rockera, me inspira mucho. También me inspira mucho Oaxaca porque de ahí es mi madre y siento que tengo un origen, pero nada como este lugar, la verdad. Me inspira lo salvaje y esquizofrénico que es Tijuana, lo rockera que es Guadalajara y mi origen que es Oaxaca, pero esta ciudad me dice cosas que otras no.

¿Qué te da miedo en esta ciudad?

Ahora me da miedo la ola reaccionaria y fascista que estamos viviendo. Durante mucho tiempo hemos sido una de las ciudades más progresistas, más de izquierda. Cuestionamos muchos valores y últimamente siento un aroma más conservador, y eso hay que detenerlo y rechazarlo.

¿Crees que en estos tiempos la música pueda ayudarnos a ser un arma, como en los tiempos de Woody Guthrie, quien traía en su guitarra la leyenda esta arma mata fascistas?

En este momento diría que los destroys, las tocadas, matan fascistas. ¿En qué sentido? En que nos unimos en torno a algo, a una idea, en torno a la libertad de ser. En estos últimos años ha habido un repunte de conciertos neonazis en donde no vemos que llegue el ejército a cancelarlos. Se me hace súper loco. La música sí puede meter ideas y sí puede contrarrestar ciertas realidades, incidir en la realidad.

Voy a hablar específicamente de este disco. Estamos hablando de un tema que no se ha vivido del todo, porque después de estos años traumáticos de pandemia, hubo una reacción natural hacia la evasión, la catarsis, la fiesta, y se nos olvidó tomarnos un tiempo para vivir el duelo, se nos olvidó hablar de la ternura y hablo de la ternura no solo como de una emoción, sino también como un concepto político que puede de alguna forma generar algunos cambios, el cómo nos comportamos como sociedad. Y estamos hablando de que soy un wey moreno, de Iztapalapa, que está diciendo cosas, y en eso también hay un posicionamiento político, pero lo estamos haciendo desde el amor, la comodidad y la rebeldía, y creo que desde ahí ya es importante que estemos viviéndolo, porque le estamos diciendo a la gente que no todo es como lo pinta el mainstream o Tiktok o los grandes medios corporativos, hay otras formas de realidades. 

¿Eso es lo que pinta Llamas, llamas, llamas, una realidad más tangible, alejada de las redes, muy vivencial?

Sí, y esta propuesta de juntarnos, de hacer comunidad. Ese es uno de los mensajes que hemos traído desde hace mucho tiempo y se ve retratado en este disco, sobre todo porque no es un disco que separe; al contrario, une mundos.

¿Por qué decidieron trabajar con los hermanos Mijares?

Hasta en la forma de producción existe este mensaje comunitario. En Soy piedra está la figura poderosa del productor individual; lo que hicimos acá, repito, es más comunal. Santiago y Patricio no produjeron este disco, son parte de la producción del mismo, de la grabación y de una primera mezcla, pero si te enseño esas primeras mezclas te vas a dar cuenta de que es completamente distinto al disco final. También se trató de aprovechar las mentes sensibles que forman parte de este grupo, porque no solo somos músicos y performers, somos artistas y productores. Aqua Mute (aka Pablo Mendía) es uno de los productores de música electrónica abstracta más importante de esta ciudad; Perritos Genéricos no solo toca la guitarra, produce un chingo de cosas y tiene una visión de la producción y de la música muy interesante que tiene que ver con el error, el glitch, el collage, con el situacionismo. Apache O’Raspi nos dio una dirección muchísimo más técnica y de orden. Yo aporté muchas ideas, porque no soy nada técnico, yo vivo en el mundo de la imaginación.  

¿Llegaste con todo el material compuesto o cómo fue la dinámica de trabajo?

Llegué con las canciones compuestas, las hice con algunas ideas base, por ejemplo “Manuel te amo un putero” es una salsa; esta canción de “Negro Soledad” es una danzón rebajado,  bueno, la pensaba como cumbia, pero en el proceso se volvió danzón; “OMI” nació como una canción muy Velvet Underground, yo solito, pero con el grupo se convirtió en un shoegaze muy raro, porque esa canción no era así originalmente, sin querer se rebajó, nos encantó y volvimos a rehacerla y todo  funcionó así. “Llamas rexio”, por ejemplo, es un cadáver exquisito: a todos los integrantes del grupo y a los invitados les daba una emoción y dos minutos para que improvisaran, ya después de esa improvisación fuimos haciendo un collage y así quedó ese track

Tenía la impresión de que este disco era más tuyo y menos de la banda, al grado de pensar en decirte que abandonaras la idea romántica de la banda y te asumieras como solista.

Bueno, yo soy el que ha durado todos estos años que ha existido Belafonte y de alguna forma yo soy Belafonte, pero no me gusta nombrarme solo, sino incluir a la gente que se involucra y sí soy un poco yo, pero también es un poco todos los demás.

Hace un momento dijiste que en “Jovita verano” participa Mabe Fratti, ¿qué no es en “Chris Farley”?

Esa es la participación oficial de Mabe Fratti porque la invitamos a tocar y cantar esa canción, sin embargo, de esos dos minutos que les pedí a los invitados que improvisaran, sin escuchar lo que el otro músico había hecho, generalmente había un tema; el amor, el delirio, el asco, la oscuridad, la luz… entonces Mabe Fratti grabó una sesión de improvisación de la cual extrajimos ese cello que aparece al final de la canción y que la completa de una forma muy bonita. Los otros invitados en el disco son: Pietro Párvulo (guitarra, Teresa Cienfuegos), Jonas Derbez (saxofón, Diles que no me Maten), Camilo Wope (percusión), Henry Moss (percusión), Alejandra de Hermanas, Mariana Mahatma, Joaquina Hertz, Julieta Venegas. de esas sesiones nos sirvió para jugar al collage en todo el disco y “Jovita verano” es parte de eso.

Me llama la atención cómo has logrado establecer puentes entre los géneros, cualquiera pensaría que te podríamos encajonar en el rock urbano por la lírica, pero musicalmente recurres a gente que perfila la vanguardia de este país, ¿cómo surge esto?

Estoy inspirado en este carnal de Akira Kurosawa que decía que un buen guión es una buena película, teniendo un buen guión tienes una buena película, pero con un mal guión vas a tener una mala película. Parto desde el lugar en que la canción, cuando la compongo, tenga un buen guión y de allí pueda irse al lugar que nosotros queramos, danzón, salsa, noise; puede ser muy experimental, spoken word, pop. Partiendo de ahí, nos da la libertad de hacer lo que deseemos y también me interesa juntarme con las mentes que están haciendo la diferencia en este momento en este país.

¿Por qué?

En la música más experimental, en la música de vanguardia, la canción no es un objeto. Se habla de piezas musicales, de obras. Se me hace importante incluir dentro del mundo de una canción popular, de tres acordes, todo ese mundo a nuestra disposición, no siento que estén peleados, siento que son mundos que hay que unir.

¿Así te formaste, mezclando mundos irreconciliables?

Sí, lo que pasa es que como yo no estudié música, aprendí escuchándola y crecí escuchando boleros, pero también norteñas, rock urbano, música clásica y cumbia, todo esa variedad me tocó de una forma muy profunda y mis héroes musicales, pensemos en Bowie, en Beatles, siempre estuvieron, sí, en el pop, pero también en la vanguardia. Eso es lo que me estimula de la música actual o de las cosas que me gustan, que unen mundos, unen literatura, cine, arte visual, poesía. Yo, en dado caso, uno la calle, mi ciudad, y meto mis emociones, mis posturas políticas, creo que todo cabe en la canción.

Porque eres un vaguito sonoro, hay gente de tu edad que no menciona ninguno de los referentes sonoros que has citado en esta entrevista.

Cada quien tendrá su mundo David, hay que escucharlos, investigar, profundizar.

Te podrías haber limitado a hacer el Soy piedra II.

Me pude clavar en el krautrock o en ese tipo de sonidos y repetirlo porque fue un éxito. Más bien vamos a jugar y en el grupo tenemos un juego que viene de otro lado, que nos permite estar con vida y explorar otros sonidos. Otras músicas y posturas nos alimentan no solo en el lado artístico sino también en la parte vivencial, humana.

Pero Llamas, llamas, llamas me parece un movimiento arriesgado, vas a ganar fans, pero perderás a algunos de los viejos.

No, yo siento que perdí fans con mi canción con Julieta Venegas.

Sí, pero la metiste aquí de todas maneras.

La metí a huevo, porque respondemos a nuestra búsqueda, no a quedar bien con la gente. Y eso sí fue arriesgado, pero sentía que mis amigos más rockeros y experimentales no le hicieron caso a “Suaves son los días” porque estaba Julieta Venegas y es una canción bien dulce y tierna y a lo mejor a los que les gusta esa canción ni les gusta “Llamas rexio”. Ganamos y perdemos público, pero no estamos haciendo música para eso, es porque así nos nace, así queremos y así lo vivimos.

En ese sentido es un disco muy honesto.

Muy honesto y hasta te diría que aunque no parece en su hechura, es muy experimental. Escúchalo con audífonos y vas a encontrar cosas muy interesantes. Es muy experimental desde su producción, hasta en decir ahí les va una pinche salsa.

A mí sí me parece experimental y sobre todo desde el lado donde viene enunciado porque no está en el ámbito de la experimentación…

Ajá.

Estás en el mundo de la canción  y se están atreviendo a hacer cosas y eso sí me parece muy arriesgado y por eso la ganancia y pérdida de fans.

No podemos responder a eso, estás de acuerdo David.

Claro.

Es como si dijeras voy a perder lectores porque ahora estoy hablando de Belafonte….

A huevo.

Y no estoy hablando de Hocico.

Eso sí va a pasar (risas).

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¿Alguna de estas rolas te dolió más que otra?

Sí, de las que más me duelen es “Jovita verano”, es una canción a mi jefita. Esa me duele un chingo; “Negro Soledad” es otra canción que me duele muchísimo. La hice primero porque iba a hacerse un disco tributo a los 20 años de Amores perros, pero ese proyecto fracasó; sin embargo, hice la canción desde el punto de vista de quien considero es el verdadero protagonista de esa película, que es el perro de Gael García, que empieza llamándose Coffee y termina llamándose Negro y en medio de eso se vuelve luchador callejero, se muere y revive, y me siento muy identificado con ese perrito, la neta. Siento que Belafonte Sensacional se ha muerto, nos hemos convertido en peleadores callejeros y hemos vuelto a renacer. La hice en un momento bien oscuro de mi vida y de mucha tristeza, entonces si hay dos canciones que me duelen mucho son esas.

Hicimos un desmadre con estas canciones porque las pensamos para que se escucharan en un disco, ahora el proceso es que las estamos remontando y las estamos recreando, entonces muchas versiones suenan distinto a las del disco, por ejemplo en “Negro Soledad” mi voz está rebajada, pero la canción va rápida; “Roca Roy” tiene otro tiempo, por ejemplo. Y eso es muy rico, porque siento que en el mundo de la música todo se soluciona con secuencias para que suene igualito, para que el público no cuestione nada, y nosotros, nel, a la verga, no vamos a hacer secuencias, vamos a reinventarlas para que puedan existir en vivo y tengan una energía que pueda coincidir con la gente que nos ha ido a ver.

Es recuperar la hechura artesanal que alguna vez tuvo la música, el cine

Claro, es música, es algo que nace de una forma bien humana, no queremos que sea una misma experiencia escucharnos en disco que en vivo.

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David Cortés

David Cortés

Escritor, periodista, melómano, escucha insaciable de rock mexicano y del mundo. Tiene la sospecha de que detrás de una buena canción, libro o película, siempre hay una historia de amor.

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