Ana Hernández ,estilista entonces del show televisivo, hoy compositora digital y siempre artista del orden y el desorden visual , predijo hace ya más de una década que la invasión del ecosistema publicitario llegaría hasta la esponsorización de los nombres de las personas.

Aquella distópica visión, tenida en la pre realidad absoluta de las redes, en un tiempo donde todavía la intimidad y el anonimato eran dones recibidos de salida y no necesitaban ser alcanzados con una firme postura parental, parecía resultado de la hoguera del ingenio hedonista en la que fue dicha. Pero como tantas reflexiones de la autora provenía de su sabiduría castellana, atizada por la efervescente vida social de entonces, en la que todo parecía posible.

Esta semana RT recogió la noticia de una pareja suiza que ha puesto Twifia a su hija pequeña, aprovechando la promoción de un proveedor de servicios de Internet, que ofrecía dieciocho años de wi fi gratis al que llamará a un hijo con el nombre de la empresa. La visión de Hernández cumplida a rajatabla.

El jefe de Twifia, Philippe Fotsch, confirmó que su empresa pagará por el Internet de la pareja hasta el año 2038, incluso si la compañía quiebra. “Es una cuestión de honor”, declaró, y añadió que la oferta sigue en pie.

La subversión funciona así, un porcentaje de personas mínimo realiza actos que cambian la vida de todos. El pequeño bautizo para Twifia, será una gran publi ceremonia para la humanidad

En Chile, país laboratorio y academia de la subversión, se han quemado iglesias, así las necesarias reformas económicas y sociales quedan en segundo plano, ocultas tras el fuego que una mano o dos inició.

En los mismos días BBVA México anunció su participación como intermediario colocador en la emisión del primer bono social de género de México por un monto de 3.000 millones de pesos (más de 142 millones de dólares).

El banco acompañó en la financiación a Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) a través del Fondo Especial para Financiamientos Agropecuarios (FEFA) del Gobierno de Mexico.

El blanqueo lingüístico moralista permite que en plana extinción de los fideicomisos públicos dedicados al cine, los periodistas, el deporte, la ciencia, los derechas humanos… en Mexico, esta noticia pase tranquilamente, sin riesgo de polémica, bajo el epígrafe de género y oculte al ojo crítico la lectura de cómo la extinción del fideicomiso ha sido muy precavida con no tocar graneros de maíz y de votos para el actual gobierno a pesar de que los más opacos son aquellos que se pueden atener a la confidencialidad bancaria.

Del campo y su sonido árido trata el brillante disco de Jon Collin & Demdike Stare, Sketches Of Everything.

En cuanto al objetivo, encomiable, de BBVA, de su acción financiadora, sería quizás más eficaz para la sociedad mexicana que esta entidad, y los demás bancos que operan en el país, en sus reuniones para fijar tasas de interés, decidiesen bajar las del crédito sobre nómina del mínimo del 2O% que han establecido. La realidad es que en México por este tipo de préstamo acabas pagando un 4O % más de lo recibido. Eso sí, lo puedes obtener con atender una de las miles de llamadas anuales que a horas intempestivas te hacen saber la suerte que tienes por ser tan buen cliente y poder acceder a un lento pago gota a gota de cuatro años, que acaba por hacer que tú financies al banco. Sin posibilidad de devolución.

Grandes conocedores de los actos subversivos son los ejércitos. Entrenados y educados para reconocerlos, combatirlos y practicarlos. La militarización del espacio público, del que desde esta columna se ha escrito, tiene un capítulo en  la detención del general Cienfuegos en EEUU. Poco que añadir a lo que cientos de columnas han dicho en estos días. Solo señalar la sorprendente incredulidad de muchos opinadores, políticos y compañeros de Armas. Hay una fe Top Gun en lo castrense que va del presidente del gobierno al último implicado en el poder de este continente. Casi compite con la que se le profesa a santos y vírgenes. Pero el ciudadano de a pie desconfía. Cienfuegos fue uno de los más firmes obstáculos en impedir la investigación del papel del ejército en la Noche de Iguala, en un cuartel que desde los años 60 tiene la misión de luchar contra la subversión guerrillera. El catedrático español R. Calduch en su obra La Dinámica de las Sociedades Internacionales define la subversión como una “particularidad de guerra civil”. Países como Colombia o México llevan décadas enfrentando el factor narco, que si bien no quiere cambiar el orden institucional establecido sí pretende debilitarlo para operar de la manera más libre y sobre todo más beneficiosa para sus intereses, doctrina por cierto inventada por el Imperio Británico que aún utiliza el de EEUU. La cifra de fallecidos, la impunidad y la permeabilidad de todos los niveles de gobierno sí plantean un panorama guerra civilista aunque sin dos frentes definidos. El factor común con una guerra convencional es la herramienta de la subversión que en las academias militares del mundo entero se estudia con manuales. Por lo tanto, que un ser humano aplique lo aprendido sobre un panorama de violencia y caos, en beneficio propio, en el que cada día cuenta con más competencias legales, no debería sorprender a nadie.

Una sorpresa solo comparable con la producida por la fugaz prohibición de varias marcas de quesos, cuando el queso es pura subversión para la salud.