En medio de un mar de Festivales, uno tenía que marcar una diferencia grande. El objetivo de los festivales en los últimos años se ha encaminado a crear experiencias más que ofrecer un lineup que convoque a los asistentes. De todo lo que se le tiene que reconocer a Bahidorá, es que ha sabido atraer perfectamente a su público principalmente por la  experiencia y no tanto por el cartel.

Es difícil decir que en un festival de música, lo que menos termina importando es la música, pero así sucede en Bahidorá. Y no está mal. El río, las albercas, las instalaciones de arte crean un ambiente en que los asistentes pueden sumergirse, bailar y escuchar música sin necesariamente estar al frente de un escenario.

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Asistir al Festival es como ir a pasar un fin de semana con tus amigos fuera de la Ciudad, pero con música y la oportunidad de ver a headliners como Blood Orange, Roosevelt y The Field. Aunque debemos decir que, la mayoría de la gente no va por ellos, sino, por pasarla bien.

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Foto: Natalia Tovar

Además de la música, Bahidorá tiene un circuito de arte que crea un ambiente que pocos festivales logran crear. Los escenarios cercanos crean una conexión más cercano con la audiencia que puede bailar a solo unos pasos de quien está en él.

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Intervención del mural de 400 conejos

La gente interactúa con muchas actividades, activaciones, happennings y se siente cercano a lo que está pasando. El acierto de Bahidorá es que cada quien decide cómo disfrutarlo.

Foto de portada: vía Facebook Bahidorá