Es jueves por la noche y hay cierta agitación en la calle. Mañana oficialmente comienza la cuarentena por el Covid-19 y mientras viajo en el pesero que me lleva hacia el metro, pienso en si no habrá sido una pendejada venir a hacerla de maestra de ceremonias pues no tengo ganas de regresar al hospital por andar de valiente. Minutos antes de llegar a mi destino gordas gotas de lluvia se deslizan por los cristales del vehículo.

TXT:: David Cortés

Cuando bajo del microbús se trata de un aguacero en toda la regla. La lluvia me caga, no hay nada mejor que verla desde lejos. Mi contacto me ofrece llamar a Didi para que pasen por mí, pero trasladarme a un punto donde pueda recogerme un automóvil me dejará tan empapado como perro de carnicería, así que mejor le corro, entre vendedores y basura, procurando no tropezar con nadie para no irme de hocico y terminar embadurnado de lodo.

¿Para que salir de casa en medio de un clima como éste?, ¿quién quiere ser MC de un concierto vía facebook? Pinche sentido de la responsabilidad, hay momentos que quisiera mandarlo a la chingada. Pero recuerdo, justo cuando estoy a punto de regresar, que tal vez hoy Barcos D Papel toque esa rola que, entre todas las de su repertorio, es la que más me mola, como se lo hice saber categóricamente  a una regiomontana unos días antes.

Pienso, también, en esa frase tan mentada por estos días: APOYA A TUS BANDAS LOCALES. En un país en donde la demagogia ha sido la bandera, una frase semejante es tan útil como prohibir el contacto en un prostíbulo. 

La lluvia no amaina, pero ya logré entrar a la estación y subo al reumático vagón con la esperanza de que al llegar a la Mortales haya escampado. Hoy, en el Hijo del Cuervo, Barcos D Papel se presentaría en directo; sin embargo, con el anuncio de la cuarentena comenzaron a cerrarse espacios y el antro de Coyoacán fue uno de ellos. Así que el mensaje vía messenger del día anterior fue tan sorpresivo como el sueño en donde Scarlett Johanson dejó a Arturo J. Flores para salir conmigo. “Quieres ser Maestro de ceremonias”. Pues sí, fue la respuesta. Así que ahora, la bebes o la derramas David.

Nunca pensé que hacer un live streaming llevará tanto tiempo, así que en tanto terminaban de dejar todo listo, me ponía de acuerdo con Eduardo, el vocalista de la banda, de mis tareas. Mientras, José Gabriel golpeaba los tambores suavemente, Daniel, con la guitarra al hombro platicaba con el bajista Alejandro y los hermanos Arrellín se quebraban la cabeza para ajustar el audio.

¿Cuántas bandas de rock mexicanas estarían dispuestas a hacer un concierto gratuito, sólo por las ganas de tocar? El Covid-19 no pidió permiso para entrar, cual gatillero en western barato llegó  y abrió la puerta intempestivamente. Entonces todos callaron al escuchar los fogonazos…

No obstante, allí donde parecía que habría silencio, comenzaron a levantarse las voces y otra vez es la música, entre otras artes, la que nos hará sobrevivir en tiempos de incertidumbre. La noche con Barcos D Papel fue tremenda como son la mayoría de sus conciertos; sortearon imprevistos y el sonido estuvo a la altura. Estrenaron tres piezas que me hacen pensar que su cuarto disco estará cerca de ser una joya, aunque sea un EP. Eso se siente de inmediato.

Estos cuatro, sin afanes de protagonismo, entregaron hora y media de su tiempo en vivo, aunque para eso tuvieron que estar prácticamente todo el día en la preparación de la noche. ¿Qué le estamos dando a nuestras bandas, a esas que cuando lo necesitamos están allí, listas a rifársela?

Al día siguiente la cuarentena es oficial, aunque la mayoría de los mexicanos creen que son vacaciones. Pero cuando suena la campana y es hora de fajarse el calzón y empezar a soltar golpes, quienes comienzan a sacar la casta para entretenernos son esos mismos músicos por los cuáles, en tiempos normales, casi nadie quiere pagar un cover

Guardarse en casa no es fácil, pero los acústicos, las sesiones compartidas, los livestreamings que comienzan a aparecer en la red hacen llevadero el encierro. Antes que le tires una tarascada al vecino, esos músicos a quienes haces menos cuando de sus conciertos se trata, se ponen a compartir sus canciones.

Cuando la noche se cierra y la desazón es menor gracias al bálsamo de una melodía ¿te muestras agradecido? Porque no hay una alcancía en donde dejar el diezmo cuando la última nota deja de sonar… Cuando el Covid-19 nos dejé en paz, ¿qué harás?, ¿aprovecharás el momento para retribuir de alguna manera a ese, esa, esos músicos que hicieron de tu confinamiento algo más soportable?, ¿o habrá que esperar una nueva plaga para que recuerdes que la banda local, la que casi siempre no volteas a ver, es la chida y la que necesita de tu apoyo?