¿Cuál es la música de India? La pregunta, justo unos minutos antes de comenzar la presentación de Anoushka Shankar en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM, parece fuera de lugar. Seguro, los aquí presentes, nos hemos reunido para escuachar a una mujer que ha dado a la sitar un influjo de vida y que lleva en su apellido la carga de un legado histórico.

Cuando la luz se apaga, es la indicación de poner fin a los posibles cuestionamientos para concentrarse en ella, quien, vestida de oscuro, tiene la cortesía de dirigirse al público en español —luego lo hará en inglés— y anunciar, rápidamente, que la mayoría de su set se conformará por sus tres EP’s más recientes: Chapter I, II y III.

Después, suelta una atmósfera electrónica de aproximadamente dos o tres minutos de duración; es una alfombra, una colección de texturas preparatoria para el instante en el que ella toma su sitar y abre una puerta a un mundo de sonoridades exóticas, subyugantes, extrañas pero atractivas al oído occidental.
Si la música es un arte capaz de efectuar una conexión con el pasado y el futuro sin necesidad de moverse, ella sabe dónde se encuentra ese detonador.

Esa intro sirve para que sus músicos aparezcan paulatinamente: Sarathy Korwar (batería, percusión); Thomas Farmer (contrabajo); Arun Ghosh, clarinete y teclados. Los cuatro comienzan a delinear un paisaje de brillantes colores y tonos optimistas. Hay paz.
El paisaje cambia, si el sitar inicial anunciaba sacralidad, los cuatro bordan un mundo diferente, afincado en la fusión y los sonidos del mundo; la interacción entre los cuatro fluye delicademente, sin contratiempos y los diálosgos que sostienen Anoushka y Ghosh, por momentos vienen cargados de música klezmer o de otra región del mundo, tal vez de una Inglaterra difusa, de rostro cambiante.

Anoushka, quien aparece en el más reciente álbum de Gorillaz, es más londinense que india; sabe más de Battersea Park que de Calcuta, pero por su sangre fluye una herencia irrenunciable y esta aflora constantemente. Sí, lo suyo, lo que escuchamos, trae la marca de la casa Shankar y hay instantes en los que se hace más evidente —como cuando toca una de las piezas aparecida en el álbum Improvisations, firmado por su padre en 1962— pero en su mayoría se trata de música del mundo de gran belleza y buenas hechuras.
Una gran noche de Anoushka Shankar, tal vez muy breve, pero cuya impronta es de esas dificiles de olvidar. Una noche de música universal.

*También te puede interesar: Kings of Convenience en México: Un clásico en el circuito cool de la CDMX






