Hemos visto muchas cosas en la vida/ Lo prohibido se permite mucho juego”, canta Andrés Calamaro en “Verdades afiladas”, una canción que anticipó la llegada de Cargar la suerte, su decimoquinto álbum, mismo que sale al público el viernes 2 de noviembre, y que lo atrapa en un ida y vuelta entre Argentina y España –donde reside por temporadas-, con una breve estancia en Los Ángeles para grabar.

TXT :: Juan Carlos Hidalgo  |  FOT :: calamaro.com

“El salmón”, nacido en 1961, es un músico de amplia trayectoria y cultura; una figura principal en la galería del rock iberoamericano que también se ha decantado por la escritura y otras expresiones del arte. Conversar con él es todo un reto, tanto por lo mucho que tiene por decir, como por su férrea personalidad. A continuación, les ofrecemos una charla en la que abordamos varias de las intensas pasiones que transitan por su vida diariamente.

No son pocos los escritores –el catalán Enrique Vila Matas, entre ellos- que apuntan que en realidad un artista reescribe una y otra vez el mismo libro. ¿Esto podría aplicarse también a los álbumes y las canciones de un músico?

Respeto a los intelectuales y no voy a discutirle el punto a Vila Matas. Esta metáfora es recurrente, pero… hay cincuenta maneras distintas de grabar un disco. De todos modos, acepto que es posible darle vueltas a una serie de obsesiones personales una y más veces… Pero no siempre es la misma canción, es posible depurar la técnica para no escribir ensimismado en las sensaciones propias… No se habla de canciones de “ficción”, pero es posible escribirlas o intentarlo. Sin entrar en polémicas con los escritores auto referenciales.

Hace muy poco te vimos en un especial de Much Music repasando tu trayectoria y ciertamente no es fácil rearmar un rompecabezas tan complejo; ¿te sentiste cómodo lidiando con la nostalgia?

No recuerdo lo dicho en aquel “especial”, tampoco soy adicto a la nostalgia, pero puedo mirar atrás sin ira. Me gusta recordar, pero presumo de olvidos interesantes.

Con “Verdades afiladas”, como con otras tantas de tus composiciones, tenemos la sensación de que tú y sólo tú podía haberla compuesto. ¿qué tan consciente eres de la fuerte pátina de autor que tiene tu trabajo?

Caramba, cualquiera puede escribir estas canciones. O casi cualquiera. Respeto mucho a los creadores e intérpretes, todos son únicos. Tampoco soy tan previsible con mi obra, no siempre. Tengo distintos tipos de registros… la vanguardia, los sonidos experimentales o resaca del punk, conspiraciones, interpretaciones personales de la Biblia en clave política… abrazo a diferentes géneros y estilos.

Preparas un libro de fotografías taurinas y es bien conocida tu pasión por la fiesta brava; ¿tus seguidores han demostrado empatía para con el resto de tus intereses? ¿Percibes en ellos complicidad razonada y no un fanatismo desbocado?

Ya me gustaría percibir cierta complicidad razonable. La inteligencia es amoral. Es inevitable percibir, entonces, ciertos razonamientos desbocados y falaces en cuanto a la tauromaquia. Percibo la intolerancia, la desinformación y un curioso moralismo exacerbado que resulta delirante pero insistente. Aun así, percibo una ligera tendencia a razonar mejor estas cosas… Quizás en una elite privilegiada del pensamiento.

Las buenas canciones –especialmente las letras- son vehículos catárticos; ¿consideras que con tus composiciones has ayudado a mucha gente a evitar la terapia?

Caramba, no hago terapia, pero tampoco la evité completamente por el hecho de escribir canciones. Dicen que las letras escritas en primera persona son un género “literario” y no es una teoría descabellaba. La primera persona ya no soy yo cuando alguien escucha mis canciones, varias de las cuales están escritas en un lenguaje más críptico que las otras.

Últimamente has hablado mucho de las grandes etapas de tu carrera y tu discografía, ¿cuál es la noción que tienes del Calamaro del siglo XXI? ¿Te sientes cómodo en el siglo o te ha costado entenderlo?

Cuesta entenderlo todo porque los cambios culturales, y comunicacionales, ocurren demasiado deprisa. Grabamos los discos como si existieran los discos de antaño, respetamos la forma de grabar que nos gusta y en la que creemos -que tampoco es una única forma rígida de hacer discos-. Me cuesta entender en que consiste el éxito de un disco hoy en día. Soy un hombre del siglo pasado viviendo en este siglo.

¿Has logrado establecer un comparativo entre cocinar y componer? ¿guardan cierto parecido?

Me gusta hacerlo rápido. No siempre se puede escribir una canción en veinte minutos, pero lo intento.

Cargar la suerte es una frase algo tanguera; ¿Cuál es lalección principal que te ha dado el género para trasladar al rock?

Cargar la Suerte es terminología taurina. Es concreto pero simbólico, es específico, pero también es metafórico. La metáfora de “los aromas de lo auténtico”, de una forma de hacer las cosas. En cuanto al tango, existe el tango y “los tangos”, no es exactamente lo mismo. Los tangos, en plural, son una colección de canciones (un repertorio) imbatible, con complejidad y mucho vuelo. El tango (en singular) responde a una forma de hacer las cosas, a ciertas reglas que pocos innovadores pudieron reformular.

¿Cómo se movió “El salmón” por “La ciudad querube? ¿Recorriste sus barrios, sus bares, o solamente te concentraste en el trabajo de estudio?

El disco lo grabamos en cuatro días para los instrumentos y el canto, y cinco días más para ajustar cosas de la letra y las voces… Tuvimos un día libre, me compré cuarenta y cinco discos y una guitarra buena. Cambié la fecha de mi vuelta para ver una velada de boxeo en el Staples Center. Me di el gusto de ver boxeo en Los Ángeles -¡y a Mickey García! [méxico-estadounidense, campeón mundial de peso ligero].

La leyenda urbana atribuye a Groucho Marx el célebre “Perdonen que no me levante”; ¿en algún momento de tu vida has pensado en crear tu epitafio?

Para la lápida: “Ya les dije que estaba enfermo, cabrones”. Lo más probable es que adopte el epitafio de Brian Jones: “No me juzguen tan severamente”.

Le comentaste a la prensa argentina que si tuvieras que dar un consejo ese sería “Evitar divorcios y vicios caros”. Sin duda, se tiene que vivir mucho y a tope para llegar a tal noción. ¿Esto es así?

Los divorciados tampoco somos una minoría tan acotada… Un divorcio es como un infarto, se puede sobrevivir, pero nunca es una buena noticia. Los vicios caros nunca fueron patrimonio de los músicos de rock. Ni son buenas inversiones ni la forma más infame de pulirse el money.

No te pierdas de las noticias de Andrés Calamaro. Síguelo en su fanpage, IG y TT.