Tras casi nueve años de silencio, Ágora está de regreso con su cuarto Larga Duración, Imperio. Discazo de principio a fin, esta colección de temas muestra a una banda decidida a dar un paso adelante y abordar su música desde una perspectiva mucho más pesada. Desde que sacaron los primeros dos sencillos, “Imperio” y “Coloso”, no quedaba más que frotarse las manos. Riffs contundentes, coros de pandilla, un trabajo espectacular y lleno de pesadez en bajo y batería hacían que el escucha babeara de ansia.

FOT:: Zeus López

Afortunadamente, en esta ocasión los sencillos realmente daban una muestra de lo que vendría. Tal vez “Soy veneno”, el tercer tema en salir para promocionar rompe un poco esa tendencia, se trata de una canción con producción y sonidos más del tipo “metal moderno” que si bien no tienen nada de malo, si es más para gente con otro tipo de gusto musical.

Por lo demás, la banda entregó un disco rabioso, brutal y con una enorme sed de venganza. Y ojo, como lo dijo Nat: “es una banda de instrumentistas”, siempre lo ha sido, y efectivamente el sello dactilar de Ágora está por todo el disco. Es decir, suena a lo que ha distinguido a la banda, aunque con mucho menos teclados. Ahí están los grandes pasajes instrumentales, los impresionantes solos y la característica voz de Nat, pero también están una forma de componer con mucho más apego al riff como estructura básica, con algunas letras bastante apocalípticas y con muchísimos momentos en que no queda más remedio que taconear al ritmo de la música y sacudir la cabeza. Los teclados tampoco se fueron, están presentes y perfectamente balanceados y justificados en temas como “En el nombre de la destrucción”, otro martillazo de brillantez, seguido por una hermosa pieza acústica llamada “190318”, un momento de calma que sirve como introducción a la maravillosa “Coloso”, con un riff brutal en las guitarras, adornado por detallitos y un soberbio y contundente riff en la batería, y cuando una canción empieza así, es casi imposible que se caiga.

“Muerte por vida” comienza con un riff machacante, pesado pero en versión Ágora. Una vez más es la batería la que indica los cambios de velocidad, es tal vez la canción con ambientación más oscura del disco, por momentos un poco más lenta pero pesada, en buena medida por el espectacular trabajo de Daniel Villarreal en el bajo que entiende que no tiene que sonar a Les Claypool, más bien pone un tono oscuro y grave que acompaña la canción, la provee de una sombra densa y la hace brillar de principio a fin.

En la mencionada entrevista, misma que estará disponible próximamente, Nat comentaba que en este disco, como en todos los de Ágora, también hay una balada, es parte del ADN de la banda. En este disco es “Sueño inmortal”, que lleva un maravilloso riff de batería de Lalo Carrillo, con más teclados, con solos de guitarra que acompañan y que seguramente, tocados en vivo, provocarán que más de una pareja se entregue al desenfado físico. 

La tercia final comienza con “Infinito”, una que por momentos recuerda al Helloween, con un tono oscuro también que encaja muy bien en el ambiente general del disco. Luego es momento de “Donde el honor termina”, con su riff tributo a “Blackened”, con otra serie de coros pandilleros y solos ñeros, en el sentido metalero y halagador de la palabra y algunos momentos gloriosos de cuasi blast beats entre batería y bajo. Finalmente “Realidad virtual” cierra los 51 minutos y medio de gloria en formato típicamente Ágora, con pasajes progres, duelos de solos de guitarra sostenidos por la base rítmica y los clásicos agudos en la voz, además de algunos toques en teclado acústico. 

Agora y su Imperio es arriesgado porque no es la fórmula clásica de la banda sin embargo ahí está todo lo que se espera: un brillante trabajo de Manuel Vásquez y Sergio Aguilar, con la novedad de que le entraron a llevar el peso de todo un disco bajo el concepto del riff; está la espectacular precisión de Lalo Carrillo, pero ahora con más tiempo para explorar sonidos más graves en los toms; está el soporte de Daniel Villarreal, sólo que ahora con toques de encabronamiento sonoro que son vitales para el aura pesada del disco y claro, la inconfundible voz de Nat, sólo que ahora cantando algunos versos mucho más sombriós y desesperanzadores.

Cuando salga la versión física, habrá más tiempo de explorar la parte visual, que también sufrió un cambio importante y casi radical en contraste con lo que normalmente ofrecen. ¡Altamente recomendable!