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Agalloch: “Es importante generar una relación espiritual con los fans”

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Agalloch es la palabra en inglés para definir a la madera de agar, también conocida como oud. En el mundo del metal es el nombre de una banda estadounidense que mezcla black metal con doom y folk atmosférico, habla de temas de naturaleza, teología y metafísica y nunca ha estado México. Hasta ahora. Si toda esa descripción parece pretensiosa o aburrida, la mejor manera de sacarse la duda es escucharlos, eso bastará para quitar del medio la idea de que son aburridos. Según Don Anderson, guitarrista, “México es uno de los primeros lugares que dijimos que queríamos visitar en cuanto nos reagrupamos junto con otros países como Australia, donde nunca habíamos estado, porque sentía que teníamos asuntos pendientes”. 

La banda debutará en nuestro país en show exclusivo para Candelabrum Metal Fest, especial por la conexión que él tiene con nuestra cultura, aunque nunca ha estado por estos lares. “No sé mucho sobre México como país, más allá de la enorme influencia mexicana que tenemos en Estados Unidos“, explica Don. Estoy rodeado de una enorme comunidad sudamericana, centroamericana y mexicana. No conozco auténtica comida mexicana, pero he probado la que se hace por aquí. Una de mis salsas favoritas es el mole, he intentado prepararla pero termina siendo una salsa gringa. Cada que puedo, intento cocinar platillos mexicanos, sobre todo porque aquí (Portland, Oregon) consigo auténtica comida mexicana; callos, lengua. Soy totalmente proinmigrante y anti-Trump. Los mexicanos aquí no han hecho más que enriquecer nuestra cultura y sociedad. Así que mi única conexión con México es a través de la gente que conozco. Tengo muchos estudiantes mexicanos, doy clases en la Universidad local y seguido escriben ensayos sobre México, su comida, las familias. Por todo eso tengo muchas ganas de estar allí en persona y vivirlo por mí mismo”. 

La conexión sin embargo va más allá. Al preguntarle qué opina de la tecnología involucrada con la música, por ejemplo plataformas como Spotify o Apple Music, si le gustan, respondió: “Cuando quiero escuchar música en serio lo hago en un espacio específico con un reproductor de CD y un tocadiscos. No miro el teléfono ni hago otra cosa, simplemente escucho, y si pongo un disco lo escucho completo, le doy la vuelta, veo la portada y leo las letras, tal cual como lo hacía de niño. Si salgo a correr o voy manejando aprovecho el streaming, sobre todo porque los coches ya ni siquiera tienen reproductores de CD. Mis alumnos de 18 y 19 años piensan principalmente en canciones, temas individuales, lo cual tampoco es nuevo, así era cuando salían sencillos de 45 RPM. Está bien que la gente haga listas de reproducción; a veces me preocupa que sea una experiencia de escucha pasiva, pero sirve para descubrir nuevas bandas”.

“Las listas de reproducción son la manera en que descubro bandas”, prosigue el músico; “escucho algo que me gusta, entonces checo las bandas que están relacionadas, lo que me da el algoritmo, aunque nada supera ir a una tienda de discos y comprar un álbum porque tiene una portada genial, o porque el tendero está escuchando algo que no conoces y llama tu atención. Por ejemplo, hay una banda mexicana de rock progresivo llamada Iconoclasta. Nunca había oído hablar de ella, pero estaba en una tienda de discos, viendo portadas y vi un álbum y pensé: esto tiene que ser rock progresivo. Lo busqué en la red y la sorpresa: era una banda mexicana. Fue un gran hallazgo, es un disco genial. Llegué a casa para escucharlo enseguida y es maravilloso. Pero es algo que nunca habría buscado porque no sabía que existía, ¿sabes? Y fue en ese proceso de checar una portada genial y llevarte el disco”. 

Agalloch es una de esas bandas que tiene miembros repartidos por diversas ciudades. Eso complica un poco la parte de ensayar y componer, aunque esto último tiene remedio gracias a internet y la facilidad de mandar y recibir archivos. Así suelen componer él y John Haughm, vocalista y guitarrista. Para él es una situación interesante porque “en los primeros cuatro discos, ninguna de las canciones fue ensayada antes de grabarla. Las creamos más bien en el estudio y luego tuvimos que aprender a tocarlas como grupo, lo cual fue fascinante porque te hacía revisitar, repensar y reescucharlas. Porque además en vivo no tenemos pistas pregrabadas, solo dos guitarras, bajo, voz y batería. Eso es todo. En los discos podemos tener diez guitarras, varias voces pero en general tratamos de mantener el sonido lo más fiel que se pueda a la experiencia en vivo, y eso es parte de la diversión. Es parte del desafío”. 

Para todo esto suele ser necesario tener un sello discográfico, aunque cada vez son menos las bandas que se alían con ellos. “En mi caso diría que me cae bien Eisenwald (sello alemán especializado en black metal) y por eso trabajamos con éste. Lo bueno de tener un sello discográfico en 2025 es que, ya sabes, Agalloch no es un trabajo de tiempo completo, yo soy papá y trabajo como profesor, así que no tengo tiempo para las relaciones públicas. Ni siquiera puedo ocuparme de las redes sociales. Un sello puede encargarse de todo ese trabajo extra para que podamos centrarnos en componer y tocar. Ahora es fácil para las bandas ser completamente independientes, pero eso significa hacer mucho trabajo no musical, y eso para mí no es interesante; prefiero dedicarme a la música, tocar y componer. En Agalloch cada uno tiene su propio rol: John se encarga del diseño gráfico, yo de las finanzas y los impuestos, Jason (Walton, bajista) de las redes sociales; las únicas funciones adicionales que tenemos. Añadir más sería demasiado y nos distraería de la música”. Una explicación interesante y un tema que tiene mucho que ver con la dificultad de trascender para las bandas mexicanas, aunque esa es otra historia.

Una pregunta divertida porque suele ponerle una sonrisa en el rostro al músico en cuestión tiene que ver con el recuerdo de la banda o el disco que les hizo entrar en el mundo del metal. Hay un puñado de bandas que suelen aparecer como referencia, pero en ocasiones nacen respuestas improbables. Don es un ejemplo de esto. “Ah, sí, fácil, Twisted Sister con ‘We’re not gonna take it’. Vi el vídeo en MTV a altas horas de la noche. Pensé que era lo más genial que había visto en mi vida: un niño rebelándose contra sus padres. Yo tenía una buena relación con los míos, pero aun así era genial que este chavo no se dejara intimidar por los suyos. Luego la banda aparece y se apodera de la casa, y la canción es súper pegadiza. El tema me introdujo al hard rock y al heavy metal. A partir de ahí descubrí a Ozzy Osbourne, Dio, Cinderella e incluso Mötley Crüe y Stryper. Pero fue hasta que escuché a Yngwie Malmsteen que decidí que quería tocar la guitarra. Gracias a él me obsesioné con la guitarra. Y entonces solo escuchaba a guitarristas: Steve Vai, Satriani, Eric Johnson, Stevie Ray Vaughan, de todos los estilos. Lo escuchaba a él, a Alan Holdsworth. Y luego escuché a Metallica con …And justice for all. Fue lo más genial. Era pesado, pero técnico y melódico. Y a partir de ahí la cosa no paró. Slayer, Sepultura, bandas de Earache Records, Relapse Records, y finalmente el black metal”. Además, esto lo platicó con un entusiasmo tal que cuesta trabajo no remitirse a la historia propia y sentir nuevamente esa emoción de la primera vez que uno escuchaba una banda con magia.

Si alguien se le acercara y dijera que va al Candelabrum y quiere  ver a Agalloch pero no sabe nada de la banda y le pregunta por dónde empezar, ¿qué le diría? “Recomendaría nuestro segundo disco, The mantle, o nuestro tercer disco, Ashes against the grain. Son muy diferentes. Así que probablemente le preguntaría al curioso qué otro tipo de bandas le gustan, si le gusta la música rápida, lenta, ambiental, cinematográfica o la que va al grano. Con esa información podría dirigirlo a algo de nuestro catálogo que le podría gustar. Mis canciones favoritas de Agalloch y que considero nos resumen mejor, son ‘In the shadow of a pale companion’, ‘Not unlike the waves’, ‘A ghost in the wind and fire’ y ‘Dark matter gods’. Todas tienen nuestras señas de identidad”. 

Finalmente, Agalloch debutará en México en un festival. ¿Le gustan este tipo de encuentros? “Disfruto poder conocer bandas. Es genial codearse con gente a la que admiras desde hace mucho tiempo. Además, los festivales tienen fans de diferentes géneros que se unen en un mismo espacio y a mí me gusta la diversidad, que quepan muchos estilos distintos. Hace poco tocamos en el Fortress Festival y estoy bastante seguro de que fuimos la única banda con un pedal wah-wah o, ya sabes, un amplificador Fender Twin. Simplemente no somos como esas otras bandas con blast beats constantes. Somos diferentes y me gusta, como la banda cabeza de ese cartel que nos precedió el día anterior, 1349, somos completamente distintos. Para mí es importante generar una relación espiritual con los fans, conectar con ellos, saludarlos de mano y darles un abrazo. Eso suele ocurrir en estos festivales más pequeños”. Ciertamente, y es una cualidad importante en Candelabrum, las bandas salen y se mezclan con la gente.

Finalmente, en cuanto a la posibilidad de grabar algo nuevo, aseguró que lo están abordando poco a poco, “porque sé que nos vamos a cansar de tocar las mismas canciones una y otra vez, ¿no? Vamos a necesitar material nuevo. Así que creo que, inevitablemente, haremos otro disco. Aunque es una idea intimidante porque sería el disco de regreso de la banda”. La banda estuvo en paro desde 2016 hasta 2023, pero está de regreso y por fin visitará México.

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Luis Jasso

Luis Jasso

Le dicen “Chico Migraña”. Es periodista, locutor, columnista y promotor. Es también responsable de la Wacken Metal Battle México. Le gusta todo lo que tiene que ver con el metal y le apasionan el soccer y el americano.

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