Las previsiones de los gestores públicos, su capacidad para acertar en los  pronósticos y en los ajustes sociales en base a éstos, son un auténtico desatino. El mal manejo de la pandemia y sus consecuencias a nivel global lleva a la opinión pública  terráquea a dudar de sus gobernantes. Algunos incluso esgrimen  barrocas teorías de control por parte de eficaces organizaciones secretas, olvidando que un secreto deja de serlo en cuanto es compartido y que para vigilar a estos conspiranoicos exhibicionistas online solo hay que entrar en sus canales de YouTube.

El ejercicio estadístico de muertes por Covid nos sirve a los ciudadanos como examen a las administraciones. Los mismos personajes que erran con medidas de salud pública toman decisiones en seguridad, economía o relaciones internacionales. Se mire como se mire estamos en sus imprecisas y humanas manos.

Hay firmas en oficinas de gobierno que al otro extremo de las plumas tienen cañones de fusiles. La militarización del espacio público, de la sanidad, del control de nódulos de comercio, de la lucha contra la delincuencia organizada, sin duda responde a un cálculo, a un análisis, y por lo tanto a un vaticinio de resultados por tomar semejante decisión, la de dar a los militares la función que solo les corresponde en tiempos de guerra, estados de emergencia o en regímenes totalitarios. Por qué solo en estas situaciones jurídicas se produce la militarización. es debido a la propia naturaleza de la institución castrense, sea del país que sea. Los hechos sucedidos en Nuevo Laredo muestran una vez más para qué está entrenado el ejército. El Gobierno 4T parece hacer suyas las palabras de un personaje de la novela Los Relámpagos de Agosto de Jorge Ibargüengoitia: “Nosotros los revolucionarios verdaderos, los que sabemos lo que necesita este México tan querido, seguimos siendo una minoría”. Unos pocos  iluminados olvidan que las armas y el progreso social no son buenos amigos y que a la mayoría de los ciudadanos, como dijo esta semana un humorista español al diario El País, no les gustaría  “vivir un momento histórico”, con la pandemia vamos cubiertos al respecto.

Hoy en México, entre los más desfavorecidos, el narco no solo es un camino de ascenso económico y social. Gracias a episodios como el de Nuevo Laredo, la delincuencia, también es una vía mística de enfrentamiento contra un estado represor y asesino en pos de una supuesta lucha contra la corrupción que muchos ven como la única puerta accesible para una vida mejor.

La mosca a cañonazos que se combate en México es un mercado ilegal, en el Mediterráneo acecha una oscura sombra sobre la paz mundial por un negocio legal, el energético. Tras más de un mes de escalada bélica la situación entre Grecia y Turquía no solo no mejora, sino que tanto dialécticamente como presencialmente, la guerra cobra protagonismo. El pasado 19 de agosto llegó a la isla griega de Creta el Hershel Woody Williams. Esta base flotante de EEUU coincide en la zona con los navíos rusos también desplazados por el Kremlin para monitorear la crisis greco turca. Hoy 26 de agosto, tropas navales italianas, francesas, chipriotas y griegas, realizan maniobras conjuntas frente a las costas turcas, lo que ha subido una raya el tono dialectico del gobierno de Ankara, el presidente Erdogan describió la situación el lunes de “caos”, culpando a Grecia de ello.

La prospección del fondo marino en busca de petróleo y gas por parte de Turquía, en aguas que Grecia reclama como suyas, es el motivo de tanta tensión. Las costas de Turquía, pasando por la costa de Egipto, recorriendo Israel y el Líbano, hasta llegar y rodear a la isla de Chipre, son muy ricas en gas y petróleo. Una riqueza que según el Servicio Geológico de Estados Unidos “podrían satisfacer la demanda de energía regional y europea durante décadas”. La histórica disputa de Turquía con Grecia por Chipre y otras áreas marítimas, convierte la carrera por los recursos en un polvorín. Para comprender la magnitud del asunto hay que ubicar el reciente acuerdo entre Israel y Emiratos Árabes Unidos. Hace dos semanas EAU estableció vínculos diplomáticos con Israel, tercer país árabe que lo hace, y firmó un acuerdo de cooperación económico y político. Cerca de Israel, en Libia, el territorio está partido en dos, una zona de influencia de Emiratos,  y otra turca e iraní. La guerra entre estas dos facciones libias ya es un hecho. Dos ejes se han establecido en una franja que va desde el Mediterráneo hasta Irán, el conformado por iraníes y turcos, frente al establecido por Israel y EAU. Estados Unidos apadrina el nuevo eje judío-árabe que tiene como enemigo común a los chiíes que gobiernan en Irán e influyen en Yemen, Irak, Siria, Libia y Líbano, todos estos países ya sufren conflictos bélicos.  China y Rusia mientras tanto son socios prioritarios de Irán y vigilan con atención lo que pasa hoy 26 de agosto en las aguas de Turquía y Grecia.

Hay dos cosas en común en todo este jeroglífico geopolítico que va tomando una forma espectral, digna del nuevo disco de Andre Bratten.

Noble Energy International, empresa petrolera estadunidense, fue oportunamente comprada el pasado julio por el gigante Chevron, corporación muy acostumbrada a tomar parte por un bando en conflicto como hizo en la Guerra Civil de España, apoyando con petróleo a Franco, o patrocinando estudios que exhortaban a la invasión de Irak antes de asumir el control de sus campos petroleros. Pues bien, Noble Energy International, es la propietaria  de la mayoría de los campos de gas y petróleo mediterráneos en asociación con empresas griegas, israelíes, chipriotas y egipcias, países con intereses enfrentados a los turcos.

El otro factor común, en este caso en todos las naciones implicadas, es tener líderes de los cuales ya hemos comprobado su fiabilidad gracias al Covid. Firmar y afirmar es mucho más fácil que cumplir lo firmado o expresado, así que mejor que en lo dicho y en lo suscrito no vaya incluida una ametralladora Browning M2.

 

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